La pobreza no se justifica, es inaceptable

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Desde un punto de vista panorámico, hablar de economía es hablar de desigualdades, es hablar de ricos y pobres, es hablar de trabajo y una justicia desigual. Hay en verdad en nuestro mundo una llamada al desánimo, sin embargo, existen caminos quizá de buena intención para mejorar estos tiempos –el mejor de los tiempos posibles para nosotros, el único que tenemos—ante el cual hemos de buscar cada uno una esperanza de calidad de vida,  o mejor, una vida de calidad.

Para comenzar al hablar de economía y en especial del trabajo es preferible la claridad. Así, trabajo significa  “todo tipo de acción realizada por el hombre independientemente de sus características o circunstancias; significa toda actividad humana que se puede o se debe reconocer como trabajo entre las múltiples actividades de las que el hombre es capaz y a las que está predispuesto por la naturaleza misma en virtud de su humanidad” 1.

En la época moderna, desde el comienzo de la era industrial, la verdad cristiana sobre el trabajo debía contraponerse a las diversas corrientes del pensamiento materialista y economicista.  Para algunos autores de tales ideas, el trabajo se entendía y se trataba como una especie de ‘mercancía’ que el trabajador –especialmente el obrero de la industriavende al empresario, que es a la vez poseedor del capital, o sea del conjunto de instrumentos de trabajo y de los medios que hacen posible la producción.

La interacción entre el hombre de trabajo y el conjunto de instrumentos y medios de producción, ha dado lugar al desarrollo de diversas formas de capitalismo –paralelamente a diversas formas de colectivismo—en las que se han insertado otros elementos socio-económicos como consecuencia de nuevas circunstancias concretas, de la acción de las asociaciones de los trabajadores y de los poderes públicos, así como de la entrada en acción de grandes empresas transnacionales

A pesar de todo, el peligro de considerar el trabajo como una ‘mercancía sui géneris’ o como una anónima fuerza necesaria para la producción (se habla incluso de “fuerza-trabajo”) existe siempre, especialmente cuando la panorámica  de la problemática económica está caracterizada por las premisas del economismo materialista.

Una ocasión sistemática y, en cierto sentido, hasta un estímulo para este modo de pensar y valorar está constituido por el acelerado proceso de desarrollo de la civilización unilateralmente materialista, en la que se da importancia primordial a la dimensión objetiva del trabajo, mientras la subjetiva –todo lo que se refiere directa o indirectamente al mismo sujeto de trabajopermanece a un nivel secundario 2.

Existen claramente razones para el desánimo. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) acaba de anunciar que Honduras y México fueron los únicos países latinoamericanos que registraron incrementos en sus porcentajes de pobreza entre 2009 y 2010. El informe apuntó que en el bienio 2008-2009 la pobreza en México se ubicó en 34.8 por ciento, mientras que en 2010 llegó al 36.3 por ciento y la indigencia pasó de 11.2 por ciento a 13.3 por ciento en ese lapso.

Y en el ámbito mundial, el periodista y doctor en Derecho Carlos Soria 3 describe que:
* Una parte de las tierras cultivables puede desaparecer. Existirá una progresiva degradación de las tierras laborables como resultado de técnicas agrícolas abusivas. Se acentúa la desertización de antiguas áreas fértiles como consecuencia de los incendios, a veces provocados. Creciente contaminación ambiental, los mares son tiraderos de productos radiactivos, gases neurotóxicos, etcétera.

* Crece la desproporción en el reparto de las riquezas del mundo; se acentúan así las diferencias entre ricos y pobres, entre cultos e incultos y el abismo Norte – Sur se hace profundo.

* Se multiplican en todas direcciones y prácticamente en todas las sociedades, múltiples formas de pobreza tan graves o aún más que la pobreza material o económica: negación o limitación de los derechos humanos; asfixia de la libertad religiosa; marginación de millones de personas en la tarea colectiva de construir su propia sociedad; sofocamiento de la iniciativa social en materias económicas; consolidación de un horizonte humano alérgico a toda trascendencia; difusión en suma, de un modelo antropológico unilateral, reductivo y hasta profundamente sórdido, sin esperanza ni destino, sin finalidad ni libertad conquistada.

