De cómo tres hombres salvaron a Europa

“Hay hombres de rapiña, hombres de poder y hombres de fe. Yo quisiera ser recordado entre estos últimos.”  Alcides de Gasperi, estadista italiano.

Frente al descrédito de la política y ante las justas críticas que se enderezan contra la mal llamada “clase política”, hoy es necesario, como un acto de elemental justicia histórica, recordar la vida y la obra de algunos dirigentes humanistas, que pusieron su huella indeleble en la historia de Europa y de la humanidad del siglo XX, sobre todo en estos tiempos en los que Europa vuelve a ser un foco de tensión política, no solamente por la guerra rusa contra Ucrania, sino por el tema de Groenlandia. A pesar de eso, Europa y el mundo son hoy mejores, gracias a cuando menos tres hombres que supieron plasmar los valores cristianos en la extremadamente difícil situación política, económica y social de la Europa de la Segunda Guerra y de la posguerra. Ellos son los forjadores del arquetipo de una nueva sociedad, y de un verdadero nuevo orden internacional. Son tres hombres formados en la rica tradición judeo-cristiana y en el fecundo pensamiento del humanismo occidental, también cristiano. Ellos son: Robert Schuman, francés, Konrad Adenauer, alemán y Alcides de Gasperi, italiano. Podemos decir que el encuentro entre estos tres líderes fue absolutamente providencial. A pesar de que sus vidas fueron paralelas en formación y experiencias, tanto en la Primera como en la Segunda guerras mundiales, no se conocían entre sí. Fue la política la que los puso en contacto. Se conocieron cuando Adenauer estaba cerca de los ochenta años de edad, Schuman un poco más de sesenta y de Gasperi poco menos de setenta. 

Robert Schuman, por su origen luxemburgués por parte de su madre y francés, por parte de su padre, tuvo que adoptar la nacionalidad alemana, luego de la anexión al Imperio Austrohúngaro de la Alsacia-Lorena. No sabía francés, pero lo aprendió posteriormente en L’Athenée Grand-Ducal. Konrad Adenauer nació en Colonia (Köln), estudió derecho en Friburgo y desde joven descubrió su vocación política, se afilió a un partido católico, y poco después se convirtió en alcalde de Colonia. Fue destituido por Hitler cuando se negó a colocar en el edificio de la alcaldía la bandera nazi. Fue recluido en un campo de concentración. Se escapó y fue recapturado. Finalmente, liberado en 1945 a la caída del Tercer Reich. Por su parte, Alcides de Gasperi nació en Trento, cuando esta provincia era parte del Imperio. Los tres hicieron sus estudios en el seno del Imperio Austrohúngaro: Adenauer, en Friburgo; Schuman en Munich y Berlín, para graduarse finalmente en Estrasburgo y De Gasperi en Viena.

Decía Aristóteles que no hay tarea más noble en la vida que dedicarse a la política. También decía que “si la política no es ética no es política” y que “si la ética no es política, no es ética”. Esto último, pone en valor la decisión que cada uno de ellos tomó. Por más extraño que parezca hoy en día, los tres tenían el deseo ferviente de hacer de la política algo que cambiara, para bien, el destino de Europa, y lo lograron. ¿Cómo?

Continuará…

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