Las miserias de la oposición (el PAN)

El PAN heroico, doctrinario, valiente, con autoridad moral, que tan útil le sería en el momento actual a México, ya no existe, se esfumó.



En la entrega pasada decía que la oposición actual en México padecía de varias carencias que le impedían enfrentar con eficacia al gobierno actual y al monopolio más peligroso que éste detenta: el del discurso político. Un discurso, o narrativa, que triunfó desde antes de que Morena ganara la elección en 2018 y que ahora en el poder, con múltiples recursos, está imponiendo exitosamente en la mayoría de la población. Un discurso muy elemental, de blanco y negro, de “buenos” y “malos”, pero que, precisamente por ello, es fácilmente entendible para muchos ciudadanos. En la ocasión anterior hablé de la incapacidad del PRI para combatir esto, ahora hablaré del PAN.

Si hay un partido que, en idea, tendría la historia, la doctrina y los instrumentos necesarios para enfrentar al modelo autoritario que quiere implantar López Obrador, ese sería el PAN. El problema es que ese PAN ya no existe, dejó de existir hace tiempo y parece que muchos panistas ni siquiera se dieron cuenta de cuándo o cómo sucedió esto. Hay tres elementos, principalmente, que permitieron que el PAN fuera una oposición persistente y finalmente exitosa, durante la larga hegemonía de los gobiernos de la Revolución: su solvencia técnica, su solvencia moral y su solvencia doctrinal. Ninguna de ellas permanece actualmente y a continuación intentaré una explicación de por qué se extinguió cada una.

Solvencia Técnica: desde antes de fundar el PAN, Gómez Morin siempre hizo énfasis de que en México hacía falta solvencia técnica para resolver los problemas del país. Su paso como rector de la UNAM le permitió reclutar para el partido a maestros y especialistas en distintos temas, quienes se caracterizaban por su actitud crítica y su seriedad académica. Eso hizo que el PAN, desde su fundación, tuviera el distintivo de que su crítica al gobierno siempre se basaba en datos, en analizar la eficacia de los métodos, sin substituir la realidad con discursos o con ideología, siempre en búsqueda de la verdad. Esto, desgraciadamente, se perdió a partir de que el PAN se volvió un partido de poder y luego de gobierno, pues su prioridad se volvió ganar elecciones. La crítica ya no fue su función principal y, menos, para ejercerla respecto a sus propios gobiernos. La preparación, el talento y la elocuencia dejaron de ser importantes para buscar candidatos, dándole prioridad a la popularidad o al atractivo de un personaje que facilitara ganar una elección. Todavía se guardó el interés en tener candidatos preparados y especializados para las diputaciones plurinominales. Pero cuando en el partido se volvió más importante la lealtad o la sumisión que el conocimiento o la experiencia, esto terminó. Aun así, el PAN se preocupó por crear fundaciones de estudio para proporcionar a sus dirigentes y, especialmente, a sus legisladores, elementos técnicos para poder ejercer una crítica sólida frente a sus opositores. Sin embargo, estas fundaciones se han ido desmantelando hasta, incluso, desaparecer.

Solvencia Moral: Desde su fundación y durante muchos años el PAN se destacó por tener dirigentes, nacionales y locales, que se distinguían por sus sólidos valores morales y su convicción ética. Hombres y mujeres a quienes caracterizaba su honestidad, su valentía y su compromiso de servicio; eso también se fue terminando. Y no es que pensemos que deban ser igual ahora los perfiles de sus dirigentes a los de aquella época “heroica”, pero al menos debió cuidarse en sus candidatos y directivos los antecedentes, su trayectoria o, en el caso de descubrir conductas inapropiadas, sancionarlas a nivel interno. Pero Acción Nacional se olvidó de eso, no cuidó ya la solvencia moral de sus cuadros, priorizando otros aspectos e intereses y terminó igualándose a los otros partidos a los que, con razón, siempre criticó. La última generación que todavía se preocupó por estos temas, se fue incorporando a los, cada vez más, gobiernos locales y luego a los federales que iba ganando el PAN, y abandonaron el trabajo de partido. Éste fue tomado entonces por una generación juvenil poco formada éticamente, de principios endebles y gran codicia. Buscando sin recato altos cargos desde muy jóvenes, especialmente los que los pusieran cerca del dinero público, se apoderaron del partido en distintas zonas del país, actuando de manera mafiosa y facciosa. Marko Cortés y Jorge Romero, quienes se han “adueñado” del PAN casi como patrimonio propio, son un claro ejemplo de esto.

Solvencia Doctrinal: El pragmatismo al que lo obligó ser gobierno fue haciendo que el PAN se fuera olvidando de la doctrina, aun, de sus principios fundamentales. Se dejó arrastrar por la inmediatez, precisamente al revés de lo que pedía uno de sus principales fundadores, Efraín González Luna. En el PAN se sigue hablando de la doctrina, dirigentes y candidatos se enorgullecen de ella, pero casi nadie la ejerce. En realidad, se ha ido convirtiendo en un estorbo más que en un activo. La defensa de la familia tradicional y de la vida desde la fecundación, son temas que los actuales dirigentes y legisladores tratan de evadir, más que, de abordar, para no “meterse en problemas”. La juventud de los nuevos cuadros influidos por la “cultura progre” y el que éstos lleguen a cargos públicos rápidamente, hace que la doctrina pese cada vez menos. Además, la época no ayuda. El PAN siempre rehuyó a que se le denominara como partido conservador o de derecha, aunque muchos de sus miembros lo fueran, pero de forma agazapada. Se ostentaba como de centro. Cuando en el mundo prevalecía el moderantismo, esto fue adecuado. Pero ahora la polarización está imperando a nivel global. En el mundo occidental, los electores, si se asumen de izquierda, buscan una más radical; si se asumen de derecha, buscan una derecha más radical también. De hecho, estamos viendo un renacimiento de la derecha en las democracias occidentales. El centrismo del PAN es cada día menos atractivo para el elector. Y en el partido lo que reina es la desorientación.

Ante esta realidad, no es que el PAN esté débil para ejercer como la oposición política que tanto le urge al país. El PAN heroico, doctrinario, valiente, con autoridad moral, que tan útil le sería en el momento actual a México, ya no existe, se esfumó. Sus dirigentes actuales dirigen otra cosa, aunque se quedaron con la marca; es su feudo, eso sí, pero no es Acción Nacional.

 

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