Hispanoamérica, la voz del Espíritu
Carlos R. Astudillo Constantino .
|
…no existe un solo latinoamericano, desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos, que no sea heredero legítimo de todos y cada uno de los aspectos de nuestra tradición cultural… Esa tradición que se extiende de las piedras de Chichen Itzá y Machu Picchu a las modernas influencias indígenas en la pintura y la arquitectura. Del barroco de la era colonial a la literatura contemporánea de Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. Y de la múltiple presencia europea en el hemisferio-ibérica, y a través de Iberia, mediterránea, romana, griega y también árabe y judía- a la singular y sufriente presencia negra africana. De las cuevas de Altamira a los grafitos de Los Ángeles. Y de los primerísimos inmigrantes a través del estrecho de Bering, al más reciente trabajador indocumentado que anoche cruzó la frontera entre México y los Estados Unidos… |
||
|
||
La palabra clave para entender la cambiante y dúctil identidad hispanoamericana se llama mestizaje. Hispanoamérica es una región del mundo donde múltiples procesos políticos, económicos, religiosos se llevaron a cabo con diversos grados de integración, fusión, adopción, adaptación, selección y negación. El mestizaje étnico no fue por cierto tan relevante como el mestizaje cultural, que marcó un perfil de características comunes a mexicanos, colombianos, argentinos, costarricenses, peruanos y chilenos. Religión y lengua emergen como hilos conductores en medio de un mosaico de diferencias específicas de pueblos y comunidades asentados en selvas y llanos, praderas y pampas, altiplanos y llanuras costeras que marcan la grandiosa geografía hispanoamericana. Historias particulares que engarzan una historia regional, en la que se van perfilando los rasgos esenciales de una identidad que se construye permanentemente a partir de su herencia multisecular. Del hogar primigenio, África, a las tierras bañadas por el Nilo, el Tigris y el Éufrates, el Indo, el Huang Ho y el Yang Tsé. De las islas helénicas a las ciudades del Lacio, a la Roma milenaria, la Cartago indomable, la Hispania visigótica, judía y árabe, el congelado puente de hielo en Alaska, las llanuras interminables de Norteamérica, los ríos fecundos del Golfo de México, los lagos amables del altiplano nahua, las selvas impenetrables de los mayas, las cordilleras andinas, el llano venezolano, la Amazonia inconmensurable y las desoladas rocas de la Tierra de Fuego. Somos una misma gran familia. Hemos formado culturas y civilizaciones que prosperaron y se derrumbaron, pero las más de las veces, se mezclaron, combatieron y amaron, y al final desaparecieron después de contribuir al legado cultural de la humanidad. Celebrar nuestras múltiples raíces indígenas y europeas, africanas y asiáticas, es darnos la oportunidad de atisbar el futuro de esta parte del mundo. Estamos llamados como hispanoamericanos a dar frutos de nuestra herencia cultural, y por ello hace mucha falta el conocimiento y la conciencia de nuestra valía, para aspirar a ser lo que debemos ser. Graves problemas, vicios y defectos tienen nuestros sistemas políticos económicos y sociales, que se convierten en anclas que detienen el progreso de nuestros pueblos. Identidad y memoria son esenciales para que las naciones tengan futuro y trascendencia. Si por la raza habla el Espíritu, que sea la raza humana la que se manifieste a través del Espíritu en Hispanoamérica. El autor es director del Centro de Cultura Humanística |








Comentarios
Los invito a visitar mi sitio web www.hispanoamericaunida.com, que defiende el proyecto político de la reunificación de la América de habla española como un solo país, un solo estado soberano, para emerger por fin como gran potencia y poder tener vos y voto en un futuro mundo de gigantes. Sólo esta unidad traerá proesperidad y fuerza a esta Nación que estuvo unida tres siglos durante la época indiana, y fue un formidable Poder en el mundo, luego fragmentado artificialmente en 18 repúblicas débiles por el imperialismo anglosajón