Otro plan destinado al fracaso

El nuevo PND es un conjunto de buenos propósitos que no tienen respaldo lógico y que caen en el absurdo propio de quien pretende edificar una economía a base de ingresos futuros.


Plan Nacional de Desarrollo


Como era de esperarse, por medio de un gran despliegue informativo, se hizo público el Plan Nacional de Desarrollo (PND) al cual habrá de ajustarse el nuevo gobierno y que se supone habrá de resolver los actuales problemas económicos de nuestro país.

A decir verdad –y como lo hemos visto en otras ocasiones– el tan pregonado PND ningún entusiasmo despertó en quien esto escribe.

Y no lo produjo ni tampoco lo producirá porque nos da la impresión de que nos están proyectando una vieja película que ya hemos visto en otras ocasiones y de tan mala calidad que sería un acto masoquista volverla a ver.

Desde hace ya varios sexenios, se puso en práctica la costumbre de que el flamante presidente que acababa de estrenar la banda presidencial hiciera públicas sus intenciones de gobierno por medio de un plan que se suponía era algo así como la piedra filosofal que convertía en oro cualquier tipo de metal.

Un plan que era presentado con bombo y platillo, con la asistencia en pleno de lo más granado de las clases políticas, empresariales, intelectuales y los que fuesen invitados.

Un evento de presentación en el cual el orador principal –aunque no supiese hablar en público– se luciese recibiendo aplausos de los lambiscones allí presentes.

Al final ocurría lo mismo que pasó en la fábula del parto de los montes: Que después de mucho rugir (se supone que una cordillera estaba a punto de dar a luz) ni se produjo un terremoto ni se partió en dos una colina; lo único que se vio fue como un asustado ratoncillo salía presuroso de un agujero.

La misma historia la vimos con los presidentes de antaño como –valgan los ejemplos– fueron los casos de Echeverría, López Portillo, Miguel de la Madrid y los que vinieron detrás.

El caso es que –por mucha propaganda que les hicieron– ninguno de esos planes sirvió para nada.

Auténticos fracasos porque se daba una brusca contradicción entre lo proyectado y la realidad.

Planes que contradecían el sentido común y que se apoyaban en buenos deseos que eran auténticas fantasías.

El nuevo PND es un conjunto de buenos propósitos que no tienen respaldo lógico y que caen en el absurdo propio de quien pretende edificar una economía a base de ingresos futuros.

¿Existen dichos ingresos? ¿Qué ocurrirá si faltan cuando ya la deuda ha sido contraída ante implacables acreedores extranjeros?

Planes que tienen mucho de autoritarismo estatal puesto que pretenden marcarle el paso a todo el pueblo sin permitirle la libertad de que desarrollo su creatividad.

Ahí se encuentra la disyuntiva: ¿Economía dirigida o aliento a la libre empresa?

Mucho se insiste en que, gracias al PND, tendremos un crecimiento del 4% anual.

¡Qué bueno fuera! Lamentablemente, en lo que llevamos del actual sexenio –a menos que se dé un brusco viraje– habrá de ocurrir exactamente lo contrario.

Y concluimos haciendo una ligera rectificación.

Al iniciar este comentario dijimos que todos esos planes de gobierno que con tantos aplausos fueron recibimos TODOS FRACASARON.

Es aquí donde deseamos hacer una corrección: No todos fracasaron pues hubo un plan que fue el único que alcanzó las metas propuestas.

Dicho plan, impuesto por Echeverría en 1974, fue el del control natal que acabó reduciendo de modo tan drástico la población que –de seguir dicha tendencia– antes de dos décadas, México será un país de viejos.

 

Vale la pena meditar los datos siguientes:

  • En el México de los años 50, el promedio era de 9 hijos por familia.
  • En los años 70 era de 6.
  • Actualmente es tan sólo de 2 hijos. Ese plan es el único que ha tenido éxito; los otros, como el actual, son más de lo mismo.

 

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