Juan Pablo II: su pensamiento político

JUAN PABLO II: SERÍAN 32 AÑOS DE PONTIFICADO
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El 16 de octubre de 1978, luego de la repentina muerte de Juan Pablo I, los cardenales de todo el mundo se reunieron para elegir a un nuevo pastor. Juan Pablo II fue elegido en un breve cónclave para ocupar el papado. Karol Wojtyla, hasta entonces, había sido un carismático cardenal, entregado a la feligresía polaca, pensador, filósofo y místico, rasgos de su personalidad que habrían de acentuarse al ser cabeza de la Iglesia Católica.

Desde el inicio de su ministerio petrino, Wojtyla rompió esquemas. Era el primer Papa no italiano desde Adriano VI, elegido en 1522. Fue el primer Papa itinerante, decidido a viajar por los cinco continentes para propagar su mensaje de paz y entendimiento entre las naciones. "Nadie está obligado a seguir el camino de la Iglesia, pero es mi deber proponerlo", afirmó en uno de sus múltiples discursos.

Su calidad humana lo hizo único. Wojtyla fue un hombre preocupado por sus semejantes, por su bienestar material y espiritual. Haber vivido en su propia carne los horrores de la Segunda Guerra Mundial lo convirtieron en un amante de la paz y la justicia. Era un enamorado de las letras, del teatro y de las humanidades en general.

Juan Pablo II también era un místico. Se cuenta que, como parte del perfil psicológico que de él hicieron organismos de inteligencia internacionales, Wojtyla ya convertido en pontífice, era encontrado en el piso, como dormido, en oración y con los brazos abiertos en forma de cruz. Sus colaboradores cercanos llegaron a afirmar que todas sus decisiones las tomaba de rodillas.

La tragedia de su vida pudo haber sido su perdición, pero él supo encontrar la paz en todos los sucesos de su existencia. A pesar de haber perdido a su madre siendo un niño, a su hermano y a su padre siendo joven, Wojtyla se olvidó de sí mismo y se entregó a Cristo. El suyo ha sido uno de los pontificados más fructíferos de la Iglesia contemporánea.

Sin el trabajo pastoral, doctrinal, político y social que desarrolló el Papa en su vida, seguramente nuestro mundo hoy sería muy diferente.

No pretendemos ser exhaustivos. El legado de Juan Pablo II es incuestionable, impresionante en sí mismo. De ese cúmulo, de aquel gran bagaje que dejó el Papa Viajero, queremos invitarle, amable lector, a recordar y reflexionar algunos hechos que nos dejan clara la dimensión y la magnitud del pensamiento político-social de este coloso de colosos.

CONCILIO VATICANO II Y LA CRISIS DE LA HUMANIDAD
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Pío XII había muerto. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el Papa acusado falsamente de ser aliado de ideologías de la muerte, pero se había empeñado en conseguir la paz. Sus labores diplomáticas y humanitarias, mismas que promovió al interior de la Iglesia, le permitieron conducir la barca de Pedro en el tortuoso, doloroso camino de la postguerra.

El mundo entonces no era el mismo. La Guerra Fría había terminado y las proclamas de paz, respeto y justicia que hacía la Iglesia parecían caer en terreno infértil. Por un lado, las potencias ganadoras del conflicto internacional se repartían el mundo y comenzaban una nueva carrera armamentista.

 

Países enteros vieron cómo en sus entrañas se implantaban nuevos modelos de pensamiento, nuevas ideologías que prometían, ahora sí, llevar al hombre a un estado de paz y justicia. De este modo, nuevos conflictos regionales tuvieron forma. Las guerrillas en Latinoamérica y los movimientos armados en África cobraron más fuerza que nunca.

El mundo era peleado por el comunismo y por el capitalismo. La Unión Soviética y Estados Unidos. La Iglesia estaba en medio de la crisis y la confusión. Había muerto el Papa Pío XII y había que elegir a un nuevo pontífice. El papado recayó en Juan XIII, quien de inmediato, por su avanzada edad, fue reconocido como un Papa de transición. Se esperaba que su pontificado sentara las bases para aquel que insertaría a la Iglesia en el siglo XXI.

