La Ibero, sin rumbo claro

El discurso de quien, más que un religioso jesuita, parece líder regional de Morena, nada tiene ni de inspiración cristiana ni mucho menos defiende esa Verdad que nos hará libres.


David Fernández Dávalos


Menudo escándalo el que se armó a raíz del discurso pronunciado por el padre David Fernández Dávalos, S.J. rector de la Universidad Iberoamericana (UIA).

Y no fue para menos puesto que, debido a la gran admiración que el rector de la UIA siente por el presidente Andrés Manuel López Obrador, no se midió en epítetos al acusar de clasistas a quienes se manifiesten en desacuerdo con el actual primer mandatario. Al mismo tiempo, aprovechó la ocasión para atacar tanto a los grandes capitales como a los medios de comunicación.

Si hubiera que hacer un resumen diríamos lo siguiente: el discurso del padre David induce a la lucha de clases. Si el padre David fuese el rector de la Universidad Vicente Lombardo Toledano o director de algún CCH situado en algún barrio proletario no nos extrañaría su postura.

Aquí lo que extraña es que este sacerdote es rector nada menos que de la Universidad Iberoamericana, institución que desde su fundación (1943) ha estado a cargo de los religiosos de la Compañía de Jesús.

Una universidad que en su ideario se ostenta como “de inspiración cristiana” y que tiene un lema muy significativo: “La verdad os hará libres”.

Pues bien, el discurso de quien, más que un religioso jesuita, parece líder regional de Morena, nada tiene ni de inspiración cristiana ni mucho menos defiende esa Verdad que nos hará libres.

Como exalumno que soy de la Ibero, con nostalgia recuerdo aquellos felices tiempos en que era otro el ambiente que prevalecía en una prestigiada institución cultural que llegó a estar entre las diez mejores universidades de México.

Qué lejos están aquellos tiempos en que el rector era el padre don Manuel Ignacio Pérez Alonso, S.J. quien gobernó dicha institución entre 1956 y 1961, que fundó la Escuela de Historia en 1957 y que llegó a ocupar el cargo de director del Archivo Histórico de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús.

De una manera especial citamos al padre Pérez Alonso porque tan egregio personaje fue autor de un documentado estudio en el cual se presenta la gran obra cultural realizada por los jesuitas en México a lo largo de cuatrocientos años. El libro se titula La Compañía de Jesús en México y fue editado por Jus en 1972.

En tan documentado trabajo, se presentan una serie de pruebas que deshacen de manera contundente todas las falacias con las que el padre David incita a la lucha de clases.

Son veinte autores los que con sus trabajos dan vida a un profundo estudio que analiza la obra de los jesuitas en campos tan diversos como son la geografía, las misiones, la cartografía, la educación básica, los estudios superiores, la filosofía y un largo etcétera que prueba con documentos como las instituciones dirigidas por la Compañía de Jesús se preocuparon siempre por aliviar la suerte de los más humildes sin tener que recurrir a la lucha de clases.

Mención muy especial merece el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo (antepasado lejano de la Ibero) que según afirmación de José Ignacio Palencia “no era de algún modo una institución aislada sino era sólo el vértice del sistema que satisfacía casi totalmente la demanda educativa de la Nueva España. Este sistema comprendía desde los pequeños colegios en poblaciones de segundo o tercer orden y en los que bastaba para enseñar un profesor hasta el Colegio Máximo” (Ídem. Página 388).

Era tan estrecha la asociación de dicho colegio con la Universidad Pontificia de México que sus alumnos podían graduarse en la Pontificia sin más requisito que un examen público. Por esa y muchas otras razones el Colegio Máximo resultaba atractivo para toda la juventud de la Nueva España.

Pues bien, la Ibero que conocimos hace muchísimos años parecía seguir los pasos del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo.

En aquella época, entre el profesorado brillaban estrellas como un Francisco Migoya, S.J., un Jorge López Moctezuma, S.J., un Miguel Villoro, S.J., un Héctor González Uribe, S.J., un Valerio Ortolani, S.J., un Xavier Scheifler Amézaga, S.J., quienes ya fuesen en campos tan diversos como la Filosofía, la Historia, el Derecho, la Sicología o la Economía dejaron profunda huella en sus alumnos.

Sin embargo, de unos años a esta parte todo cambió…

Bacterias disolventes se introdujeron en el cuerpo de la Ibero, contaminaron el organismo y fue así como se dieron hechos nunca antes vistos como una huelga general, el nacimiento de un grupo de choque llamado “los 132”, eventos en los que se apoya descaradamente a quienes promueven la homosexualidad, etcétera, etcétera, etcétera.

Y ahora, como remate, el infortunado discurso del padre David.

¿Qué es lo que está pasando?

Ni duda cabe que todo esto acabará desprestigiando a la que antaño fuera una de las más serias instituciones culturales de México.

Y es que, más que hacer cumplir el lema tradicional o seda que buscar la Verdad que habrá de hacernos libres, lo que el padre David pretende es confundir, llevarnos al error y –cautivos del error– que acabemos perdiendo la libertad.

Y finalizamos con dos preguntas: ¿Quiénes están detrás y hacia dónde empujan a la Ibero?

 

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