Yoinfluyo.com, la gota de la Solidaridad
Fernando Sánchez Argomedo .
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En la naturaleza humana está cifrado un maravilloso y espectacular encuentro con nosotros, en particular la sorprendente capacidad de autodeterminación, que por increíble que parezca, poco nos detenemos a admirar y que nos convierte en una especie muy especial, capaz de construir civilizaciones, explorar desde el mundo de las partículas más pequeñas hasta el universo mismo. |
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El mensaje genético heredado por nuestros padres configuran a la persona humana desde el mismo momento de la concepción, un hecho irrefutable y cada día mas comprobable por la ciencia. Hombre o mujer, que emanan ambos de una célula aportada por el varón, espermatozoide y una aportada por la hembra, óvulo. Versa el primer libro de la Biblia, el Génesis 1, 26-28 así: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó". Es imposible desvincular el hecho biológico de la intervención divina, escrita e inspirada por Dios miles de años antes de que el ser humano comprendiera la concepción y el desarrollo embrionario. En éste mismo mensaje Dios deja claro esa especialísima diferenciación de la especia humana entre las demás: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra." Gen 1, 26-28. Esa capacidad de autodeterminación y auto-reflexión, preciado tesoro que llamamos libertad, no es más que ese toque divino que configura nuestra naturaleza, de tal forma que nos convierte en seres particulares con una dignidad muy especial, la dignidad humana. Esa capacidad de poder comprendernos, entendernos y profundizar en ello, así como la comprensión y estudio de nuestro entorno, conlleva la gran responsabilidad que comienza por valorarnos a nosotros mismos en lo general y en lo particular y en consecuencia cuidar de todo aquello que nos rodea, respetando la naturaleza de lo creado y cuidándola como parte del patrimonio que heredaremos a los que se quedan. Efectivamente somos responsables de nosotros mismos como especie humana, responsables de nuestra sobrevivencia y responsables de nuestra calidad de vida y dignidad. Todo esto que está grabado en nuestro interior, forma parte de nuestro ADN y de aquello que nos anima (el toque divino como hijos de Dios) que se manifiesta en nuestro comportamiento, forma parte de nosotros, es parte de nuestra supervivencia y de nuestra felicidad. Ahí desde éste interior, nuestro corazón -no en un sentido biológico meramente sino en un sentido trascendente-, emana la compasión por el más necesitado, la preocupación por las necesidades de los otros, la urgencia de salvar vidas cuando ocurren catástrofes, el respeto a los demás, el deseo de alegrar y dar esperanza y en un paso más sublime, trascendente y pleno, el deseo de dar pero en primera persona, es decir darnos... todo esto es lo que llamamos SOLIDARIDAD. En el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica se indica que la solidaridad "expresa en síntesis la exigencia de reconocer en el conjunto de los vínculos que unen a los hombres y a los grupos sociales entre sí, el espacio ofrecido a la libertad humana para ocuparse del crecimiento común, compartido por todos." (CDSC-194) En este sentido, la solidaridad es una manifestación humana, que existe en la medida en que es vivida, practicada en relación a los demás y es indispensable que sea algo que se manifieste no en ocasiones esporádicas sino como parte de nuestra vida, es decir que sea un hábito constante y con ello una virtud en potencia. De ahí que podamos considerar a la solidaridad como una virtud social. "La solidaridad se eleva al rango de virtud social fundamental, ya que se coloca en la dimensión de la justicia, virtud orientada por excelencia al bien común, y en ‘la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a ‘perderse’, en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a ‘servirlo’ en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10,40-42; 20, 25; Mc 10,42-45; Lc 22,25-27)’ " (CDSC-193). Para que la solidaridad sea vivida con mayor plenitud se requiere comprender mejor nuestro entorno, las problemáticas vividas por los demás, sus necesidades. De la misma forma se necesita analizar y comprender el sentido de las políticas públicas y las demandas ciudadanas que deben estar orientadas al bien común. En este sentido yoinfluyo.com es un lugar de partida que invita a la reflexión y ayuda al entendimiento de nuestro entorno, para que en consecuencia, podamos actuar de forma solidaria ya sea sumándonos a la llamada de la sociedad a través de los grupos de la sociedad civil (cuerpos intermedios) o en un trabajo más personal, influyendo en los demás ayudándoles a entender la importancia del respeto a la dignidad del ser humano, la cual se debe cuidar en cada ámbito de la vida en la tierra, expresada también en el derecho, las leyes y el ejercicio en el poder. No podemos dejar atrás la importancia de una adecuada formación en el núcleo familiar primer lugar en el que los seres humanos aprendemos a ser solidarios. Por otra parte, yoinfluyo.com se hace solidario con las necesidades de los demás, siendo eco de los llamados y ayudando a reflexionar para poder actuar. En yoinfluyo.com estamos convencidos de que el planeta necesita dar un giro importante, que no podrá generarse si los Estados no deciden actuar en beneficio de la dignidad de la persona humana, lo cual no podrán hacer si los líderes no actúan y deciden con ese criterio y los líderes no son más que miembros de la comunidad en cuyo centro está la persona humana. La transformación de la cultura no comienza del entorno hacia la persona, comienza en la mente y el corazón humano, que debe alimentarse de buenos contenidos y de profundas reflexiones. Es así -como con una gota de agua que con la constancia y persistencia puede hacer un hoyo en una roca- que yoinfluyo.com va día con día a la mente y al corazón de las personas, para que por convencimiento propio, decidan actuar y cumplir con el llamado interno de la solidaridad. El autor es Presidente Ejecutivo de yoinfluyo.com |







