Periodismo en México. Profesión de alto riesgo

En lo que va del actual sexenio, en México, han sido asesinados 30 periodistas. Lo peor del caso es que más del 90 por ciento de los crímenes cometidos contra los comunicadores quedan impunes.



Tantos y con tanta frecuencia han sido los asesinatos de periodistas en estas latitudes que, con justa razón, se puede afirmar que el periodismo es una profesión de alto riesgo en Hispanoamérica.

Y entro de Hispanoamérica, el país de mayor peligrosidad para los periodistas es México.

Sin irnos a casos espectaculares que pudieran haber sido producto de novelas de aventuras, la dramática realidad es que quienes ejercen el periodismo en México, tienen mucho de héroes.

Como el caso de Sydney Schanberg, aquel reportero norteamericano que presenció la caída de Camboya en poder el Khemer Rojo (1975) al cual iban a matar los nuevos amos del país y que si salvó la vida fue gracias a su amigo y colaborador Dith Pran y que –contra su voluntad- no pudo corresponder poniendo a salvo a quien se había portado tan generosamente.

Un drama que el reportero padeció en carne viva puesto que presenció el inicio de un régimen totalitario que provocó el genocidio de más de dos millones de camboyanos.

Las dramáticas aventuras de este reportero gráfico sirvieron de inspiración a un escritor que dio viva a una novela que fue llevada al cine con el título de “Los gritos del silencio”

Una de las películas más apasionantes que hemos tenido el privilegio de ver.

Pues bien, las peripecias de Sydney Schamberg parecen un juego de niños si las comparamos con lo que sufren y padecen los periodistas mexicanos.

Y que conste que nuestros periodistas no se encuentran en el frente de batalla.

Nuestros valientes corresponsales, reporteros gráficos, enviados especiales e incluso comentaristas de los diferentes medios (prensa, radio, televisión o plataformas digitales) viven con la continua zozobra de quienes saben que tienen una espada pendiendo sobre sus cabezas.

Los miembros de tan valiente gremio saben muy bien que para ser buen periodista no es necesario ser sabio o poseer una gran capacidad técnica.

Para ser buen periodista lo único que se necesita –aparte de amar su profesión- es ser veraz.

Y la veracidad es un don que no tiene cualquiera.

Especialmente si tomamos en cuenta que existen una gran cantidad de intereses creados a los que no les interesa que se disipen las tinieblas y que brille la verdad.

Dichos sujetos que sobornan o matan periodistas son incapaces de comprender que quien tiene fama, dinero y poder, necesariamente, habrá de pagar el precio derivado de la crítica periodística.

Una crítica –repetimos- que afecta intereses creados razón por la cual el periodista que ha sabido comportarse como detective sabe que sobre sus espaldas han dibujado una diana de tiro al blanco.

Lamentablemente, lo peor del caso es que –a pesar de que las autoridades digan lo contrario- dichos crímenes quedan siempre impunes.

En cuanto cae asesinado algún periodista se hace mucho ruido al principio pero en cuanto los días pasan formando semanas y las semanas formando meses todo queda en el olvido.

Los únicos que jamás habrán de olvidar la tragedia son los padres que perdieron a su hijo, la esposa que perdió al marido o los hijos que perdieron a su padre.

En lo que va del actual sexenio, en México, han sido asesinados 30 periodistas. Lo peor del caso es que más del 90 por ciento de los crímenes cometidos contra los comunicadores quedan impunes.

No hay duda: México, junto con la India, es el país más peligroso para le prensa.

Consideramos que más que homenajes póstumos o la concesión de medallas que el difunto jamás habrá de lucir, lo más justo es adecuado investigar a fondo cada crimen y consignar a los culpables para que sean juzgados conforme a Derecho.

Algo que suena utópico por no decir imposible en este México nuestro en el cual los intereses creados y los factores reales de poder son quienes pronuncian la última palabra.


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