Sección - Yo Influyo News - Adriana Dávila

Mientras Andrés Manuel vive en el país de las maravillas, millones de mexicanos estamos sin salud, sin seguridad, sin empleo, con la gasolina más cara.
Un partido que permite el diálogo entre cúpulas sólo debilita la práctica parlamentaria, que aún con sus deficiencias, es la representación de los ciudadanos.
Hoy estamos en las manos de incondicionales, leales a sus órdenes y dichos del presidente, que en personas comprometidas verdaderamente con las causas ciudadanas.
El problema no es de división, sino de visiones diferentes sobre la forma de enfrentar los retos partidistas.
Ceder espacios al poder público traerá lamentables consecuencias para el grueso de la población y para las instituciones.
La realidad en datos indica a todas luces que el gobierno de López Obrador y Morena es el más desastroso de la historia moderna de México.
Es cuestionable que sea un hombre quien utilice el criterio de paridad solo en apariencia para beneficio propio y no para impulsar a mujeres líderes.
El PAN dejó atrás las prácticas democráticas que por mucho tiempo le dieron vida y esencia.
La campaña de Anabell Ávalos incluye argumentos técnicos, jurídicos y económicos, no de imposibles por cumplir.
Todos los institutos políticos están obligados a denunciar toda violencia que se cometa en contra de mujeres y menores de edad.
Las instituciones del país viven en un constante viacrucis por resistirse a ceder a los caprichos del presidente.
El presidente ha optado por confeccionar su decálogo, un catálogo de frases y lugares comunes que en nada han mejorado las condiciones de seguridad para las mujeres.
El presidente se ha convertido en el peor violentador de los derechos de las mujeres. Y uno de los mayores agravios es defender a Félix Salgado Macedonio.