Sección - Yo Influyo News - Juan Ignacio Zavala

AMLO les parecía un enorme político al final de las elecciones de 2018, ahora un peligroso populista con un proyecto personal al cual hay que detener.
Los presidentes son los grandes animadores del país. Una de sus funciones es conducir los ánimos hacia el rumbo deseado, menos AMLO que prefiere el conflicto.
El gobierno dejó de tener el control sobre los problemas que enfrenta el país, sobre todo porque el presidente se niega a ver la realidad.
La presencia diaria de López-Gatell hablando sobre el tema que interesa a todos tiene la intención de saturar más que cualquier pifia cometida en el camino.
Las debilidades y problemas de AMLO son otros, pero no la corrupción, el dinero, no es algo en lo que personalmente flaquee. De ahí la credibilidad en este sentido.
Al atacar a los medios de comunicación que lo critican, el presidente busca infundir miedo en la población, es una advertencia para que no se metan con él.
Hay quienes han externado que se equivocaron al votar por AMLO, frente a ello muchos aprovechan para lapidarlo con un: “te lo dije”.
Los funcionarios están expuestos al escrutinio ciudadano y los integrantes de esta administración han demostrado tener la piel muy delgada.
El encierro no está exento de revelaciones, preocupaciones, reflexiones, pero con un solo anhelo común: que llegue ya el día en que podamos salir.
 Debido al desastre en el gobierno federal, AMLO se ha radicalizado y alimenta el rencor entre los mexicanos.
 El daño que Sanjuana Martínez ocasiona con sus viscerales decisiones en Notimex desgastan a AMLO innecesariamente.
Un rasgo en común que tienen los dictadores es que aseguran ser expertos en todo, lo que en realidad es imposible humanamente.
El gobierno está extraviado, nadie conduce el barco y todos sus tripulantes se pelean dentro de él. El lopezobradorismo solito se está desfondando.