Quienes carecen de esa aptitud, se contentan con la información que les llega por casualidad o consultan sólo las fuentes que contienen los datos más obvios y fáciles de conseguir. En los ejecutivos esta necesidad de saber puede adquirir la forma de “gerenciamiento por paseo incesante” y puede fomentar los contactos impulsivos o las reuniones informales con personas de todos los niveles. Esa gran cantidad de información reunida, minimiza las sorpresas desagradables y maximiza la probabilidad de detectar oportunidades posibles. El hambre de datos corre paralelamente al afán de lograr una eficiencia cada vez mayor. Cuando esta tendencia toma la forma de una supervisión obsesiva, atada a las reglas, ajustada a los manuales, conduce a un desempeño deficiente. Cuando los altos ejecutivos expresan demasiada preocupación por los detalles y el orden, eso puede ser indicación de que se están concentrando en una escala menor de la que exige el trabajo. Generalmente, el meticuloso, por mantener una mirada de águila sobre sus subordinados, pierde de vista el panorama amplio. Sin embargo, este afán de manejar la incertidumbre también puede alentar una minuciosa atención a los detalles importantes. Los trabajadores superiores son afectos a poner en marcha sistemas que midan los avances o aseguren una mejor calidad y flujo de datos. (Inteligencia social). |