Sección - Yo Influyo News - Juan Ignacio Zavala

Tratar de parecer alivianados, “buena onda” y aparentar ser moderno en toda la extensión de la palabra es algo que no les queda a las “corcholatas”.
La llamada “sociedad civil” no goza de sus mejores momentos gracias al gobierno de López Obrador.
En 2016 nadie daba por ganador a López Obrador y nadie imaginaba que fuera a ganar de la manera en que lo hizo.
La formación de Sheinbaum nos permite aventurar que la religión, en cualquiera de sus opciones, no es lo de ella.
Salir del laberinto en que se ha metido la actual dirigencia priista no parece fácil, pero para hundirse más van por el buen camino.
El PAN puede volver a ser el faro opositor, pero lo logrará por sí solo, no de la mano de los que lo terminarán de hundir.
Las alianzas aparentan cierta lógica, pero creer que es un asunto de simple aritmética es un error que se comete muy a menudo.
La senadora Lilly Téllez puso en su lugar a Fernando Noroña, quien ha hecho del insulto a la diferencia de opinión una forma de vida pública.
“Los ricos no exigen que la sociedad les conceda autoridad alguna y, por lo tanto, no pueden ser acusados de hipocresía”.
Ante las dificultades que presenta la realidad, el presidente está dando bandazos y no le importa el costo de hacerlos.
La enorme popularidad del presidente no es correspondida en los estados con los liderazgos que impulsa Morena.
Que el fin del PRI se pueda atisbar no significa el fin de los priistas y menos aún del priismo. Si hay un priismo vivo es el que enarbolan López Obrador y sus pupilos.
El corcholatazo ya está a todo lo que da y eso será también un atractivo en esa gigantesca carpa que es la política nacional.