¿El capitalismo ha fallado?

 

“La tormenta financiera es la gran crisis del capitalismo”, gritan los progresistas y los born again marxistas alrededor del mundo. Un conocido profesor universitario gime: “El capitalismo tuvo su oportunidad y ha fallado, ahora es el turno del socialismo”. No, grita alguien más, “busquemos una tercera avenida”.

Recordemos que esta crisis se inició el año pasado con el derretimiento del mercado de hipotecas subsidiadas. En esos momentos más de la mitad de las hipotecas en EU estaban garantizadas o en los portafolios de Fannie Mae y Freddie Mac, dos de las llamadas empresas promovidas por el gobierno. Durante los últimos 12 meses, estas organizaciones financiaron cuatro de cada cinco hipotecas. Funnie Mae fue creada por el gobierno de FDR durante la Gran Depresión, y Freddie Mac por el gobierno de Carter en 1970. Es decir, mucho antes que la crisis se iniciara, el mercado hipotecario mundial era ya un monumento al socialismo sin precedentes.

Lo que nuestros amigos intelectuales llaman capitalismo es lo que Adam Smith conoció como monarquía o feudalismo, es decir, el rey y sus señores feudales repartiéndose la riqueza, las propiedades, los negocios, las concesiones y los territorios de las colonias. Cerrando los mercados a la competencia para que los señores feudales puedan seguir exprimiendo a los “súbditos” con sus monopolios, oligopolios etcétera. Es la economía de la Edad Media o de la época colonial en la Nueva España afinada con computadoras, jets ejecutivos, guardaespaldas y apartamentos en Park Avenue en Nueva York.

Los “neo intelectuales” ahora hablan de una tercera y mágica avenida ajena al capitalismo y socialismo. No hay una tercera avenida, el socialismo ha fracasado. Lo que ellos llaman capitalismo, es lo que el gran economista Von Mises bautizó como intervencionismo. A lo que el mundo está regresando en estos momentos es al intervencionismo. La mano de los interventores, a través del FMI, fue lo que inició la última debacle de Asia. Fueron los que promovieron la devaluación de México en 1994. Los grandes interventores son los que no permiten que el sistema monetario mundial regrese a su sanidad porque se les acaba la fuente de ganancias más importante e interesante, la especulación de monedas.

Los grandes interventores son los que nos heredaron el famoso problema del Fobaproa, la quiebra de la banca, la ineficiencia del ejido y los ejidatarios sin tierra, los precios ridículos de la gasolina y sus derivados; la inflación, la pobreza, el ingreso pér cápita que apenas llega a 6 mil dólares. Los interventores nos regalaron la “guerrilla de Chiapas,” la corrupción de Pemex, las devaluaciones constantes en los 80; los que provocan que miles de mexicanos arriesguen sus vidas tratando de encontrar oportunidades en EU.

Los grandes interventores son los que recorren el mundo provocando “problemas de desbalance” para después enviar las hordas del FMI con sus recetas de devaluación y de ajuste, y de esa forma poder absorber a través de sus rescates la ridícula cantidad de dólares que el FED sigue emitiendo sin respaldo, al mismo tiempo que mantienen la inflación lejos de las costas estadounidenses.

Son los que después apuestan a esos resultados a través de los elegantes derivativos, apuestan en carreras arregladas, ah, sí se equivocan, hay rescates elegantemente llamados bail out. Son los interventores los inventores de la red social a nivel mundial para tener a la gente aprisionada con su propia dependencia prometiéndoles lograr su redención. Son los grandes interventores los que manejan los sistemas educativos de nuestros países para de esa forma seguir adoctrinando y domesticando a nuestros ciudadanos en la cultura de la dependencia.

Señores intelectuales, el capitalismo murió en 1933, lo que tenemos es el control de la visible mano del grupo en el poder. Señores, no hay una tercera avenida, nos quedamos con lo que hemos tenido y tenemos: el intervencionismo, o empezamos nuestra lucha para establecer una sociedad verdaderamente libre, una sociedad basada en los “verdaderos” mercados libres representados por la democracia liberal.

El liberalismo no es religión, no es una visión del mundo, no es partido político. No es religión porque no demanda fe o devoción, no tiene dogmas. No es la visión del mundo físico porque no trata de explicar el cosmos y otros fenómenos similares, no tiene nada que afirmar acerca del significado y propósito de la existencia humana. No es un partido porque no busca beneficiar a un grupo especial o algún individuo. Es una ideología, es la doctrina de la buena relación entre los miembros de la sociedad. Es la ideología de la libertad, de la responsabilidad del individuo.

El liberalismo busca dar al ser humano una sola cosa: el desarrollo del bienestar material en un ambiente de paz y libertad. Los países que en un momento adoptaron las políticas liberales, principalmente el siglo pasado, son en los que la parte superior de la pirámide social se compone no sólo por lo que cuando nacieron eran ya individuos privilegiados, sino también por aquéllos que han trabajado en desarrollar y mejorar sus condiciones económicas y sociales. Las barreras que separaban a los “señores” y los siervos han caído bajo el peso del liberalismo de una manera natural, no por decreto del Estado o por mandato del Politburó. 

Siendo el liberalismo una doctrina que tiene su base en el mercado, al verdadero liberal le interesa el bienestar de muchos, el bienestar de las masas, puesto que las masas son las que configuran el mercado. La revolución industrial del siglo XIX fue una revolución liberal con el propósito de satisfacer las necesidades de las masas.

El liberalismo del siglo XIX fue también orientado hacia la abolición de la servidumbre y de la esclavitud en EU. Sin embargo hubo cuestionamientos de tal propósito, especialmente de aquellos esclavizados. Es por lo mismo que a veces el liberalismo tiene que actuar aun ante la oposición, las críticas y la agresión de los liberados. El liberalismo no promete que todos lleguemos a la meta al mismo tiempo, ni siquiera que todos lleguemos, promete que todos tengamos la misma salida.

No hay otra avenida, no perdamos tiempo ladrándole al reflejo de la luna en el agua, aquí no tenemos el otro sendero, aceptamos el intervencionismo que nos ahoga sin que sepamos qué es o cómo describirlo, o iniciamos nuestra lucha cívica para establecer una sociedad libre, una sociedad regida por leyes, no privilegios; regida por el mercado no por el Estado. Claudicamos con los intervencionistas y sus pájaros de mal agüero, o regresamos el poder a una sociedad civil que conduzca el país con seguridad, fe, esperanza y optimismo por los senderos del tercer milenio.

 
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