El milagro de Bolsena
José Martínez Colín .
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Para saber La fiesta del Corpus Christi fue instituida por el Papa Urbano IV. Uno de las causas que le motivó fue el llamado "Milagro de Bolsena". |
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En ese preciso momento vio, atónito, cómo los corporales sobre los que se celebraba la Eucaristía se empapaban de la sangre de Cristo. El corporal es un lienzo de lino blanco sobre el que se coloca el cáliz y la patena que contienen la Sangre y el Cuerpo de Cristo respectivamente. Todos los presentes también presenciaron el milagro y estaban estupefactos. Al terminar la ceremonia decidieron llevarle los corporales al Papa Urbano IV que se encontraba en Orvieto. Desde entonces, en este lugar, se pueden observar los corporales manchados de sangre. El famoso artista Rafael Sanzio pintó en el Vaticano un fresco dedicado a este milagro, conocido como "La Misa de Bolsena". Para pensar El pasado jueves, el santo padre Benedicto XVI celebró la Santa Misa con motivo de la Solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Después presidió la procesión eucarística que recorrió varias calles de Roma. En la homilía se refirió a la importancia que tiene en nuestras vidas adorar al Santísimo, a nuestro Señor Jesucristo. Al arrodillarnos, todos nos ponemos al mismo nivel: "Estar en un silencio prolongado ante el Señor presente en su Sacramento, es una de las experiencias más auténticas de nuestro ser Iglesia, que se acompaña en modo complementario con la celebración de la Eucaristía, escuchando la Palabra de Dios, y acercándose juntos a la mesa del Pan de vida. Comunión y contemplación no se pueden separar, van juntos", concluyó. El Papa señalaba que para comunicarse verdaderamente con otra persona hay que conocerla, saber estar en silencio cerca de ella, escucharla, mirarla con amor. El verdadero amor y la verdadera amistad viven siempre de esta reciprocidad de miradas, de silencios intensos, elocuentes, plenos de respeto y veneración, de manera que el encuentro se viva profundamente, de modo personal y no superficial. De manera similar nuestra adoración al Señor nos lleva a contemplarle en silencio y mirarle con amor. Nuestra comunión sacramental ha de estar preparada por el coloquio de la oración, por nuestra contemplación en la adoración. De ese modo será más fructífera. Pensemos si dedicamos unos momentos de nuestro día para estar, escuchar y mirar a nuestro Señor. Para vivir Nuestra vida transcurre en relación con los demás, especialmente con quienes amamos. Por ello es natural que nos comuniquemos con ellos. Si amamos al Señor, lo más natural también será que nos comuniquemos frecuentemente con Él. Tal vez nos podemos pensar que no sabemos cómo orar. San Josemaría nos aconseja: "¿Que no sabes orar? Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: 'Señor, que no sé hacer oración!...', está seguro de que has empezado a hacerla" (Camino 90). |









