Precisiones históricas (primera de dos partes)

Salvador Abascal hace las correcciones de los datos erroneos de un periodista para entender el sinarquismo en México.


Imagen del sinarquismo


La columna a la que me voy a referir en este artículo es la del 24 de marzo de este año, aparecida en la revista Proceso. Es una columna que tiene como título: Mexicanos extranjeros, de la autoría del columnista Fabrizio Mejía Madrid. Como ilustración de la columna, Mejía coloca una mala caricatura de Salvador Abascal Infante, con un brazalete nazi y el pecho cruzado con carrilleras, como de guerrillero, y una bandera con la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe. Lo cierto es que Salvador Abascal I. (unos de sus fundadores y jefes) llamó al Movimiento Sinarquista “milicia del espíritu”, que nada tiene que ver con la lucha armada.

Justifica el autor de la columna el título de su escrito, llamando a los sinarquistas de los años 30 y 40 del siglo XX “extranjeros en su propia tierra, porque Lázaro Cárdenas había establecido la educación socialista y reforzado el Estado laico”. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? No lo sé, y creo que tampoco el “columnista”. ¿También resultarían “extranjeros” los millones de católicos practicantes en México, o bien los judíos o los cristianos?

Inmediatamente después, llama a estas acciones de Cárdenas una “derrota del tradicionalismo”, debido a la cual “pacta (Cárdenas) con el presidente Ávila Camacho, declarado creyente, para que el gobierno les dé (a los “mexicanos extranjeros) una porción del territorio nacional”. A ver si entendí: los tradicionalistas, derrotados por Cárdenas, ¿reciben como recompensa por su derrota, una “porción del territorio nacional” que les otorga Ávila Camacho, producto de un pacto con Cárdenas? Esta aseveración de Mejía carece de la más elemental lógica. ¡Uff, qué confusión, señor Mejía!

Un solo dato histórico desbarata la trama, por demás ilógica, de Mejía Madrid. La verdad es la siguiente: el licenciado Abascal Infante le presenta, al presidente Ávila Camacho, un proyecto para colonizar una parte del territorio sur de Baja California, con 300 familias del centro del país. Ávila Camacho le da su anuencia, no sin informarle que el gobernador de ese territorio es el Gral. Francisco J. Mújica, conocido por su anticatolicismo, y además, porque sabe que es enemigo de Abascal. El lic. Abascal le pide al presidente Ávila Camacho que no le sugiera al gobernador Mújica que lo reciba, porque él quiere hacer la cita personalmente, una vez que llegue a La Paz. Así sucede, el Gral. Mújica lo escucha con mucho interés, tanto así, que al final de la presentación del proyecto, él se levanta de su silla y le da la vuelta al escritorio para estrechar la mano de Salvador Abascal I., al mismo tiempo que le dice: “cuente usted con mi apoyo, es usted un patriota”.

El Gral. Mújica aprobó con gusto la colonización de parte del territorio (desértico) que le tocó gobernar en ese tiempo, él recibe ese “regalo” (la gubernatura del territorio de BCS) como recompensa por su disciplina al aceptar la candidatura de Ávila Camacho cuando él, Mújica, se sentía con derecho a ser el sucesor de Cárdenas en la presidencia de la República.

Debo señalar, por otra parte, que la Colonia María Auxiliadora sí recibió apoyo del general Mújica, no todo el que prometió, pero fue el ateo, anticatólico y socialista quien donó, a la naciente colonia sinarquista, 2 camiones de volteo, una perforadora de pozos, un motor diesel y algunos otros implementos. En cambio, la ayuda que Abascal I. recibió de sus compañeros de la UNS fue a cuentagotas, porque tenía un enemigo muy poderoso en la cúpula del Sinarquismo.

El historiador francés Jean Meyer, en su obra El Sinarquismo ¿un fascismo mexicano?, cita un informe de Salvador Abascal I. a los jefes de la UNS en Los Ángeles: “Con el auxilio de Dios Todopoderoso, todo es realizable. Antesdeayer me entrevisté con el Presidente de la República, ayer hablé detenidamente con el secretario de Gobernación, Lic. Miguel Alemán y con el gobernador del distrito sur de la Baja California, todo se nos concede, ¡bendito sea Dios!” (Cuadernos de Joaquín Mortiz, México, 1979).

Sigamos con una más de la serie de mentiras de Mejía: “Tras cantar el Himno Nacional con el saludo romano –el de Hitler y Mussolini–. El 2 de enero de 1942 esta caravana de mexicanos, extranjeros en su propio país…”. Miente de nuevo Mejía Madrid: nunca los sinarquistas adoptaron el “saludo de Hitler y Mussolini”.

El autor de “Mexicanos extranjeros” publicado en Proceso mezcla algunas verdades, consignadas en diferentes obras, con falsedades originadas en su prejuicio carente de objetividad. Por ejemplo y sólo en una ocasión, Mejía cita el libro autobiográfico de SAI (sin referencia bibliográfica, requisito indispensable para dar solidez a la investigación) en un texto que nos puede remitir a los tiempos actuales, pensando sin duda que hace mención de un texto que, para él, debe provocar escándalo, sin darse cuenta de su enorme valor para estos tiempos en los que la sociedad está dividida, de nuevo, como en la época de Cárdenas: “Estos mexicanos extranjeros –afirma Mejía–, tenían como orientación un decálogo de principios, redactado por Abascal” que, entre otras cosas dice:

“Repudiamos de antipatriótica y tendenciosa la forma en que divide a los mexicanos entre ‘izquierda y derecha’, ‘revolucionario y reaccionario’. México reclama para salvarse la unión de todos sus hijos y sólo reivindica una división: mexicanos y antimexicanos; frente al grito comunista, ‘todos proletarios’, oponemos el nuestro: ´Todos propietarios’; condenamos la lucha de clases que, además de desarticular a la Patria, hace infecunda su economía”.

No sé qué pueda reprochársele de esta patriótica declaración a don Salvador Abascal. ¿Será por su crítica a Lázaro Cárdenas, quien había dividido al país entre “revolucionarios” y “reaccionarios”, entre proletarios y burgueses (fifís) etc. ¿Será por el ferviente deseo de Abascal y su movimiento de lograr la unión entre todos los mexicanos? ¿será porque este solo texto destruye la tesis de Mejía sobre que los sinarquistas eran “mexicanos extranjeros”?

Solamente un criterio lleno de prejuicios y de rencor inexplicable, puede encontrar en esta gesta heroica motivos que no fueran el amor a la Patria y a Dios. Sin embargo, el rencor gratuito hacia Salvador Abascal Infante, llevan a Mejía Madrid a proferir una inverosímil serie de calumnias.

Por ejemplo, Mejía afirma, temerariamente,, que: “Como Salvador Abascal es pro-Hitler y está en parte financiado por las falanges de Francisco Franco en España, el presidente Ávila Camacho decide otorgarle su tierra utópica para, en la Ciudad de México, construir una derecha más ligada a los Estados Unidos…” Por si fuera poco, Mejía sigue diciendo algo verdaderamente inverosímil: “Según las dos cartas que Abascal trata de que le lleguen al emperador Hiroito, la idea de la colonia sinarquista es ofrecer, por el contrario, una base militar en Baja California a las potencias del Eje en contra de los aliados”. Estas gravísimas afirmaciones carecen de todo sustento documental y del mínimo rigor de investigación histórica.

Continuará...

 

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