* Sigue la destrucción masiva de seres humanos, el hecho más grave y brutal de nuestra historia reciente cuyo costo social se hará progresivamente dramático.

Pero lo más triste en todo esto es : ¿cómo superar la pobreza?

El crecimiento económico no reduce la miseria, hay muchos obstáculos en el camino a la hora de transformarlo en mejoras importantes en la existencia humana.  Si la sociedad es muy desigual, se reduce la posibilidad de que penetre en los estratos más bajos. Eso es lo que ocurre en México y en el mundo actual cuyos grados de desigualdad han sido calificados de “groseros” en los informes de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y tildados de “disparidades hirientes” en la última Encíclica de la Iglesia Católica.  El 20 por ciento más rico de la población mundial tiene más del 80 por ciento del producto bruto, el comercio de las exportaciones, las inversiones y más del 90 por ciento del crédito. El 20 por ciento más pobre, menos del 1 por ciento.

Las grandes desigualdades bloquean el desarrollo económico pero además impiden que se propague entre los más desfavorecidos. Hay sociedades con el mismo grado de riqueza, pero en unas a la gente le va mucho mejor que en otras, porque hay mayor igualdad entre las clases. La cuestión central es cómo alcanzar un crecimiento inclusivo, en el que quepan todos, porque según los economistas, este es el único camino para obtener un desarrollo sostenible. Las economías más exitosas de años recientes como las nórdicas y algunas del sureste asiático, han apostado muy fuerte por sus ciudadanos.

La pobreza no puede ser justificada. La FAO informó que en el 2008 se produjo la segunda mayor cosecha de la historia, pero en ese mismo año y según Acción Internacional, cinco millones de niños murieron de hambre.  Los pobres no son los responsables de vidas con hambre, sin agua y sin electricidad. Hay desigualdades abismales y deficiencias fundamentales de organización social. La cuestión del hambre no sólo es una cuestión de producción de alimentos (cuanto mayor, mejor), sino también de acceso a los mismos y de equidad. En realidad no hay ganadores y perdedores. Con estos grados de exclusión somos todos perdedores. Se debilita la cohesión social y se crean situaciones conflictivas que generan violencia y sociedades enfermas.

Cuando a los pobres se les pregunta en las encuestas qué es lo que más les duele de su situación, la respuesta es sorprendente. Se quejan de las carencias, de la falta de ingresos y de que sus hijos no pueden terminar la escuela primaria, pero lo que les genera más dolor es “la mirada de desprecio”Sienten que amplios sectores de la población les observan como a una especie inferior, seres de baja categoría, subhombres y submujeres o que, en el mejor de los casos, se les trata con compasión.

Uno de los grupos más discriminados es el de los jóvenes en situación precaria, pero los pobres son seres humanos iguales a todos. Perciben la mirada degradante. Por algo, cuando se les interroga sobre las organizaciones que más valoran, sitúan en primer lugar las que crean ellos mismos como las organizaciones indígenas de campesinos pobres o de habitantes de zonas marginales urbanas. En esas agrupaciones el trato es horizontal y ellos son los actores, recuperan su imagen humana.

El Continente Latinoamericano tiene un tercio de las aguas limpias del planeta, algunas de las mayores reservas de materias primas estratégicas en su subsuelo, fuentes de energía barata, posibilidades de producción agropecuaria y una inserción agro-económica privilegiada. Sin embargo, más de un tercio de su población está por debajo de la línea de la pobreza (189 millones), mueren 30 niños de cada 1,000 antes de los 5 años, frente a 3 de Suecia o Noruega. Perecen 90 madres por cada 100,000 nacimientos, frente a 6 en Canadá. La pregunta es ¿por qué tanta pobreza?

La razón principal es que es la más desigual de todas las regiones. El 10 por ciento más rico tiene más de 40 veces lo que el 10por ciento más pobre, frente a 10 en España y 6 en Noruega. Hay fuertes desigualdades en ingresos, acceso a la tierra, a la salud, a la educación y al crédito, y ahora, a las nuevas tecnologías. La región produce alimentos para tres veces su población. Sin embargo, el 16 por ciento de los niños padecen desnutrición crónica. En el 20 por ciento más pobre sólo uno de cada 3 jóvenes termina la secundaria y sólo uno de cada 100 accede a la universidad. La desigualdad genera las llamadas “trampas de pobreza”.

