|
Si afirmas, porque afirmas. Si niegas, porque niegas. Si te limitas a dar opiniones, porque no te pronuncias. Si preguntas, porque buscas enredar a los oyentes. Si respondes, porque eres un fanático que presumes de poseer la verdad absoluta.
Hagas lo que hagas, el espÃritu crÃtico caerá sobre ti. Su único deseo es contradecirte. No hay escapatoria: si has empezado a dialogar con él, estás perdido.
Desde luego, el espÃritu crÃtico no actúa asà con todos, pues de lo contrario le resultarÃa imposible vivir en sociedad. Selecciona a sus "adversarios", y a esos no los deja descansar. Emplea lo mejor de su inteligencia para preparar flechas con la que contradecir a sus "vÃctimas". Tras una aparente escucha, arremete con minuciosidad y argucia contra todo lo dicho por el otro.
Ante personas asÃ, casi resulta inútil medir las propias palabras. Uno está, simplemente, condenado al desprecio y la derrota, si asà lo ha decidido el espÃritu crÃtico.
No todos llegan al radicalismo aquà descrito. Hay ocasiones más tranquilas, como cuando el espÃritu crÃtico se limita a un argumento concreto o hacia tal o cual persona, grupo o institución. En esos casos, los crÃticos actúan con normalidad en muchos temas, pero lanzan su ofensiva dialéctica hacia los blancos predeterminados. Son crÃticos selectivos, a veces por temporadas, y según motivos más o menos concretos.
Entonces, ¿vale la pena argumentar con alguien asÃ? Depende. Si no existe ningún atisbo de buena voluntad, cualquier esfuerzo por ofrecer un razonamiento más o menos elaborado será inútil: el espÃritu crÃtico saltará a la yugular sin compasión...
En cambio, si hay aunque sólo sea una pequeña posibilidad de apertura de mente y de corazón, será posible, al menos, sembrar el terreno de confianza y benevolencia, que son indispensables para que inicie un intercambio de opiniones constructivo, sereno y enriquecedor para ambas partes.
Twitter: @Yoinfluyo
|