El círculo perverso I

La cultura cambia para bien o para cualquier lado según vivimos, según nos expresemos porque finalmente la cultura es nuestra expresión de vida.


Cultura


Por supuesto que existe una cultura mexicana. Algunos la manejan en forma despreciativa o burlona y otros nos sentimos orgullosos de ella, el Huapango de Moncayo, los cuadros de J. M. Velasco, nuestra literatura, nuestras ricas cocinas regionales. El punto es que la cultura está viva, no es algo que se guarde en un museo o biblioteca y permanezca inmutable, la cultura cambia para bien o para cualquier lado según vivimos, según nos expresemos porque finalmente la cultura es nuestra expresión de vida.

Algunos, seguramente muchos queremos preservar lo valioso y enriquecer más nuestra cultura. Hay que entender que sufre amenazas, conocerlas para defenderla y sobre todo como podemos cultivarla mejor.

En entregas anteriores he comenzado a tratar el círculo perverso que desde hace años se ha establecido en nuestro país conduciendo la cultura hacia zonas peligrosas, abajo lo presento en forma gráfica, consta de cuatro casillas y dos salidas tipo fuga, más bien escapes peligrosos.

Lo califico como perverso porque conforme lo que adelante explico mueve nuestra magnífica cultura hacia rumbos nada benéficos para las personas en general, digamos los ciudadanos por el enfoque que daré y más profundamente para los atrapados en el círculo, dado que inhibe la creatividad y nos vuelve dependientes. Si, dependientes e indefensos, en gran medida dependientes del gobierno en turno y especialmente de gobiernos controladores. Si, la cultura tiene que ver con la manera de vivir y claro la política que ofrece el marco para la vida en sociedad.

Si el número de los ciudadanos atrapados en ese círculo es grande el sistema democrático queda comprometido, cautivo del controlador porque con la prédica de falacias y las oportunas dádivas los afectados proveerán los votos requeridos para “democráticamente” gobernar.

Como que es un círculo lo estudiado podría iniciar los comentarios sobre su funcionamiento desde cualquiera de sus “estaciones” o “casilas”, voy a hacerlo en la casilla de “pobre alimentación”.

No tiene más de diez años que el gobierno en turno, el del nuevo PRI “descubrió” que en México había regiones en las que las personas sufrían hambre, se dijo “como en África”, efectivamente en nuestro tan desigual paisaje humano hay zonas tan abandonadas que se pasa y se muere de hambre. Extraño descubrimiento de una realidad muchas veces señalada y conocida por más de tres.

Más actual, no hace demasiado tiempo que se ha prestado atención ahora a la “comida chatarra” en la que dominan los carbohidratos, el Congreso está muy interesado en alertar sobre sus inconvenientes. Efectivamente estos productos no hacen mayor bien, pero una etiqueta más grande no va a cambiar un problema más hondo.

No me refiero en estos renglones a esta moda de las etiquetas cuando hablo de pobre alimentación, años ha que la falta de oferta apropiada, de carencia de recursos económicos, malamente acompañada de falta de instrucción, propiciaron una alimentación pobre en proteínas para un importante número de mexicanos.

Vaya esta anécdota para ilustrar que el conocimiento del problema no es una novedad: durante el gobierno de Echeverría entre sus muchas ocurrencias solicitó a Coca Cola que produjera una bebida rica en proteínas. Cierto, también les pidió que entregaran la secreta fórmula de la Coca Cola atesorada por años. Pues bien, en la planta de esta empresa en Querétaro se hicieron las pruebas de un producto que incluía suero de leche para proveer proteínas al consumidor de bebidas embotelladas. No fue fácil estabilizarlo, de hecho no salió al mercado.

Más adelante, en el periodo de gobierno de 1976 a 1982 tuve oportunidad profesional de conocer la problemática de surtir al país de leche de vaca, es decir independiente de que las personas tuvieran o no la capacidad económica para adquirirla, la oferta suficiente no existía, no se producía en el país la leche para que cada niño bebiera doscientos centímetros cúbicos por día. ¿Cómo podría promover el gobierno la adecuada instrucción de como nutrirse si no estaba disponible el producto? Se decidió entonces, los años en que se “administraba la abundancia” ofrecer leche reconstituida a base de leche en polvo importada que podría ofrecerse a un precio especial por parte del gobierno. Solución a medias y, por cierto, controladora.

Lo que deseo hacer notar en estos renglones es el hecho de que el gobierno y las instituciones particulares interesadas mal podrían promover repito, la apropiada alimentación en medio de la carencia de los productos que deberían ser recomendados. Podemos mencionar también la baja oferta de pescado y la pobre vocación marinera de México para aprovechar nuestras extensas costas. El pescado y los mariscos son otra importante fuente de nutrientes para el cerebro. La proteína animal es un nutriente necesario para el correcto desarrollo del cerebro. Otra fuente es el huevo, además más accesible.

Dado que la oferta era pobre no se procuró la educación para una alimentación conveniente para un importante grupo de personas. Una infancia con cerebros pobremente alimentados tendrá una baja capacidad de aprendizaje, esto nos lleva a la siguiente casilla: “pobre capacidad de aprendizaje”. No es un deseo de mostrarme negativo, es desgraciadamente una triste realidad. Esa situación de limitación de origen se ha agravado con otras limitaciones, las señalaremos adelante.

Suena muy lejos del huapango de Moncayo decir que la cultura está vinculada a la alimentación, seguramente suena demasiado técnico lo dicho y además poco romántico y de mal gusto, tal vez sería mejor callarlo. No pienso así.

La siguiente semana completaremos Dios primero el recorrido por el círculo perverso, mientras se hace evidente que hay un vasto campo para defender nuestra cultura al invitar a prestar atención a la educación de nuestra infancia y de sus padres en la correcta alimentación.

 

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