El señor Ary Kahan, miembro del Foro Económico Mundial nos dice que en la base de los esfuerzos para encontrar soluciones  se encuentra no sólo una obligación moral, sino también la necesidad de eliminar una amenaza real de estabilidad mundial como lo hacen evidente las recesiones económicas globalesQueda claro además que la asistencia oficial ha sido dilapidada por malas inversiones, corrupción y en el mejor de los casos, sólo ha aliviado momentáneamente los síntomas más obvios de la miseria, sin revertir ni modificar sus condiciones estructurales.

Sin rodeos preguntémonos entonces: --¿Qué es el hombre?—

Para contestar a esta pregunta, me dirijo al autor más influyente del ‘management’ y ‘ecologista social’ Peter Drucker quien contesta a esta pregunta diciendo que “el hombre es el único animal apto para evolucionar conscientemente y que tiene también la capacidad para inventar herramientas. Innovando, el hombre se anticipa, controla y gobierna el cambio”4.

En sintonía con esto, dos tendencias por decirlo así y de mucha actualidad, son el neoliberalismo y la globalización.

La corriente más importante de la tradición neoclásica es la llamada “escuela monetarista” encabezada por Milton Friedman, principal representante del neoliberalismo, quien defendió el liberalismo clásico económico y la filosofía del ‘laissez faire’ y rechazó la teoría keynesiana de la política fiscal o tributaria para postular en cambio el uso de la política monetaria como un medio de lograr un crecimiento sostenido de la economía.

La investigadora Araceli Damián (COLMEX)5, nos dice que con el establecimiento del modelo neoliberal en los 70s se sustituyeron las leyes de sociedadesEstado por las ‘leyes’ sin autor del mercado.  Gracias al juego de estas leyes se sustrajo el capital al del poder de la política y los estados-nación se debilitaron. Por tanto se produjo:

  • Desvalorización de la fuerza de trabajo y reducción de beneficios
  • Insuficiente generación de empleos a nivel mundial
  • Aumento del consumo de familias a través de endeudamiento
  • Concentración monopólica de bienes de capital
  • Debilitamiento de instituciones democráticas
  • En México, falta de dinamismo económico; elevada volatilidad financiera, aumento de desigualdad y pobreza.

En México del 2008 al 2010, sólo el 20 por ciento de nuestra población tiene cubiertas sus necesidades. 2009 fue el año de mayor impacto de la crisis (CONEVAL).

Miguel Santiago Reyes6 nos amplía lo anterior al decir que uno de los saldos, tanto de los inicios del neoliberalismo (privatización, desregularización y apertura) como de la crisis de los 80s fue la formación por un lado, de empresarios mexicanos con poder económico mundial y por otro lado, de asalariados mexicanos cuyo poder de compra era 65 por ciento menos de lo que podían comprar en 1976.  Esto dirigió al país inevitablemente a una profundización de la desigualdad económica y social: mientras 10 por ciento de los hogares más pobres en 1984 les tocaba repartirse el 1.49 por ciento del producto nacional, para 1994 esa proporción se hacía más minúscula al pasar al 1.16 por ciento.  En cambio, 10 por ciento de los hogares más ricos, que en 1984 se apropiaban del 37.07 por ciento de la riqueza nacional, en 1994 habían pasado a apropiarse del 44.78 por ciento.

En cuanto al tema de la globalización, el doctor Enrique De La Garza Toledo7 afirma que en el nivel de los procesos de trabajo, no todos se han automatizado e informatizado al unísono, hay diferencias ramales y espaciales.  “Los modelos de producción  --tecnología, organización, relaciones laborales, calificaciones de la mano de obra, culturas del trabajo y de las gerencias, endeudamiento productivo—no se han igualado globalmente y es difícil pensar que lo harán en el futuro por la complejidad diversificada de los diferentes espacios en lo económico, político, sociales, culturales, nacionales, regionales, de empresa. En el mundo globalizado coexiste la más alta tecnología con automatización e informatización, mano de obra muy calificada, altos salarios y prestaciones, que procesos intensivos de mano de obra poco calificada, salariosprestaciones de subsistencia con gran desprotección (Hdez., 2006). En el mismo país hay empresas con el más alto nivel de informatización globalizado (CEMEX en México) coexistiendo con ‘toyotistas’ precarias (la mayoría de las maquiladoras) (De La Garza, 2005) y un mar de micro y pequeñas empresas tradicionales”.

