Los planes de Obama para superar la crisis

El carisma de Obama, con su sensibilidad y visión política, que demostró en la agotadora campaña electoral, junto con su lema “yes we can” y su propuesta de “change”, fueron los elementos que principalmente le valieron su extraordinario triunfo electoral y, desde luego, simpatías, entusiasmo y apoyo de una amplia parte de la población americana.

La personalidad de Obama y sus grandes dotes de líder, junto con su condición de hombre de color, de afroamericano, despertaron en muchos de sus seguidores la esperanza de que puede revivir el “american dream” y recuperar la grandeza de los Estados Unidos, tan importante para la autoestima del pueblo americano. 

Estas virtudes se reflejaron también en su toma de posesión como presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2009. Una gran mayoría de los ciudadanos americanos, que se estiman entre 65 y 70 por ciento, y por lo tanto superior a los que dieron su voto al Partido Demócrata para las elecciones del 6 de noviembre de 2008, se unió a su futuro presidente en este importantísimo evento, delegando en él su confianza y su esperanza para una rápida solución de la profunda crisis financiera y económica que padece el país y, en consecuencia, el mundo entero.

Para la gestión política del Presidente Obama y el éxito de su gobierno, el apoyo y la confianza del pueblo son vitales, imprescindibles, y constituyen su mayor capital político.
 
La herencia que le ha dejado su antecesor es desastrosa. Encontrar soluciones a corto, mediano y largo plazo, que sean justas, beneficiosas y satisfactorias para todas las clases sociales, es una tarea gigantesca, de dimensiones estratosféricas, con resultados finales impredecibles.

George W. Bush le ha dejado un país en ruinas, con una sociedad dividida, al borde de un colapso  financiero, una economía en una recesión profunda, con la gran mayoría de los sectores financiero (bancario), inmobiliario, automotriz, laboral, de seguridad social, etc., en un franco proceso de quiebra, y un desempleo creciente, difícilmente controlable.

Además, le ha heredado dos guerras: la de Irak, con el llamado urgente a retirarse dentro del límite ya anunciado; y la de Afganistán, que en cuando a tiempo y costos tanto económicos como de vidas humanas, apenas se aprecia un final incierto e imprevisible. Estas dos guerras traen consigo consecuencias en las regiones del Lejano y Medio Oriente, incluso para los aliados de Estados Unidos, envueltos en este conflicto.     

A nivel internacional los dos gobiernos de Bush fueron nefastos por la falta de respeto a la soberanía de varios países, por la violación a los derechos humanos (Abu Graíb, Guantánamo) y la eliminación de vidas ajenas, por las guerras y políticas injustas de corte imperialista, que han desprestigiado la imagen de Estados Unidos creando desconfianza y rechazo.

La crisis financiera-económica mundial, que tuvo su origen en Estados Unidos por ser la potencia económica, política y militar más importante del mundo, pero también por consecuencia de la globalización existente, ha generado a nivel internacional fuertes críticas y antipatías por el manejo irresponsable de las finanzas y la economía en los gobiernos de Bush. 

En este contexto, es importante hacer notar que Obama, quien incluso como candidato tuvo más   simpatías, confianza y apoyo a nivel internacional que sus contrincantes Hillary Clinton y John McCain, ahora como Presidente cuenta con el apoyo y la confianza de un gran número de países, naciones y Estados, que se han sumado a las esperanzas del pueblo estadounidense para que encuentre una vía rápida para salir de esta crisis financiera y recesión económica.

Las esperanzas puestas en Obama, siendo el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, abarcan una amplia gama de problemas, como la solución a las amenazas terroristas, los conflictos bélicos, políticos y sociales, principalmente en las regiones de Oriente Medio, China, Rusia e, incluso, la Unión Europea.   

Ahora bien, en los primeros 30 días como presidente, Obama ya pasó su primera “prueba de fuego”. Tuvo que enfrentar la dura realidad política cotidiana, soportar discrepancias, golpes bajos y decepciones, críticas y desacuerdos, no solamente de la oposición republicana, sino incluso de las filas de su propio partido, el demócrata.

Su proyecto político inicial, cuya intención era acercarse al opositor Partido Republicano, fracasó definitivamente con la renuncia del político republicano Judd Gregg, designado para la Secretaría de Comercio, quien alegó que su conciencia le impedía apoyar la política económica de Obama.

