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El presidente de México sigue encaprichado en apostar el futuro de México a políticas públicas arcaicas, no sólo para México si no internacionales.
Ahora resulta que, según López Gatell, las bebidas azucaradas y la comida chatarra son la causa de las más de 40 mil muertes por COVID-19 en México.
En el discurso los socialistas dicen preocuparse por los pobres, sin embargo los mantienen en esa condición que los justifica en el poder.
A lo largo de los años han pasado presidentes de todo tipo, pero las cosas en el país no han cambiado mucho.
Una mayor participación política y mayor responsabilidad social pueden evitar el suicidio de la democracia en México.
La baja remuneración está relacionada principalmente con la carencia de habilidades, pero la falta de educación en valores humanos es aún más lamentable.
Los mexicanos estamos a tiempo para que el diálogo y la crítica constructiva sean la fuerza de la democracia y para corregir el camino.
La cultura sufre amenazas que es necesario conocer para defenderla y, sobre todo, para saber cómo podemos cultivarla mejor.
La muerte de George Floyd está siendo utilizada como botín político ante la cercanía de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
Superar los retos que trajo la pandemia requiere de liderazgos que trabajen por promover nuevas rutas para salir adelante de los muchos problemas.
México es una nación que en general ha carecido de buenos gobiernos, con ausencia de estadistas, personas con gran saber y experiencia en asuntos de Estado.
 La pandemia nos debe ayudar a aprender de nuestros errores como humanidad. Dar prioridad al ser y no al tener es la lección que debemos aprender.
En México, el petróleo es mucho más que una mercancía. Es casi sagrado, un elemento vital en la adoración del estado, es casi fanatismo.