El doctor de la Garza alienta a que en este contexto hay que retomar la iniciativa, empezando por la reivindicación del trabajo como una actividad clave para las personas y no sólo porque les permite sobrevivir –a pesar de las predicciones del fin del trabajo, la mayoría de los habitantes de este planeta vivimos de trabajar sea en forma asalariada o no--, sino porque potencialmente puede ser un espacio de realización de los hombres por el que habría que luchar.

En el tránsito entre trabajo para la subsistencia solamente, que puede prestarse a múltiples arbitrariedades y ‘precarizaciones’ por parte de los empleadores y el trabajo como realización, una mediación puede ser el conquistar un ‘trabajo decente’ como lo define la OIT.   Nos dice además que la base de la riqueza y el bienestar es el trabajo. El trabajo puede ser articulador de relaciones sociales, pero no cualquier tipo de trabajo, sino precisamente un ‘trabajo decente’.

Me parece interesante mencionar que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha desarrollado una agenda para la comunidad del trabajo por medio de la puesta en práctica del Programa de Trabajo Decente que a grandes rasgos tiene cuatro objetivos estratégicos:

  • Crear trabajo, 2) Garantizar los derechos de los trabajadores; 3) Extender la protección social; 4) Promover el diálogo social.

Esto para poner en evidencia las propuestas para reducir la pobreza y dar esperanza a los trabajadores pobres del mundo.

En Ginebra, Suiza se reunieron del 3 al 5 de junio, 2010 líderes del mundo y organizaciones como la ONU, ECOSOC, FMI, DMC, el Banco MundialUNCTAD, OIT, para encontrar soluciones al creciente “déficit de trabajo decente” que impide a cerca de 1,400 millones de personas elevar a sus familias por encima del umbral de la pobreza de 2 dólares al día y mantiene atrapados a cientos de millones más incluyendo un número significativo de jóvenes en el desempleo.

Frente a estas posibilidades optimistas, el investigador De La Garza nos dice que si los trabajadores y sus organizaciones  no logran pasar de la pasividad a la actividad y no solo como resistencia para continuar con los mismos modelos productivos que pueden ser económicamente incompatibles con el trabajo decente, sino principalmente ofreciendo alternativas de reconversión empresarial y en las relaciones industriales y políticas laborales de los Estados, es posible que predominen los cambios ‘precarizantes’  sobre el trabajo decente. El trabajo decente en este contexto puede ser visto como un parámetro para una posible vía alta de desarrollo.

Sin embargo, en el mundo globalizado cualquier estrategia que se acuñe por los sindicatos en las dimensiones mencionadas difícilmente prosperará sin una visión internacional.

Hasta aquí hemos visto que el crecimiento económico del que tanto se habla, no reduce la pobreza sino que hay desigualdades abismales y deficiencias fundamentales de organización social.

Muchas veces, para justificar la pobreza, se le echa la culpa a las víctimas. El argumento es que los pobres carecen de ambiciones, no se esfuerzan, no estudian, actúan de forma irracional. Pero la realidad hace derrumbar este mito:  hay 1,400 millones de personas en el mundo que viven en pobreza extrema (menos de 1.25 dólar diario);  casi la mitad del género humano son pobres (menos de 2 dólares diarios).  Entonces vemos con claridad que no son las malas decisiones individuales las causas reales de la pobreza, sino que se debe a las graves insuficiencias estructurales que las llevan a esos resultados.

Se ha creído muchas veces que la ayuda humanitaria es una soluciónPero en realidad este es un falso dilema ya que este “ayudar” no proporciona el trabajoque es lo que se necesita. La pobreza es un complejo de ataques a la dignidad humana.