Para sorpresa de todos, Juan XIII convocó a un nuevo concilio, el Concilio Vaticano II, cuyos frutos son tan graves y profundos que permanecen vigentes en la vida y quehacer de la Iglesia actual. Dentro de la Iglesia hubo quienes consideraron aquella reunión como innecesaria. Para otros, la crisis del bien común, la democracia, la paz, la justicia, y de muchos de los paradigmas vigentes encontraba una luminosa respuesta en el Vaticano II.

Karol Wojtyla, entonces obispo auxiliar de Cracovia, participó activamente en aquella reunión de la Iglesia. Vio el alejamiento de una parte de la feligresía que no comulgaba con los nuevos lineamientos arrojados en el concilio. El futuro Papa conoció y combatió las desviaciones doctrinales que se produjeron con el tiempo. Sobre todo, Wojtyla entendió que la descomposición política del mundo era, en gran medida, una descomposición de la sociedad y, primordialmente, de la unidad primaria de la sociedad: el individuo.

RAÍCES DEL PENSAMIENTO DE KAROL WOJTYLA
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Karol Wojtyla conocía bien la riqueza de la herencia que tenía entre sus manos. El último siglo de la historia de la humanidad había obligado a la Iglesia a desarrollar muy conscientemente su doctrina. Las trágicas guerras mundiales, el mejoramiento de la técnica, la transformación de la vida en su conjunto eran condiciones ineludibles, a las que había que dar cara.

Desde León XIII, pasando por Pío X y Pío XII, la Iglesia recorrió un nuevo camino, al que Juan Pablo II, sujetado a las premisas del Concilio Vaticano II, habría de dar un nuevo cauce.

A este respecto, cabe la precisión. El padre Carlos Lara López, en su obra "Juan Pablo II y su magisterio social", afirma que "El objeto material de la doctrina social es el hombre, pero todo entero, es decir, considerado en sus relaciones con los demás, con la sociedad, con el cosmos; es la cuestión social, es decir, ‘las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional’. La Iglesia con su doctrina social dirige su mirada hacia el comportamiento del hombre en el mundo, ‘se ocupa del hombre en cuanto inserto en la compleja red de relaciones de las sociedades modernas’".

"(…) La doctrina social de la Iglesia -continúa el autor- reflexiona sobre las opciones de los hombres reflejadas concretamente en su afán por actuar un proyecto en sociedad y las confronta con el proyecto de Dios. En síntesis, el objeto formal de la doctrina social ‘no es el problema humano en lo individual o social, nacional o internacional, en cuanto tal, y sus eventuales soluciones técnicas, sino la luz que sobre ese problema proyecta la Tradición de la Iglesia y el testimonio evangélico que la inspira".

Lo anterior viene a cuento porque, a partir de estas premisas, el trabajo y pensamiento de Juan Pablo II cobran mucho mayor sentido y se ubican en su verdadera dimensión.

EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE JUAN PABLO II
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Guillermo Escobar, quien fuera embajador de Colombia en la Santa Sede, afirma que el pensar político de Juan Pablo II fue también, a su manera, una elaboración doctrinal.

Las encíclicas Sollicitudo Rei Socialis (1987), Centesimus Annus (1991), Evangelium Viate, (1995), Fides et Ratio (1998) son la plataforma que recoge décadas de desarrollo y disertaciones en torno a la doctrina social. En ellas Juan Pablo II refleja claramente su preocupación por la promoción de la paz, para todos los individuos y a todos los niveles; llama a la Iglesia a ser artífice de una necesaria transformación social y política universal.

Además, el pontífice afirma a la verdad, en todo su contenido, como el germen y origen de toda actividad en la vida privada y pública. Juan Pablo II tenía un pensamiento tan sólido como el que más: insistía en la necesidad de comprender la dualidad fe-razón, de modo que la interpretación del mundo y de la realidad tuvieran un nuevo sentido para el hombre mismo se adecuara a la contundencia de los hechos.

