Sección - Yo Influyo News - Adriana Dávila

Esa polarización social en la que vivimos se recrudece cada vez más con odios y rencores incluso incitados desde el poder.
El triunfo de un mexicano, cualquiera que sea su actividad, dentro o fuera del país, es el triunfo de todos, que amerita reconocimiento a su esfuerzo y dedicación.
Andrés Manuel López Obrador, el presidente más votado en México, pasará a la historia como el hombre que desdeñó la vida y celebró la muerte.
Si nosotros no cambiamos la estrategia, las cosas sencillamente no van a cambiar por arte de magia. Todos tenemos una responsabilidad que cumplir.
El presidente de México decidió endurecer la narrativa de linchamiento y violencia contra el bloque opositor que no votó a favor de su reforma eléctrica.
El presidente sólo se presta a conversar con los que acatan sus órdenes, los que no argumentan, los que sólo obedecen, los que le juran lealtad ciega para ser purificados.
Alejandra Cuevas Morán es una de las tantas personas que sufren persecución y represión por parte de un funcionario que usa el poder.
Andrés Manuel le ha apostado a la división entre los suyos, los buenos, y los otros, los golpistas, porque quien no ofrece lealtad ciega, es un conspirador.
Con seguridad y ante las evidencias, su propio juicio abruma al inquilino de Palacio Nacional, él sabe que la autoridad moral se les acabó.
De nada sirve inyectar recursos si no hay voluntad política para proteger a los periodistas y la situación se ha agravado.
Mientras Andrés Manuel vive en el país de las maravillas, millones de mexicanos estamos sin salud, sin seguridad, sin empleo, con la gasolina más cara.
Un partido que permite el diálogo entre cúpulas sólo debilita la práctica parlamentaria, que aún con sus deficiencias, es la representación de los ciudadanos.
Hoy estamos en las manos de incondicionales, leales a sus órdenes y dichos del presidente, que en personas comprometidas verdaderamente con las causas ciudadanas.