Políticas públicas para la familia actual

Un individuo se desenvuelve ampliamente en su entorno familiar y para que ésta esté bien, se necesita la ayuda de distintos recursos.


La familia es la base de un buen individuo pero en eso influyen muchos factoes


Estamos convencidos, al menos la mayoría, de que la familia es el ambiente propio para acoger la dignidad humana. Las personas no podemos vivir ni desarrollarnos en cualquier sitio. Para nuestro adecuado desarrollo necesitamos también un adecuado entorno próximo. Ese lugar es la familia.

Y no cualquier familia, sino la familia natural, la creada por un hombre y una mujer, abiertos a la vida. Y responsables de las nuevas vidas que Dios les confía a ambos: padre y madre, por eso se requiere la presencia de los dos en armonía. De allí que la familia deba ser estable y funcional.

Pero como la familia está inmersa en una sociedad que le influye y a la que influye, se requieren una serie de condiciones para garantizar la satisfacción de las necesidades fundamentales: físicas y anímicas. Básicamente un trabajo digno para conseguir recursos, y un ambiente respetuoso para vivir con paz y tranquilidad. De una paz y tranquilidad no como resultado del conformismo, sino de la paz como fruto de una conducta moral.

Para garantizar el trabajo y el ambiente respetuoso se necesitan políticas públicas. El gobierno de cada pueblo ha de estudiarlas, definirlas, darlas a conocer y garantizarlas para todos. La familia, cada familia ha de estar pendiente de ellas, pero también ha de tener iniciativa para solicitar lo que, a su juicio, necesitan para cumplir con la misión de custodiar a su familia.

Todo gobierno ofrece muchísimas garantías, pero no las puede alcanzar ni con buenos deseos, ni con buenas leyes, ni con un buen sistema policial o penal. Necesita de buenos ciudadanos, y éstos se forman en primer lugar en la familia. Por eso, un buen gobierno ofrece buenas políticas. Pero, aunque las ofrezca, las familias también deben manifestarse, tanto para pedir lo que no ha considerado el gobierno, como para rechazar las propuestas inadecuadas.

Un sistema democrático exige de los ciudadanos su participación y, una consecuencia es la participación de las familias. Por lo tanto, no basta con esperar las propuestas del gobierno sobre las políticas familiares, las familias han de adelantarse y hacer sus peticiones. Pero, tampoco basta con pasar sus solicitudes, no deben cejar hasta alcanzar lo que piden. Es necesario recordar que el gobierno subsiste gracias a las contribuciones de los trabajadores.

En primera instancia, los padres de familia han de tener presente la importancia de su propia familia para la configuración de la sociedad, y el derecho primordial de educar a sus hijos. De esto emana una de las fortalezas de la autoridad de los padres y de la realidad de la estructura jerárquica, no democrática, de la institución familiar. A partir de esta convicción harán sus propuestas.

La necesidad de facilitar la armonía entre los esposos para fortalecer la unidad conyugal. Para eso, solicitar recursos para la salud física y mental, y recursos económicos para cubrir dignamente las necesidades básicas de alojamiento, alimentación y educación. Concretamente, se trata de proponer la organización de instituciones que ofrezcan mediación y asesoría –con una valoración ecuánime de los planteamientos femeninos y masculinos–, antes de recurrir al divorcio, que se ha de aplicar en casos extremos donde haga falta apoyar a la parte afectada –alguno de los cónyuges y los hijos–. Esto disminuirá el recurso al divorcio y fomentará el matrimonio y su estabilidad.

Dar incentivos para adquirir casa, y crear instituciones accesibles para afrontar problemas de salud. De este modo se evitan planteamientos extremos como pueden ser el aborto, la eutanasia o el control natal.

Solicitar políticas educativas donde las escuelas respeten la primacía de los padres, les ayuden a realizar mejor su papel y les subsidien en todos los aspectos para los que no están preparados. Si hay coordinación entre familia y escuela, se pueden atacar algunos de los problemas recientes como el bulliying, que muchas veces se origina porque los niños imitan conductas que ve en su hogar.

Las políticas educativas no se circunscriben únicamente a la escuela, han de abarcar el ambiente social, en donde debe reinar un respeto a las creencias religiosas, y una postura muy equilibrada para evitar la promoción de sistemas de vida extremos como son: el consumismo –droga, pornografía, etc. –, el hedonismo –confort que relaja las costumbres y debilita la voluntad–, el individualismo –insensibilidad para ayudar a quienes pasan por circunstancias extremas como extorción, explotación, migración, pobreza extrema, segregación– y a hipersexualización del ambiente –que fomenta las relaciones sexuales a edades tempranas o la desorientación respecto al propio sexo–.

Las demandas de las familias sobre el sistema laboral son muy importantes. Han de poner el acento en la necesidad de abrir oportunidades, dar facilidades a las iniciativas. Facilitar la coordinación de las obligaciones laborales y las familiares. Apoyar la maternidad –considerar bajas maternales remuneradas y el apoyo del padre, solicitar beneficios fiscales como subvenciones para la vivienda o incentivos fiscales–.

Como la sociedad es cambiante y compleja, las familias han de revisar, periódicamente, qué nuevas propuestas han de presentar para poder mantener su estatus y sus principios. También puede ayudarles conocer los planteamientos que tienen en otros países.

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