Sección - Yo Influyo News - Juan Ignacio Zavala

El presidente López Obrador ha descartado a Ricardo Monreal y López-Gatell en su sucesión presidencial.
El gobierno de México encuentra en la austeridad y en la corrupción grandes pretextos para no hacer su trabajo.
Las mañaneras caen, suben y se transforman, pero no desaparecen. Quizá es la actividad, la política pública más exitosa del presidente.
El papel público de López-Gatell ha sido relevante y se puede contar en miles de muertes.
La elección de Rubén Moreira como coordinador de los diputados priistas es una clara señal de que estarán del lado de López Obrador.
Ricardo Monreal traicionó sin pudor alguno a Morena. Les arrebató una importantísima alcaldía que se sumó a las otras derrotas en la capital.
Salgado Macedonio se disciplinó, se plegó a lo que dijera el presidente, le ganó a los Sandoval y aunque perdió él, colocó a su hija y siguió en la mirada presidencial.
López Obrador sabe cómo son los del PRI, qué les gusta, qué los mueve. No en balde él fue priista por décadas.
Janet Malcom fue una reportera icónica en The New Yorker. También era una provocadora, sobre todo de sus colegas, que irritaba por doquier.
Los tiempos marcan el inicio de la contienda, el presidente no ganó todo lo que quiso en las elecciones y tampoco podrá controlar los movimientos de todos.
AMLO fue candidato a la presidencia tres veces, lo que nadie en la nación había hecho; sabe que su ego es más poderoso que su causa y no se da por vencido.
Los ciudadanos anti ya mostraron su fuerza: son electores en busca del candidato que encabece su enojo.
En democracia no hay victorias ni derrotas para siempre. El impulso del triunfo lleva fácilmente a la soberbia y sin darse cuenta comienza la bajada.