Su memoria usualmente, rebasa varios miles de gigas. Recuerda todo. Los cumpleaños, las citas que jamás anotamos, el material que olvidamos para la junta de directores, las cortesías oportunas con clientes, proveedores y compañeros de trabajo.
Yo sostengo que es falso que Dios les haya dado 5 sentidos. Me parece que les dio un poco más de 23. Son capaces de intuir y visualizar 3 metros luz más adelante que cualquier gerente. Ven a través de las paredes y por ello pueden identificar el estado de ánimo de su jefe, desde la forma en que estaciona su vehículo.
No requieren leer el horóscopo ni el tarot “para dar en el clavo” con un tip o alguna sugerencia que la planeación estratégica es incapaz de conceptualizar.
Su sonrisa y su voz constituyen la más efectiva de las terapias cuando todo parece marchar mal y el mundo está a punto de caerse sobre nosotros. Ellas son capaces de entender y comprender los momentos obsesivo-maniaco-depresivo-compulsivos de su jefe.
Para organizar nuestra agenda, Dios las dotó con una habilidad especial que las transforma en una especie de Oráculo griego. El grado de omniciencia de una Secretaria, hace posible desarrollar mecanismos de previsión tales, que las hace capaces de adelantarse –en tiempo y espacio- para avisar que llegaremos “unos minutitos” con retraso, como si tales “minutitos” tuviesen una notable reducción de “segunditos”.
Sabe con exactitud que el primer cafecito del día tiene que ser intravenoso, porque de lo contrario todo se vuelve ininteligible sin este proceso elemental.
Ciertamente, la habilidad de liderazgo y la competencia profesional de cualquier directivo en nuestros días, son garantía apropiada para alcanzar resultados exitosos. Las Secretarias, son simple y llanamente, la mejor llave para lograr niveles de Excelencia.
El Libro del Génesis nos revela los trabajos enormes que Dios realizó durante los días de la creación. Y aún cuando no se describe, me parece que fue por eso mismo que Dios tuvo a bien generar la iniciativa…. Y así creó a las Secretarias.