Insensato el Festival Olímpico del Bicentenario

Los días 8, 9 y 10 de octubre recién pasados sirvieron para recordar el caos vial que durante meses ocasionó el famoso "megaplantón" organizado en 2006 por Andrés López y sus secuaces, que mantuvieron a la Ciudad de México partida en dos, con la complacencia y complicidad del gobierno de la Ciudad de México, bajo la responsabilidad de integrantes del Partido de la Revolución Democrática.

En esta nueva ocasión, además del ya permanente caos vial causado por la simultánea operación de obras como la construcción de la línea 12 del Metro y la 3 del Metrobús, hubo que sumarle el cierre, durante tres días completos, de tres importantes tramos del paseo de la Reforma, desde la Torre Mayor hasta la Glorieta de la Palma y de las calles transversales entre el Circuito Interior y la Avenida Chapultepec.

A estas decisiones tomadas por los directivos de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) hay que sumarle la ineptitud de los responsables de la vialidad en la ciudad, quienes brillaron por su ausencia, que hubiera sido valiosa para disminuir el caos originado por la falta de información “in situ”.

Treinta y dos escenarios diferentes para otras tantas disciplinas deportivas fueron instalados en la avenida Reforma, suponiendo que atraerían a más de un millón de aficionados para contemplar a los atletas que harían sus ejercicios atléticos. Se publicaron cifras del presupuesto de gastos, que varían de 100, a 80 millones de pesos.

Se instalaron depósitos de agua para la natación, por ejemplo: fosa de ocho metros de ancho por cuatro de profundidad para clavados y una alberca semiolímpica con paredes de casi tres metros de altura, así como todo tipo de pistas e instalaciones para 30 especialidades deportivas diferentes. Desde ejercicios inofensivos hasta los de alto riesgo como tiro con arco y flechas, pistolas y rifles de distintos calibres.

El sentido común lleva a preguntarse: ¿para qué existen las instalaciones deportivas adecuadas como lo son las albercas olímpicas de Río Churubusco y División del Norte y la de la Ciudad Universitaria con gradas perfectamente diseñadas para una óptima visibilidad y comodidad de los espectadores, en un número mayor a los de las improvisadas instalaciones callejeras?

¿Para qué existe el Palacio de los Deportes de la Magdalena Mixhuca, con todas las comodidades, tanto para deportistas como para espectadores? Ello no implica gastos de instalación y remoción con premura de horas extra de trabajadores que tienen que instalar y desinstalar en la noche.

Además, ¿cuál fue el objeto de este espectáculo deportivo? Todo esto implicó pagos altísimos a figuras como el nadador estadounidense Michael Phelps, quien cobró 100 mil dólares por su presentación, que dejó de ser visible a los asistentes en el momento en que ingresó a la alberca artificial sobrepuesta a nivel de calle y que sobrepasaba el nivel de visibilidad de los asistentes.

Cabrían muchas preguntas más sobre este llamado Festival Olímpico del Bicentenario. Lo que sí queda claro es que cuando se pierde el sentido de las cosas, del tiempo y del espacio, surge lo que se denomina “insensatez”, que según el diccionario de la Academia de la Lengua significa: “Necedad, falta de sentido o de razón”.

Los tiempos actuales son verdaderamente propicios para conocer las motivaciones y las realizaciones de “políticos” que muestran su falta de capacidad para estar a la altura de los retos y las necesidades que la sociedad plantea. Cuando se carece de “sentido o de razón” se pueden inventar cosas extrañas, es decir “necedades”, que por más publicidad que reciban en medios de comunicación, quedan como tales.

Hace cien años, al celebrarse el Primer Centenario del inicio de la Independencia, fueron realizados muy distintos actos públicos que sirvieron como referencias históricas, que se muestran en múltiples crónicas y fotografías. Uno de ellos fue la inauguración del “Manicomio de la Castañeda”, para dar destino y hospedaje a los “enfermos mentales”, es decir, a los “insensatos” de aquella época, siendo la primera vez en la historia del país en que se construía algo de ese tipo.

Dentro de cien años, cuando se revisen los distintos actos públicos conmemorativos del Bicentenario, tendrá un lugar de referencia la crónica multimedia, en videos y fotografías multicolores sobre la insensatez de haber fabricado sin razón y sin sentido un espectáculo que sólo produjo caos vial y molestias sin límite a la mayoría de los habitantes de la Ciudad de México.

El responsable directo parece ser Bernardo de la Garza Herrera, director de la Conade, contador del ITESM, diplomado en Finanzas Corporativas por el ITAM y Maestría en Administración Pública por la Universidad Católica de Los Ángeles. Fue elegido candidato a la presidencia del país por el Partido Verde Ecologista de México, en 2005, postulación a la que declinó para formar la Alianza por México, que postuló la candidatura única de Roberto Madrazo Pintado, candidato a la presidencia por el PRI.

Renunció para irse, según dijo, a realizar estudios de postgrado en Estados Unidos, con el objeto de integrarse posteriormente al gabinete del presidente Felipe Calderón, aunque ha sido una sorpresa que su destino fueran los asuntos deportivos nacionales. Su nombre quedará vinculado, lamentablemente para él, a la celebración de este Insensato Festival Olímpico del Bicentenario.

18OCT10

 
cepos@terra.com.mx

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