Los economistas convencionales se equivocan cuando abordan temas como el paro o el desempleo como una mera pérdida o falta de ingresos.  La falta de trabajo vulnera las aspiraciones más básicas del ser humano.

Un estudio de la Universidad Rutgers en E.U.A. acerca de los ciudadanos desempleados mostró que el 68 por ciento estaban deprimidos, el 61 por ciento se sentían inútiles y el 55 por ciento estaban muy enojados; en el 58 por ciento de ellos, el desempleo estaba afectando a sus relaciones familiares.

Y en México, los salarios reales de los últimos años no cumplen con los derechos laborales establecidos en la Constitución ni en las leyes secundarias que de ella emanan.  La pérdida del poder adquisitivo del salario, en lugar de beneficiar, ha impactado severamente la economía mexicana generando bajos niveles de consumo y ahorro de las familias mexicanas, un débil mercado interno y más importante aún, bajo crecimiento de la economía.

El resultado es que, siguiendo las cifras oficiales, más de 14 millones 437mil personas se encuentran marginadas sobreviviendo con el equivalente a un salario mínimo diario de $58.22 pesos, o mensual de $1,746.00 pesos.

Nos corresponde a todos finalmente contestar con honestidad como miembros de esta sociedad:  ¿Qué hacen estas personas para sobrevivir?  ¿Qué comen?  ¿Dónde y cómo viven?  ¿Cómo afecta eso no sólo a su nivel de vida, sino el entorno social de todo un país?8
Se requiere por tanto, de una estrategia económica en el país que reduzca eficazmente las brechas sociales y  el pauperismo social.

Se necesita además de políticas públicas enfocadas hacia las prioridades reales de la población y el apoyo a las mismas por parte de empresas socialmente responsables y una sociedad civil movilizada por la solidaridadTodo esto podría mejorar la difícil vida de gran parte de la poblaciónPero todavía queda un largo camino por recorrer.

@yoinfluyo

Fuentes

  • Delgado de Cantú, Gloria M.  México. Estructura Económica y Social. (2ª Ed) Pearson, Prentice Hall,  2003
  • De La Garza Toledo, Enrique.  Investigación La Importancia del Trabajo Decente en el Contexto de la Reestructuración Capitalista Actual.   Conferencia, Noviembre 2011.
  • Damián, Araceli. Investigación Crisis, Empleo y Pobreza. Conferencia, Noviembre, 2011
  • Dieterlen, Paulette.  La Pobreza. Un Estudio FilosóficoFondo de Cultura Económica. UNAM 2003
  • Drucker, Peter. Landmarks of Tomorrow.  Harper & Row, N.Y. 1957
  • Llano Cifuentes, Carlos.  La Creación del EmpleoPanorama, 1995
  • López, María XelhuantziPerspectivas Progresistas. Friedrich Ebert Stiftung, Octubre 2011
  • Reyes H. Miguel S. Análisis PolíticoFriedrich Ebert Stiftung. Noviembre, 2011
  • Revistas ISTMO.   Anotadas en referencia.
  • Doctrina Social de la IglesiaLa Dignidad del Trabajo. Dimensión Subjetiva y Objetiva del Trabajo.
  • EncíclicasLABOREM EXERCENS ,  DEUS CARITAS EST.

1 Encíclica, LABOREM EXCERSENS
2 Ibidem.
3Revista ISTMO Año 40 No. 244. La Aventura de la Sobriedad Solidaria, pág 36
4Drucker, Peter.  Landmarks of Tomorrow. Harper & Row, N. Y. 1957.
5Damián, Araceli. Investigadora COLMEX. Crisis, Empleo y pobreza. Conferencia Friedrich Ebert S., 22 Nov. 2011
6Santiago Reyes, Miguel. Análisis Político. Los Salarios en México. Friedrich Ebert Stiftung, Nov. 2011
7Dr Enrique De La Garza T., Profesor e Investigador del posgrado en Estudios Laborales,  Universidad Autónoma Metropolitana.
8Santiago Reyes, Miguel Análisis Político.  Friedrich Ebert Stiftung, 2011


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