Ellas cambian el mundo ¡por uno mejor!

Ayer se celebró el Día Internacional de la Mujer, una fecha que, sin duda, es de gran relevancia en la lucha por la equidad de género. Lucha que, por desgracia, a veces pierde el rumbo y olvida lo esencial de sí misma.

El 8 de marzo representa la oportunidad perfecta para reflexionar sobre los avances en materia de equidad de género (que van más allá de la conmemoración de un día) y sobre las oportunidades reales que la mujer ha venido ganando a lo largo del tiempo. Sirve también para resaltar las carencias con las que millones de mujeres aún viven y para denunciar la injusticia de la que son víctimas.

Pero sobre todo, el 8 de marzo sirve para reflexionar sobre el papel de la mujer en la sociedad actual y para hacer un balance de la lucha que por años ha venido peleando. En nuestros tiempos, esta lucha es, por muchos, mal entendida: es banalizada o llevada al extremo, hasta perder su esencia y olvidar que, en muchas partes del mundo, la mujer aún es considerada un animal doméstico, un objeto.

Sin embargo y en medio de todo el ruido que rodea a la mujer, existen quienes, con su testimonio, nos colocan de nuevo en el camino para seguir andando lo mucho que nos falta.

Hablo de mujeres que, con su ejemplo de vida, nos muestran la importancia que la igualdad entre hombres y mujeres tiene, no sólo porque impacta la vida de ellas, sino porque les permite contribuir a cambiar este mundo por uno mejor.

Ejemplo de estos testimonios, recogidos por el periodista argentino Hernán Zin en la serie “Mujeres que cambian el mundo”, son el de Gloria Company y el de Alison Saracena.

La primera de ellas, Gloria Company, dirige desde 2008 la asociación de Cooperación para Afganistán (ACAF) y, a través de un centro de atención en Herat, ayuda a mujeres que se han autoinmolado, incidiendo a la vez en el núcleo familiar.

Gloria ayuda a las mujeres afganas que han intentado suicidarse a no dejarse vencer y a seguir viviendo para construirse un futuro mejor, esto a través de la recuperación física y las terapias de grupo.

Por su parte, Alison Saracena, originaria de Estados Unidos, fundó en Calcuta, India, una escuela de informática, de nombre “Uddami” (que en bengalí significa “alcanzar tus potenciales”).

A través del centro educativo, Alison ayuda a niños de comunidades pobres a adquirir conocimientos en informática para que puedan conseguir trabajo y ser autosuficientes, abriéndose así puertas en el mundo que antes no habrían pensando.

Testimonios como el de Gloria y Alison hay varios, sólo que no son muy conocidos, pues se opacan entre aspectos sin importancia.

Sin embargo, es primordial saber que todos los días y en todos los lugares existen mujeres que, a pesar de sus limitaciones, buscan influir positivamente en su mundo, a la vez que van tomando el lugar que merecen (que es el mismo del que goza el hombre) –uno de los casos más recientes, es el de las mujeres que han tomado un papel protagónico en las revueltas de Oriente Medio–.

Así, hay mujeres que se convierten en el mejor ejemplo a seguir, en la mejor parte de una lucha que se defiende a sí misma con su esencia, y que va más allá de la exclusividad de un vagón en el transporte público o el reconocimiento de su papel en un día, pues busca un cambio que permanezca todo el tiempo.

 
mmendez@yoinfluyo.com

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