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¿A qué jugamos con los niños?

Casos ocurridos en NL y Tamaulipas muestran el rumbo que está tomando esta sociedad violenta, que incita a niños a violar los derechos humanos.

Alguna vez escuché, de un amigo mío, un caso impactante sobre una joven universitaria que fue agredida sexualmente por uno de sus compañeros luego de que éste la embriagara durante una fiesta para así poder aprovecharse del estado indefenso de la señorita.


Derechos Humanos


Digamos que el hecho descrito, desafortunadamente, no me sonó como una noticia bárbara, pues es triste saber que la humanidad se ha insensibilizado, al grado de que hoy todos conozcamos esa técnica cotidiana de emborrachar a alguien con el fin de obtener algún beneficio propio o, reitero, aprovecharnos y abusar de su estado.

Mi preocupación incrementó un tanto, cuando, continuando con el relato, me entero de la “solución” que se le dio al conflicto, y no por parte de las autoridades universitarias (que en algunos casos y en algunas universidades intervienen, ya sea como intermediarios entre la ley y la víctima, o castigan con la expulsión a quien comete cierta clase de actos) ni por la vía legal, pues la víctima resulta ser hija de una figura pública de nuestro país, y decide arreglarlo por medio de amenazas y violencia hacia el violador, quien no dejó de recibir golpes a domicilio, hasta liquidar un pago impuesto por el padre de la víctima.

Concluyendo con este caso, nos podemos dar cuenta de que, al final del día, la estudiante terminó siendo tratada como un objeto, vendida por su propio padre al no respetar la dignidad humana de la joven y exigir a cambio de su abuso, una remuneración monetaria, como si la dignidad de la mujer tuviese precio.

Dentro de todo el conocimiento que tenía acerca de violaciones de este tipo, este hecho quizás había sido el que más me había desconcertado, tal vez por la magnitud del problema y su infame resolución, o por el hecho de saberlo como una experiencia parcialmente cercana. Aunque he de afirmar que dentro de todos los casos de violencia sexual, éste no es el único de su tipo ni el más grave.

Y confirmo lo anterior cuando les hablo de la niña de siete años con la que compañeros “jugaban a la violación”, en Tamaulipas, un juego más que se agrega a la lista de “pasatiempos infantiles” que se practican en el norte de nuestro país; y es que no debemos olvidar a Christopher Raymundo Mora, el niño de apenas seis años que falleció “jugando al secuestro”. Nuestro México ha sido sede de dos penosas situaciones en las que una realidad social llena de violencia se ve reflejada en los hábitos de juego y recreación de los niños.

Retomando el caso de esta pequeña de la primaria Herman Harris Fleishman, de Tampico, volvemos a la ineptitud y falta de humanidad al resolver conflictos de esta magnitud; y es que las autoridades de la escuela mencionada en ningún momento actuaron de la manera correspondiente luego de que la niña haya sido vista ante los ojos de la docente Olivia Mejía tirada en el suelo, sin blusa ni zapatos, atada de pies y manos, y con la boca tapada, siendo sometida por sus compañeros de segundo de primaria.

El argumento de la profesora que de alguna manera atestiguó lo ocurrido fue que la niña tuvo “algo de culpa debido a que es la más bonita del salón” y que “además luego anda coqueteando a los demás niños”. Otro argumento fue el de la directora del plantel, quien dijo que “no creía que hubiera pasado tal cosa, pues si apenas son niños”, y mencionó que tenía cámaras de vigilancia dentro del plantel por medio de las cuales podía estar al pendiente de lo que ocurría.

Hoy la menor, quien evidentemente quedó traumatizada por el hecho, no ha recibido atención psicológica y los departamentos de Servicios Escolares y Supervisión Escolar de dicha primaria ya cerraron el caso. Ahora, todo ha quedado en manos del Ministerio Público.

Con los casos ocurridos en Nuevo León y ahora en Tamaulipas, llevamos dos muestras evidentes de que el rumbo que está tomando esta sociedad violenta no sólo atenta contra cualquier clase de derecho humano y ciudadano, sino viola derechos de niños e incita a éstos mismos a violarlos a través del ejemplo y la “cotidianidad” de los delitos.

Todo derecho conlleva o exige una responsabilidad; los niños de nuestro país nos exigen la protección a la explotación, al abuso y a la violencia de todo tipo; también nos responsabilizan del sano ejercicio de su esparcimiento, diversión y juego, todo esto a través de sus derechos. ¿Seguiremos velando por sus derechos mientras les enseñamos a vender niñas, a asaltar y robar en la escuela, a corromperse matando y violando?

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* Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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