La vida pende de un hilo

Las concepciones altamente individualistas de los derechos promovidos por tantos activistas, han dado vigor a nuevos desafíos a la universalidad de derechos humanos.


No nacido


El aborto inducido es la supresión voluntaria de la vida del embrión o feto. Se conoce comúnmente como -aborto-. Esta es una de las facetas de la cultura de la muerte.

Otra de las facetas es la parte política y la legal. Es aquí en donde se olvida por completo la vida de un ser humano, es decir, la del protagonista principal, y se anteponen otros derechos corporales de la mujer adulta quien decide rechazar la maternidad de un hijo que ya lleva en su vientre. En esta faceta, hay temor de decir la palabra correcta: “aborto”, y se convierte en algo diferente: interrupción voluntaria del embarazo, con objeto de hacerlo menos agresivo a la mente, pero sobre todo para tener una bandera de activismo político.

Una famosa abogada de Harvard, la dra. Mary Ann Glendon, quien habló en una conferencia impartida el 16 de noviembre de 2018 en el Simposio Internacional sobre Derechos Humanos organizado por la Universidad de Roma LUMSA, refiriéndose a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), dijo:

“Los activistas… promoviendo nuevos derechos, o interpretaciones innovadoras de los derechos, con frecuencia ignoran o atacan derechos establecidos que no encajan en sus agendas. En el contexto de la ONU, por ejemplo, los defensores de derechos sexuales y abortivos se han opuesto rigurosamente a cualquier referencia a aquellas partes de la DUDH relativas a la libertad religiosa, la protección de la familia y los derechos parentales”.

Es triste y hasta vergonzoso leer en los medios de comunicación que, en Oaxaca, México, uno de los estados mexicanos con peores niveles educativos, con índices altos de marginación y pobreza, con más de 400 municipios indígenas, se ha convertido en un ejemplo para el movimiento feminista. La grave noticia: con 24 votos a favor y 12 en contra, se “aprobó” la despenalización del aborto y las feministas oaxaqueñas son el motor de la llamada “marea verde” en México.

La eliminación de los delitos en el Código Penal ha sido sólo un paso, pero falta por modificar la Constitución del estado que reconoce el derecho a la vida desde la fecundación y la Ley de Salud, para que los hospitales garanticen el servicio de forma gratuita y eliminen la objeción de conciencia de los médicos.

La victoria parcial adquirida en el estado de Oaxaca ha dado ímpetu contra la vida del indefenso. ¿Sabemos cómo se logró esta victoria? ¿Qué pasa con la gente con altos índices de pobreza y bajos niveles educativos de este país?

Es sabido que en el centro de Oaxaca hay un lugar en donde se imparten clases sobre algo prácticamente desconocido, y hasta increíble: Se imparten –“clases de desobediencia para mujeres” –. Así es, esto es uno de los nichos fundamentales del movimiento feminista en ese estado. Se dice que por ese centro han pasado muchas de las que hoy lideran las organizaciones de la entidad y otras que no habían oído hablar nunca de ‘feminismo’. Un lugar al que llaman La Escuelita (Casa Libertad para Mujeres) financiado por la diputación de Gipuzkoa y por una madrileña, cofundadora del proyecto.

¿Fue la votación de la despenalización del aborto legítima? ¿O hubo alguna presión ideológica? Creo que las respuestas reales nunca las sabremos porque simplemente no son publicadas.

Algunas de las personas que acudieron a esa sesión de votación en Oaxaca en defensa del no-nacido, dicen a viva voz que de manera imprevista hubo una convocatoria para que los diputados se reunieran en sesión extraordinaria para votar por la modificación de la Constitución del estado de Oaxaca que defiende la vida desde la fecundación hasta la muerte natural, esto por el esfuerzo de miles de ciudadanos oaxaqueños. En el último período de sesiones ordinarias consolidaron de manera ilegal el 25 de septiembre, dentro de un congreso “lleno de extranjeros” (como fue descrito por personas presentes), que decían a las mujeres mexicanas: a) qué decir, b) cuándo callar, c) cuándo hablar.

Por el artículo 33 constitucional, ningún extranjero puede hacer política en México. Puede deducirse que, si sucedió esto, dicha votación fue ilegal.

Alguna diputada que dio cabida a dichas personas extranjeras, ordenó el cierre del recinto para que personas provida no pudiesen entrar y al mismo tiempo, permitió pasar a otras personas con el rostro cubierto con pasamontañas.

Quizá en La Escuelita no se habla de todos los horrores causados en la criminal muerte de un ser humano inocente y desprotegido. Quizá no se habla tampoco de la reciente noticia que ha causado horror en Estados Unidos, ya que, dentro de la casa de un médico abortista fallecido, dr. Ulrich Klopfer, fueron descubiertos 2 246 restos de bebés no nacidos. Quizá tampoco se dice que algunos bebés que han alcanzado cierto desarrollo, al ser desprendidos del vientre de la madre, sobreviven y se dejan morir sin darles la menor atención.

El aborto ha requerido siempre la aceptación de una mentira. Durante años, la primera mentira que se dice a la mujer, sobre todo a las de menor edad o menos educación es que: “Es sólo un feto, no un bebé, son sólo un montón de células, por tanto, el aborto termina solamente con el embarazo, no termina con la vida”.

La verdad científica es omitida: En pocas semanas, ese “montón de células” tiene dedos, oídos, ojos, nariz, un corazón latiendo y un cerebro en desarrollo. ¡Esto no es un montón de células, sino un manojo de gozo, una vida hecha a imagen de Dios! La ciencia muestra con imágenes el mito, la mentira de la industria del aborto de que el bebé es “un montón de células sin humanidad”.

Políticamente, se impulsa la frase: “Mi cuerpo, mi elección”. La autonomía corporal fue el grito de activistas, pero la ciencia intervino: la autonomía corporal no puede justificar nunca el más cruel de los procedimientos, ya que no es el cuerpo de la madre al cual se ejerce la violencia, sino a un individuo distinto en autodesarrollo, con su propio código genético distintivo, desde el momento de la fertilización.

¿Por qué salen a la calle mujeres activistas gritando con las caras tapadas? ¿Le temen a la verdad? Gritan porque no pueden dar razón a la mentira que permanece en ellas. Saben entonces que, si un bebé es humano y que es una vida distinta, entonces la vida humana, ¿debe ser desechable? De allí que taparse la cara en señal de vergüenza, eso es lo único que pueden hacer.

Finalmente, otras palabras de la dra. Mary Ann Glendon:

“Las concepciones altamente individualistas de los derechos promovidos por tantos activistas, han dado vigor a nuevos desafíos a la universalidad de derechos humanos. La actuación de las instituciones supranacionales ha suscitado preocupaciones con respecto a la falta de transparencia, responsabilidad y frenos, y contrapesos de estos organismos.

Si añadimos el hecho de que las ideas acerca de los derechos humanos mutan más fácilmente que las propias instituciones que hacen posible tener derechos con algún significado –Estado de Derecho, procedimientos justos, etcétera– tenemos todos los ingredientes de una crisis de legitimidad”.

Mediante la ayuda de Dios debemos hablar y romper el silencio. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién?

 

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