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Superar los retos que trajo la pandemia requiere de liderazgos que trabajen por promover nuevas rutas para salir adelante de los muchos problemas.
México es una nación que en general ha carecido de buenos gobiernos, con ausencia de estadistas, personas con gran saber y experiencia en asuntos de Estado.
 La pandemia nos debe ayudar a aprender de nuestros errores como humanidad. Dar prioridad al ser y no al tener es la lección que debemos aprender.
En México, el petróleo es mucho más que una mercancía. Es casi sagrado, un elemento vital en la adoración del estado, es casi fanatismo.
 Hoy, México necesita acotar el exceso de poder concentrado en López Obrador. Sumar es el reto, pero partiendo de la verdad.
El nuevo coronavirus hoy desnuda a la humanidad que, por la falta de ética humana y de solidaridad, padece los estragos de la pandemia.
 La palabra riqueza se volvió una palabra sucia. No tiene importancia que el diccionario de antónimos establezca que el antónimo de pobreza sea riqueza.
La inquietud y el miedo ante lo desconocido genera adrenalina que bien canalizada da una fuerza emocional útil para superar situaciones difíciles.
Algunas personas no creen en la información sobre el COVID-19, esto es consecuencia de que en el tiempo se han difundido verdades deformadas.
El gobierno federal no ha actuado con transparencia le ha faltado actuar responsablemente ante la presencia del COVID-19.
En México hay un sector para el que las mujeres no tienen importancia: es el que conforma el gobierno federal encabezado por el presidente de la República.
Los grupos radicales feministas incitan a la violencia para reclamar por los conflictos sociales. Con la violencia llaman la atención mediática.
El desprecio por la vida forma ya, tristemente, parte del paisaje. Es un dato para la estadística.