Juan Pablo II había visto con pesar el derrumbamiento de las estructuras políticas cuando eran puestas al servicio de causas e intereses desapegados de la verdad del hombre. Sufrió sus efectos. La solución a la tiranía de las estructuras políticas, en ocasiones tendientes a la promoción sistemática del pecado, es la participación ciudadana en los procesos concernientes a la vida pública.

Por ello, Wojtyla comprendió que el mundo sería diferente si los católicos se involucraban en mayor medida con las realidades temporales en las que estaban inmersos. Esto es, de forma innegable, un fruto del Vaticano II.

Dice Escobar: "La acción de la que Wojtyla hace parte, trae consigo el ingreso de la sociedad civil en una dimensión de remplazo de los instrumentos políticos tradicionales, que se van a ver superados por organizaciones civiles que asumirán, lenta pero seguramente, el liderazgo en el terreno de la política (y lógicamente su correspondencia en lo religioso) y llegarán a ocupar puestos preeminentes en la tarea de aglutinar transversalmente a quienes hacen política desde el predicamento valórico del Evangelio".

"Este fenómeno está llamado a aportar una reactivación en la presencia política de los cristianos en la vida civil, que todavía está por evaluar y que causará transformaciones, al menos en Occidente, en lo atinente a las luchas por el poder", afirma el diplomático.

Juan Pablo II era conocido por líderes políticos, religiosos, académicos y mediáticos como el "Peregrino de la Paz".

 

"Si se toman sus pensamientos y opiniones desde su discurso inaugural como Pontífice en 1978, el mensaje a la ONU en 1988, el establecimiento de la Jornada Internacional de la Paz el primero de enero de cada año dirigido a los Jefes de Estado y de Gobierno, y a todos aquellos que tienen poder y las intervenciones anuales ante el Cuerpo Diplomático, así como las jornadas de Paz en Asís, tendremos un pensamiento coherente que, retomando la conferencia de Helsinki, exige el desarme y abre caminos a la solución pacífica de los conflictos", afirma Escobar.

Juan Pablo II tenía un mensaje particular de paz para cada país en el que plantaba sus pies, aunque no siempre sus llamados eran admitidos de forma incondicional. Cuando visitó Estados Unidos, en 1998, la prensa decía que a su país le gustaba el cantante, pero no la canción. Y es que el Papa hizo un contundente llamado a respetar la vida y la familia como base del sistema social, en clara alusión a las políticas promotoras del aborto.

El Papa, además, llamó a la paz entre Israel y Palestina en numerosas ocasiones, especialmente en su visita a Tierra Santa. Además, en 2003, Juan Pablo II buscó mediar entre Estados Unidos e Irak para evitar el desenlace del conflicto bélico en el que todavía hoy se encuentra entrampado el gobierno anglosajón. Anteriormente quiso evitar la operación "Tormenta del Desierto", emprendida por los Estados Unidos y, como en Irak, no tuvo éxito.

Afirma Escobar: "Tema sin el cual no se comprendería el aporte de Karol Wojtyla es aquel vinculado a una percepción clara de los derechos humanos". El Papa incluso se presentó al pleno de las Naciones Unidas para expresar la voluntad de la Santa Sede por trabajar en la garantía de los derechos humanos para todas las personas.África y América Latina fueron la tarea pendiente que Juan Pablo II se impuso. El pontífice quería que los niños dejaran de participar en guerras y guerrillas, de modo que pudieran desarrollarse de acuerdo a su edad y necesidades.

África y América Latina fueron la tarea pendiente que Juan Pablo II se impuso. El pontífice quería que los niños dejaran de participar en guerras y guerrillas, de modo que pudieran desarrollarse de acuerdo a su edad y necesidades.

Juan Pablo II es recordado por muchas razones y elementos de su vida, pero pocos son quienes profundizan en el alcance que el pensamiento del pontífice provoca. La profundidad y visión del Papa hicieron de él un destacado líder político, pero para los católicos es materia pendiente escudriñar en la trascendencia de sus posiciones políticas y sociales. Sólo de este modo será posible comprender las razones por las que el Papa decía constantemente: "No tengan miedo de seguir a Cristo".

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