Cada 30 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Esta fecha, establecida en 2010 por la Asamblea General de la ONU, nació para honrar a quienes desaparecieron sin dejar rastros y para exigir memoria, justicia y acciones concretas en todo el mundo. Es un recordatorio doloroso y urgente de la dimensión humana y social de un crimen que hoy sigue vigente.
¿Por qué se conmemora este día?
La ONU instituyó oficialmente este día el 21 de diciembre de 2010, con la resolución A/RES/65/209, justamente en reconocimiento a la magnitud global de las desapariciones forzadas y como llamado a la acción de los Estados. La fecha, 30 de agosto, ya era parte de la memoria colectiva gracias a la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAM), fundada en Costa Rica en 1981, que impulsó su reconocimiento internacional
El propósito central es promover la memoria, la justicia y que los países adopten medidas efectivas para prevenir estos crímenes y proteger a las familias afectadas
La realidad de las desapariciones
Las desapariciones forzadas fueron un método de terror típico de dictaduras latinoamericanas, pero hoy se replican en contextos violentos y de conflicto en múltiples regiones. Organizaciones como el Comité de ONU siguen registrando miles de casos y denunciando la impunidad global
En México, el Gobierno reconoce una cifra superior a 127 000 personas desaparecidas, con más de 5 600 fosas clandestinas, 72 000 cuerpos sin identificar y un índice de impunidad que alcanza el 99 % Otras fuentes señalan más de 111 916 desapariciones desde 1962 mientras que datos recientes estiman que más de 111 000 personas siguen desaparecidas y sus familias siguen clamando respuestas.
Las desapariciones devastan emocionalmente a las familias, sumiéndolas en la incertidumbre, desolación y repetido trauma. La lucha por saber dónde están los seres queridos se vuelve una búsqueda de identidad, justicia y dignidad frente a gobiernos ausentes o represivos.
Desafíos y obstáculos
- Impunidad estructural: enormes barreras para lograr justicia, investigación eficaz o sanciones. En México, el Comité contra la Desaparición Forzada ha advertido sobre patrones “generalizados y sistemáticos” de desapariciones.
- Fallas en registros oficiales: el Registro Nacional de Personas Desaparecidas carece de metodología clara, datos demográficos desagregados y participación de familiares, lo que subestima las cifras reales.
- Retos en la identificación: la crisis forense, con miles de cuerpos sin identificar, reflejan falta de recursos y coordinación institucional
- Riesgos para las familias buscadoras: quienes exigen respuestas enfrentan amenazas, violencia e incluso muerte
La lucha por la memoria y la justicia
- María Herrera Magdaleno (“Doña Mary”), activista mexicana reconocida por Time entre las 100 personas más influyentes del mundo, fundó un colectivo tras la desaparición de cuatro de sus hijos. Su liderazgo ha inspirado una red con miles de familias en búsqueda de verdad
- Colectivos como las “Madres Buscadoras de Sonora” o las “Rastreadoras” de Sinaloa han protagonizado búsquedas comunitarias intensas, localizando fosas, cuerpos o pistas, enfrentándose con valor a la adversidad
La ONU, mediante el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas y el Comité correspondiente, ha hecho recomendaciones detalladas sobre búsqueda, registro, justicia, protección a familiares y reforma legal en México y otros países
Cómo apoyar y actuar
- Participar en campañas y conmemoraciones (marcando el 30 de agosto, difundiendo información, exigiendo justicia).
- Exigir leyes y políticas públicas efectivas, como protocolos de búsqueda homologados, bases de datos genéticos, protección para buscadores y justicia expedita.
- Apoyar emocionalmente a las familias, visibilizando sus historias, en redes, con documentos, o acompañado en marchas y vigilias.
- Apoyar institucionalmente y desde la sociedad civil, con recursos, voluntariado, formación y presión pública.
Héctor Aparicio, quien durante ocho años buscó incansablemente a su hijo desaparecido en Veracruz, hoy también es buscado tras su propia desaparición. Su historia representa la esperanza y el peligro de una lucha que no termina: “Las familias, organizadas en colectivos, enfrentan violencia y ataques… la comunidad está en alerta mientras siguen esperando justicia”
El 30 de agosto, Día Internacional de los Desaparecidos, nos convoca a reflexionar sobre un crimen que vulnera lo más humano: el derecho a la existencia, a la dignidad, al reconocimiento. En un mundo donde la impunidad persiste, esta conmemoración exige memoria, justicia y acción.
La vida humana, la verdad y la solidaridad son supremas. Honrar a los desaparecidos implica transformarnos, fortalecer el Estado de Derecho, defender la legalidad con valores profundamente mexicanos—amistad, familia, comunidad. La lucha sigue, y cada voz, cada paso, nos acerca a un mundo donde ninguna desaparición quede sin nombre, sin justicia, sin memoria.
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