Se han elevado voces de alarma ante la amenaza de que los nuevos consejeros electorales que podrían atentar contra la imparcialidad del INE.
 A propósito de la muerte del ministro Salvador Aguirre, no debe olvidarse la brillante defensa que hizo para evitar que el aborto fuera aprobado en la capital del país.
En el improbable caso de que renunciara el presidente, ¿qué vendría después? Una elección, sin duda. ¿Y de dónde saldría el candidato y quien lo postularía?
Los medios de información no son neutrales; por lo mismo, las noticias, aunque sean verdaderas, no necesariamente se procesan de manera objetiva.
 Con la presencia del COVID-19 la prioridad es salvar vidas, a pesar de ello algunos gobiernos promueven el aborto y dar fin a las vidas de los pequeños por nacer.
Cuando existe resistencia a algún cambio, el presidente manda “medir el agua a los camotes”, como ha sucedió con la pretendida Norma Mexicana electoral.
 No, no era precisamente de oro el anillo al dedo que presumió AMLO, las decisiones que ha tomado en los últimos días han mostrado el cobre.
 La falta de información provoca que no se cuente con datos para tomar decisiones que beneficien a la población durante la pandemia.
 La sociedad va sola y a contrapelo del presidente, quien debería ser factor de unidad, de suma de esfuerzos, y auténtico promotor del bien común.
 Está claro que el presidente no sabe de economía; ojalá se dejara asesorar y así evitaría fricciones y divisiones innecesarias, pues mucho ayuda el que no estorba.
 Ahora que la gran mayoría está distraída por el COVID-19, los legisladores de Morena han promovido leyes en detrimento de la población.
La opción por rescatar al más débil debiera ser el criterio para elegir salvar vidas, pero pareciera que en México se da preferencia a los jóvenes.
Para sostener su lucha contra los empresarios, AMLO recurrió a parafrasear al papa, sesgando lo que Francisco opina de utilizar a los pobres para fines políticos.