Qué es el Jubileo, empezar de nuevo

En una época marcada por la desconfianza en las instituciones, la saturación informativa y una profunda sensación de desgaste social, una palabra de más de dos mil años vuelve a cobrar fuerza: jubileo. No es un término decorativo ni una tradición folclórica. Es una propuesta radical que atraviesa la Biblia, la historia de la Iglesia y la experiencia humana: detenerse, perdonar, liberar y volver a empezar.

Para millones de personas —jóvenes incluidos— el jubileo sigue siendo una experiencia viva porque no se limita a un rito. Es un acto público de esperanza, una pedagogía espiritual y social que articula perdón, justicia y responsabilidad histórica. Desde 1300 hasta el Gran Jubileo del año 2000, la Iglesia Católica ha celebrado estos Años Santos como momentos excepcionales para mirar de frente las heridas del mundo y proponer caminos de reconciliación.

Esta primera entrega ofrece un recorrido profundo y documentado sobre qué es un jubileo, cómo nació, cómo evolucionó y por qué la Puerta Santa y la peregrinación siguen siendo símbolos poderosos ayer y hoy, especialmente relevantes para las nuevas generaciones.

¿Qué es un jubileo? Mucho más que un año “especial”

El jubileo es, ante todo, un tiempo de gracia. En la tradición católica, se trata de un Año Santo convocado por el Papa en el que se invita a los fieles a una conversión profunda, expresada en gestos concretos: peregrinar, cruzar la Puerta Santa, reconciliarse, practicar la caridad y comprometerse con una vida más justa.

Su raíz se encuentra en el Libro del Levítico (Lv 25), donde se establece que cada cincuenta años el pueblo de Israel debía proclamar un año de liberación: perdón de deudas, liberación de esclavos y restitución de tierras. No era una concesión piadosa, sino una estructura institucional de justicia social.

Esta lógica —restablecer equilibrios rotos— se mantiene viva en el jubileo cristiano. Por ello, la Iglesia lo entiende no solo como un evento espiritual, sino como un llamado ético alineado con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia: dignidad humana, bien común, solidaridad y subsidiariedad.

El primer Jubileo cristiano: Roma, 1300

El primer Jubileo cristiano fue convocado en el año 1300 por el papa Bonifacio VIII. Europa vivía entonces una etapa de profundas tensiones políticas, desigualdades sociales y violencia estructural. En ese contexto, la convocatoria jubilar fue una respuesta espiritual a una crisis civilizatoria.

Crónicas de la época relatan la llegada masiva de peregrinos a Roma, una ciudad que no estaba preparada logística ni sanitariamente para recibirlos. Sin embargo, el flujo no se detuvo. La gente caminaba semanas —incluso meses— para alcanzar las basílicas de los apóstoles Pedro y Pablo.

Desde ese momento, quedaron definidos los elementos esenciales del jubileo:

  • La peregrinación como signo de conversión
  • La indulgencia como experiencia de misericordia
  • El encuentro comunitario como expresión de Iglesia universal

Inicialmente, el jubileo se celebraría cada 100 años. Posteriormente se redujo a 50 y, finalmente, a 25 años, para que cada generación pudiera vivirlo al menos una vez.

Peregrinar: caminar como acto espiritual y social

Peregrinar nunca ha sido solo desplazarse. En la tradición cristiana es una metáfora existencial: salir de la comodidad, enfrentar el cansancio, depender del otro y confiar.

Durante la Edad Media, peregrinar a Roma implicaba hambre, enfermedad y peligro. Hoy, aunque las condiciones han cambiado, el gesto conserva su fuerza simbólica. Caminar sigue siendo una forma de romper con la lógica de la prisa, algo especialmente significativo para Millennials y Centennials, saturados de estímulos digitales.

Durante el Jubileo del año 2000, un joven español de 24 años, entrevistado por medios vaticanos, lo expresó así:

“Caminar hasta Roma fue la primera vez que sentí que mi fe tenía cuerpo. No fue una misa, fue el camino lo que me cambió”.

Este testimonio refleja por qué la peregrinación sigue siendo central: transforma a la persona antes de llegar a la meta.

La Puerta Santa: atravesar un umbral simbólico

La Puerta Santa es uno de los signos más potentes del jubileo. Su significado teológico se basa en el Evangelio: “Yo soy la puerta” (Jn 10,9). Cruzarla representa dejar atrás una vida marcada por el pecado y abrirse a una existencia renovada.

Históricamente, la primera Puerta Santa se encuentra en la Basílica de San Juan de Letrán, catedral del obispo de Roma. Con el tiempo, se incorporaron otras basílicas mayores:

  • Basílica de San Pedro
  • San Pablo Extramuros
  • Santa María la Mayor

Las puertas se sellan al concluir cada jubileo y solo se abren nuevamente con un rito solemne al iniciar el siguiente. Este gesto tiene una fuerte carga pedagógica: no todo está siempre abierto; hay tiempos para decidir cambiar.

Jubileos a través de los siglos: fe en contextos de crisis

Cada jubileo refleja el espíritu de su tiempo. Algunos hitos relevantes:

  • 1450: marcado por epidemias y pobreza; el jubileo se vivió como súplica colectiva.
  • 1575: en plena Contrarreforma, enfatizó la disciplina y la renovación moral.
  • 1950: tras la Segunda Guerra Mundial, fue un llamado a la reconstrucción espiritual de Europa.
  • 1975: en medio de crisis económicas globales, subrayó la reconciliación.

Pero el gran punto de inflexión fue el Jubileo del año 2000, convocado por Juan Pablo II.

El Jubileo 2000: memoria, perdón y futuro

El Gran Jubileo del año 2000 reunió a más de 25 millones de peregrinos en Roma, según datos de la Santa Sede. Fue histórico no solo por su magnitud, sino por su enfoque.

Juan Pablo II impulsó gestos inéditos:

  • Peticiones públicas de perdón por errores históricos de la Iglesia
  • Jornadas dedicadas a jóvenes, trabajadores, políticos y migrantes
  • Impulso a campañas internacionales de condonación de deuda externa

En una de sus homilías jubilares afirmó:

“No podemos entrar al nuevo milenio sin purificar la memoria”.

Este jubileo marcó a una generación entera, incluidos muchos jóvenes latinoamericanos y mexicanos que encontraron en él una Iglesia capaz de mirar su pasado con verdad y proponer esperanza.

¿Por qué el jubileo sigue siendo relevante para los jóvenes?

En un mundo atravesado por el endeudamiento, la desigualdad y la violencia, el jubileo propone algo contracultural: detener la lógica de acumulación y comenzar de nuevo.

No promete soluciones rápidas. Propone procesos.
No evade la historia. La asume.
No se queda en el rito. Exige coherencia.

Para las generaciones jóvenes, que buscan causas con sentido y coherencia ética, el jubileo ofrece un lenguaje que conecta espiritualidad con justicia social.

Desde 1300 hasta el año 2000, el jubileo ha demostrado una sorprendente capacidad de adaptación sin perder su esencia. La peregrinación y la Puerta Santa siguen siendo signos vivos porque hablan de algo profundamente humano: la necesidad de recomenzar.

En un contexto global marcado por la fragmentación, el jubileo recuerda que la historia no está cerrada. Que siempre existe la posibilidad de cruzar un umbral distinto.

Y que, a veces, para cambiar la vida, basta con atreverse a caminar.

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