Modalidades regresivas en el proceso electoral

El más de medio millón de mexicanos que estuvieron al frente de las casillas de votación, y el 44.6 por ciento de los empadronados que participaron en la votación del pasado 5 de julio (cifra superior a las últimas tres elecciones intermedias precedentes), merecen un reconocimiento y una felicitación por su participación.

Utilizando las cifras del PREP (que son las disponibles al momento de realizar esta reflexión) se puede descontar del porcentaje de participación el 5.3 por ciento, que corresponde a los que sucumbieron ante la campaña de anulación del voto. Lo que deja un total real de votos válidos del 39.3 por ciento del padrón.

El PRI obtuvo 36.6 por ciento de los votos para diputados federales, lo que representa el 16% de padrón total de registrados con derecho a votar, con lo que se ve un poco exagerada la palabra utilizada por los medios de comunicación cuando establecen que: "arrasó el PRI".

Pero quizá lo más importante es tomar nota del procedimiento que todos los partidos utilizaron para la designación de sus candidatos (dedazos), y también de la metodología de "convencimiento" de las campañas para lograr el voto de los ciudadanos.

Otros factores a considerar son que lo obtenido a nivel federal en esta elección corresponde a la cámara de diputados, y recordar que el poder legislativo se compone de dos cámaras, por lo que hay que tener presente la composición completa del legislativo, incluyendo al senado y su actual composición.

Por otra parte, está el poder ejecutivo con la expresión del gabinete presidencial, en el que no todos los secretarios son militantes del partido del presidente en turno, lo que viene a significar cómo la distribución del poder corresponde a una modalidad heterogénea y no uniforme como en el "viejo sistema político".

Es verdad también que desde la mitad del sexenio de Ernesto Zedillo, se terminó la prácticamente uniforme integración mayoritaria del legislativo, siempre dócil al ejecutivo priísta.

La novedad de este proceso electoral con relación a los anteriores, es que, a pesar de estar inmersos en un proceso de transición del "viejo sistema" a un "nuevo sistema", se ha dado el caso de que todos los partidos aplicaron un proceso semejante para la designación de sus candidatos, eliminando prácticamente los métodos internos democráticos.

Con esto se pone en evidencia la enorme fuerza de las "viejas prácticas autoritarias", que implican la posibilidad de un cambio, de acuerdo a las expectativas de los ciudadanos que votaron en el año 2000 por la alternancia, que implicaba la posibilidad de dejar atrás esas prácticas autoritarias y antidemocráticas.

Además, durante el proceso de las campañas se aplicaron las mismas metodologías del "viejo sistema", que se creía irían en desaparición. Acarreos, dádivas sin límite, fondeo económico al margen de lo reglamentado (nótese el caso del senador del Partido Verde, descubierto con un maletín, con un millón cien mil pesos en efectivo, para llevar a Tuxtla Gutiérrez, presumiblemente para comprar votos), difusión de encuestas amañadas, declaraciones estruendosas sin pruebas de índole alguna, intentos de seducción por vía telefónica, etc.

Por todo ello es posible afirmar que la "vieja cultura política electoral" impregnó a todos los partidos que llevaron a la práctica las malas costumbres, que anteriormente habían denunciado y repudiado. Esto es lo que la gente que cree fervientemente en las posibilidades de cambiar para mejorar, ahora ve con desilusión, tristeza y desaliento.

Ya no hay quien haga la diferencia en cuanto a medios para alcanzar el poder o no perderlo, independientemente de los fines que aparentemente se persiguen en las "plataformas políticas" sobre las que nadie argumentó durante su campaña.

Se han valido de las mismas argucias y viejas mañas aparentemente repudiadas hasta no hace mucho tiempo. Sólo que al haber usado los métodos del "viejo sistema", el gran beneficiario fue el que lo inventó y lo maneja a su antojo: el PRI.

Frente a este fenómeno aparentemente imposible de resolver por ahora, cargado de ineptitud e incongruencia, está la posibilidad de que se dé un vuelco legislativo para una "auténtica reforma electoral" que abra, entre otras cosas, la posibilidad de "candidaturas ciudadanas" que permitan romper el "oligopolio partidista viciado" que algunos han calificado como "partidocracia".

Nuestra democracia, que podía ser calificada como "incipiente", en proceso de maduración y perfeccionamiento, ha recibido un fuerte golpe de credibilidad. Una parte importante de los ingredientes necesarios para sacarla de esa situación, es la multiplicación y fortalecimiento de las instituciones sociales no partidistas, con actitudes exigentes, que actúen sobre los legisladores comprometiéndolos a hacer los cambios urgentes y necesarios.

Estos cambios implican dejar atrás una "vieja cultura política" que hacía depender todo de una sola voluntad, aplicando métodos corruptos para lograr la "excelencia" en la práctica maquiavélica, que supone el quehacer político con el único objetivo de "tomar el poder, acrecentarlo y no soltarlo", para beneficio propio y de los más allegados, frente a la concepción de la política como un servicio a los demás para el logro del bien común.

06JUL09

 
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