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Uno de los grandes temas que el ser humano aspira controlar es el futuro. Es legítimo el deseo de parir un hijo sano, con capacidad para desempeñarse con soltura y llegar a ser una persona íntegra, por su manera de actuar y de resolver los asuntos que le competen.

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Uno de los grandes temas que el ser humano aspira controlar es el futuro. Por eso, desde los tiempos más remotos, tenemos noticias de diversas formas para conseguir datos: en los astros, en la naturaleza, en productos artificiales como la lectura de cartas o el café, e incluso por recursos sobrenaturales como el espiritismo.

Pero, sin recurrir a esos artificios, todas las personas quisiéramos saber qué sucederá, y así buscar medios para contrarrestar los inconvenientes y conseguir lo favorable.

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El proceso de la maternidad no queda al margen de estas tendencias. Es legítimo el deseo de parir un hijo sano, con capacidad para desempeñarse con soltura y llegar a ser una persona íntegra, por su manera de actuar y de resolver los asuntos que le competen.

También, para solventar las dudas, no faltan personas que con base en la experiencia, afirman hechos, y los difunden por medio de frases más o menos atractivas, más o menos ciertas. Y así se va conformando una "sabiduría popular", que algunas veces confunde. Por ejemplo: cuando se dice que si una mujer está embarazada y sufre de estrés tendrá un hijo hiperactivo.

En esta sabiduría popular sí hay algo de cierto, pero no sucede siempre ni en todos los casos. Por eso, conviene tener en cuenta las múltiples variables que la investigación científica nos ofrece, para evitar falsas expectativas.

Las características de un hijo por nacer dependen de varios factores, unos intrínsecos y otros extrínsecos. Los primeros dependen de la carga genética. Allí se expresa la diversa proporción de la herencia por la línea paterna y por la línea materna. Y, con el paso de los años se manifestará como un modo de ser básico. Es el temperamento.

Los factores extrínsecos son muy diversos. Pueden afectar el aspecto biológico, como la ingestión de productos adecuados o inadecuados para la salud. Puede ser una buena alimentación, también puede ser una intoxicación de nicotina o de alguna otra sustancia, con las respectivas consecuencias.

Otros factores pueden afectar el aspecto psíquico. Sería el caso de la influencia del estado de ánimo de la madre durante la gestación. Aquí cabe el estrés, la tristeza profunda ante un suceso doloroso, la sensación placentera ante una buena noticia… Cada una de esas circunstancias puede dejar una huella más o menos profunda según sea la intensidad y la duración.

Entonces, si la carga genética del bebé es de un alto contenido de emotividad, y la madre está sometida a grandes retos laborales que asume con mucho vigor, el niño tenderá a la hiperactividad, independientemente de que su madre llegue a sentir un enorme cansancio por el trabajo realizado y por el natural desgaste del embarazo.

Si el bebé tiene una herencia de poca sensibilidad y la madre le trasmite una gran vehemencia, es probable que el pequeño aumente su sensibilidad pero no llegará a ser hiperactivo.

Por tanto, las generalizaciones en el campo predictivo de la vida humana, pueden confundir y provocar falsas expectativas. En este terreno, es muy importante ser prudente pues cada biografía merece un enorme respeto.

 
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alopezde@up.edu.mx

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