El enemigo detrás de la violencia, los secuestros y el crimen

Son muchas las formas en que los gobiernos del mundo han tratado de aplacar o erradicar la violencia, las nuevas incluyen mejores policías, entrenados y responsables; cámaras en lugares con mayor tráfico de personas, castigos más severos a criminales, etcétera. Pero ¿cómo es posible que estos métodos tengan alguna efectividad si por otro lado la violencia es inducida, enseñada y alabada como la máxima expresión de la personalidad del hombre y de la mujer? Esta enseñanza e inducción al crimen la proveen muy efectivamente los medios de comunicación: el periódico, la radio, el cine y la televisión, principalmente, en conjunto con la música y el arte en general.

En el libro del Apocalipsis, capitulo 13, Juan nos menciona a una bestia que sube del mar (que simboliza a la muerte), con siete cabezas, 10 cuernos, con 10 coronas en los cuernos y en las cabezas un título que ofende a Dios. Dice que todos se maravillaron, la siguieron y se postraron ante ella preguntando: “¿quién puede contra la bestia?”. La bestia entonces habló para insultar a Dios y a su santuario y se le concedió autoridad sobre todas las naciones.

En tiempos del apóstol San Juan, autor de este libro, entendían estos signos misteriosos. Siete era el número de la plenitud, 10 los Mandamientos de Dios, los cuernos se usaban en ese tiempo como instrumentos para hablar o llamar a las masas y las coronas simbolizan el poder terrenal.

Adaptemos esa lectura a nuestros tiempos para que La Palabra de Dios tenga efecto en nuestra manera de ver lo que Él quiere decirnos hoy. Los medios de comunicación se ven como los cuernos de la bestia y la corona en cada uno es su casi ilimitado poder en todas las naciones. Veamos los cuatro principales.

El periódico trae, en su gran mayoría, malas noticias y es palabra escrita, la cual se contrapone con el Evangelio que es la Palabra de Dios y en griego quiere decir “buenas noticias”. ¿A cuál leemos y escuchamos más? El efecto del periódico es devastador, pues nos quita la esperanza de que el mundo pueda cambiar y además es adictivo.

La radio, y todos los aparatos para oír música o palabras (como el ipod), nos bloquean y graban en la mente esta música y esta palabra, tomando el lugar de nuestra conciencia y las palabras de Dios escuchadas por el corazón, las cuales necesitan de silencio y meditación. Pero el efecto de oír constantemente alabanzas al sexo, al adulterio, al crimen, etcétera, como en la música de rock, es, valga la redundancia, bestial. Crea nuevos dioses a los que se les imita y adora y es adictivo.

El cine nos absorbe y nos muestra a través del más sensible de nuestros sentidos, la vista, combinado con el oído, todas las maneras de ir en contra, de manera maravillosa y absolutamente feliz, de nuestra moral, de la compasión, del respeto, de las virtudes y del sacrificio personal por amor a Dios y al prójimo. Este medio se torna cada vez más y más agresivo y eficaz, rompiendo todas las barreras de nuestra psique que nos inclinan hacia el bien, haciendo que los ídolos ahí expuestos, los actores, sean nuestros nuevos dioses, los cuales son imitados, adorados y venerados monumentalmente. Además, el cine es adictivo también.

Por último, la televisión es la máxima expresión de la efectividad de esta bestia, poseedora del poder pleno sobre todos los pueblos, para usar los Mandamientos de Dios, tergiversándolos en contra de sus hijos. Presenta el amor al prójimo envuelto en sexo libre y sin medidas y el amor a Dios lo traduce en hacernos sentir dioses si seguimos los pasos de esta bestia en la violencia, el sexo, las drogas y todo lo que nos destruye y aparta de Dios. La televisión se cuece aparte, veamos.

En tiempos del Antiguo Testamento, el Templo era el centro del pueblo y el Santuario el centro del Templo, el cual contenía una caja llamada Tabernáculo, que era el lugar donde residía la Gloria de Dios, donde estaban las tablas de la ley, el báculo de Aron y el Mana, significando los mandamientos (camino), el poder dado a los pastores del pueblo (verdad) y el alimento bajado del cielo (vida). En el Tabernáculo del Nuevo Testamento tenemos a Dios hecho hombre, quien es el Camino, la Verdad y la Vida con poder y hecho alimento bajado del Cielo.