Con la designación de un político conservador para participar activamente en el gabinete económico de su gobierno, Obama pretendía simbolizar cierta imparcialidad política y subrayar su intención de ser el presidente de todos los americanos, uniendo nuevamente al pueblo estadounidense.

El paquete de apoyo a la economía nacional, presentado ante las dos Cámaras y aprobado con retraso, despertó grandes críticas y controversias, de tal manera que obligó a Obama a aceptar modificaciones importantes en su proyecto y a ceder a las condiciones republicanas para llegar a un compromiso, que consistió en la reducción de 825 mil millones de dólares iniciales, a 787 mil millones de dólares, y cambios significativos en otros rubros.

En el ínter hubo muchas discusiones respecto a la indicación de “Buy-American”, lo que fue interpretado como un intento de proteccionismo y que despertó temor y crítica a nivel internacional, especialmente por parte de Europa, China y Rusia.

Con la visita de Hillary Clinton a China, su primer viaje al extranjero como Secretaria de Estado, el gobierno de Obama dio a entender que la globalización tiene prioridad y que no busca ni el “proteccionismo” ni mucho menos una reducción en el comercio internacional.       

Por otro lado, el “paquete económico”, tal y como fue aprobado, resultó fuertemente criticado por renombrados economistas nacionales, como por ejemplo el Premio Nóbel de Economía, Paul Krugmann, considerado en un inicio políticamente cercano a Obama. Según estas críticas, el paquete de ayuda a la economía es demasiado limitado y no corresponde a las dimensiones reales y a las necesidades de la crisis ni a la recesión económica global.   

Sin embargo, los retos más inmediatos que enfrenta Obama, como el control del creciente  desempleo, el rescate a la amenaza de quiebra de las tres empresas automotrices más grandes –Chrysler, Ford y General Motors–, las subsistentes crisis de Citigroup y la aseguradora AIG, unas de las más grandes entidades financieras del país, reflejan las verdaderas dimensiones de los problemas que urgen a una solución rápida para que la crisis no profundice más.

La reciente presentación de un plan de reducción del déficit comercial de 1.3 billones a un 50 por ciento en los cuatro años de su gobierno, es muy valiente, pero se entiende principalmente como una maniobra política, que prácticamente no se le ve oportunidad. 

El primer discurso que dirigió Obama en días pasados a la nación como presidente, a través de las dos Cámaras del Congreso de la Nación, fue entendido como una gran demostración de la democracia americana y muestra de los grandes dotes de visión, habilidad y sensibilidad política, ante una nación con grandes esperanzas pero en una crisis profunda.

El mensaje de Obama tenía como objetivo difundir ante la nación realismo, pero también optimismo, y así reafirmar la grandeza, capacidad y solidaridad como principales virtudes de la nación americana.

El presidente Obama ha demostrado en sus primeros 30 día de gobierno que sigue, en lo general y de manera especial en su política económica, una línea de centro, de moderación, procurando en principio una retórica al estilo de Abraham Lincoln y de un reformador pragmático.
        
El ofrecimiento de Obama para iniciar diálogos políticos con países y gobiernos opuestos a la política de Estados Unidos, principalmente Irán, Corea del Norte y países musulmanes en general, se entendió como un gran y prometedor gesto.

Será interesante ver qué repercusiones tendrá esta política en la interesante obra (y teoría) de  “El Choque de las Civilizaciones – Conformación de una nueva política Mundial en el Siglo 21”, del famoso escritor y reconocido historiador Samuel  P. Huntington, fallecido recientemente, antes de que terminara el año 2008. 

En relación a la participación de Obama, como Presidente de Estados Unidos en la próxima Cumbre Económica Mundial a principios del mes de abril en Londres, no será solamente su presentación ante mandatarios internacionales, sino su prueba de fuego a nivel mundial.

Para eso, las enumeradas medidas políticas iniciadas de manera general, especialmente en el sector económico-financiero, formarán parte importante de su carta de presentación.   
    
   
Werner Ströhlein *
Desde Munich Alemania
En exclusiva para “Yo Influyo”
* Diplomático alemán en retiro
Trabajó en España, México y Centroamérica
Realizó amplios viajes por toda América Latina.

 
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