Las familias de antes iban a postrarse y a estar sentados en silencio frente al Tabernáculo de las Iglesias. Ahí “oían” la voz del Padre y eran transformados en mejores y más felices personas dispuestas a seguir al Pastor al Cielo. Muchas siguen haciéndolo, pero es una minoría muy pequeña. Ellas saben que de ese tabernáculo sale la fortaleza, la templanza, la esperanza, la caridad y el amor a Dios y al prójimo.

Ahora las familias en su propia casa, el templo doméstico, tienen como centro a un nuevo tabernáculo: la televisión. Se sientan frente a él, no hablan entre sí, quedando absortas por él, ante el cual se le abren los sentidos, la mente y el corazón. Con razón en La Biblia se pregunta quién podrá con esta bestia. Un anuncio de televisión de 30 segundos en la final del Superbowl cuesta 86 millones de dólares, ¡suficiente para alimentar a miles de familias durante un año! ¿Por qué? Porque el efecto y el poder que tiene sobre las masas es casi absoluto.

Esto no es una clase de puritanismo, en realidad los medios son maravillosos y Dios los inspiró en la mente de los hombres, pero el egoísmo del mismo los ha transformado en esa bestia que ahora está despedazando a la familia, a la Iglesia, a los gobiernos y a todo el pueblo de Dios. Los criminales son producto de familias educadas para destruirse a sí mismas, con padres instruidos para divorciarse, ser infieles, educados para la tranza y la corrupción, los cuales engendran en sus hijos violencia y rencor. Ellos son criados sin amor y con violencia. Estos hijos no pueden recibir, sino lo que los padres les dan y ellos les dan lo que sale en la “tele” y en los medios.

Todo esto es sólo una parte; los celulares y las computadoras ya están rebasando el poder de la televisión y el radio. El año pasado se vendieron artículos por más dinero en Ebay (sitio internet de compras), de lo que la bolsa de valores más grande del mundo pudo negociar en acciones.

¿Cómo contribuyo a la proliferación de esta bestia en la sociedad, en mi familia y en mí mismo?

Si veo películas de mal contenido, si veo en la tele programas inmorales, si compro y escucho música o comentarios contrarios a mi fe y a lo que yo quiero para mí y mi familia, ayudo a estos medios a que sigan “educando” de manera tan poderosa a los niños y adultos. Éstos más tarde llevaran a cabo sus sueños de ser apreciados y amados por hacer lo que los medios les dicen. Entonces, ¿no estoy siendo cómplice? ¿No debería sacar todo el material “educativo”, pornográfico, violento, corrupto y destructor de mi hogar y de mi persona? ¿Podría evitar las películas y programas, la música y los comentarios, las lecturas y las formas gráficas que invitan, inducen y fuerzan las emociones de mi familia y las mías, reduciendo nuestra capacidad de elección por lo bueno?

Desafortunadamente el gobierno no puede solo, especialmente si en lugar de ser parte de la solución somos parte del problema. Las familias pobres, de clase media y ricas, están siendo destrozadas sin piedad y lo peor de todo, desde adentro, desde nuestra mente y nuestro corazón, con nuestra aprobación y consentimiento. Los criminales, los secuestradores, los corruptos, los asesinos y los que hacen el mal son sólo el producto de esta destrucción de la cual somos parte.

Pero tenemos un arma mucho más poderosa que el crimen, la violencia, el aborto, la destrucción y el suicidio. Es todavía más fuerte que las guerras y la muerte misma: la oración. Como dice Santa Teresa “quien tiene a Dios todo lo tiene, sólo Dios basta”.

¿Y yo, voy a la Iglesia con regularidad? ¿Oro todos los días? ¿Enseño a mis hijos a orar? ¿Qué voy a hacer para descontaminar a mi hogar y a mi familia y traer a mi casa el alimento del alma y la felicidad? ¿Por qué tengo que esperar para tener un asalto o un secuestro para hacerlo? ¿Creo que Dios me protege si me acerco a Él?

Piénsalo.

 
jesumaria75@hotmail.com

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