Lo que les espera a los Estados Unidos

Los demócratas, encabezados por Joe Biden, pretenden también acabar de una vez por todas con la pena de muerte que aún es vigente en algunos estados de la Unión Americana, como Texas.



LA ELECCIÓN

Oigo, a mi alrededor, una gran algarabía de contento y felicidad por el triunfo de Joe Biden y de Kamala Harris en la presidencia y vicepresidencia de los Estados Unidos, respectivamente. Aún más preocupante, para mí, es el júbilo por el triunfo del partido demócrata en los dos asientos en la Cámara de Senadores que estaban pendientes de resolver en el estado de Georgia. Con esto, Biden y Harris tienen el control total del Congreso (con el voto de calidad de Harris en el senado) y, posiblemente –ya veremos por qué– del poder judicial. La democracia, con todos sus errores y debilidades, no puede sobrevivir sin un auténtico sistema de pesos y contrapesos.

Ciertamente Donald Trump, y solamente él, es el responsable de la victoria demócrata; se puede decir que la reelección “se la perdió a pulso”. Su talante grosero y autoritario hizo temer a una parte de la población (los que se confesaban indecisos e incluso algunos republicanos) por sus instituciones democráticas. Sin embargo, el zafarrancho del día seis fue provocado por los demócratas, o, más directamente, por las redes sociales de Twitter, Facebook y otras, partidarias de la izquierda estadounidense. Me explico: Trump había reiteradamente expresado que la elección había sido fraudulenta. El mismo día 6 de enero, en su discurso, dijo de nuevo que la elección había sido “truqueada” y pidió a sus seguidores “marchar al Capitolio para hacer oír pacífica y patrióticamente sus voces”.

No deja de extrañar el hecho de que, sin importar el avance de los seguidores de Trump hacia el Capitolio, la seguridad de éste se relajó, por lo que tal parecía que los guardias invitaban a tomarlo, para tener la excusa perfecta para el juicio político contra el presidente, por “incitación a la violencia”. Sin embargo, frente a los actos de violencia y vandalismo que se produjeron en la “toma” del Capitolio, Trump envió un tuit –el último de su vida– para decirles a sus partidarios que reprobaba la violencia y que se fueran a sus casas pacíficamente. Curiosamente, ese mensaje fue borrado a los pocos minutos, para dejar la impresión (que es la que finalmente prevaleció) de que el presidente había incitado a sus partidarios a tomar la sede del Congreso norteamericano, sin intentar siquiera disuadirlos de tal cosa.

Estoy muy lejos de defender a Trump, pero tengo que señalar hechos que no han sido considerados por la ola de opinadores de buena fe –porque los de mala fe son los que manipulan o crean la información según su ideología–, que se han dejado llevar por la corriente que ha pedido a gritos la cabeza de Trump.

También extraña el hecho de que ante al asesinato de una mujer blanca –Ashli Babbitt y otras tres personas– por los policías que custodiaban el Capitolio, no hubo ninguna protesta de los medios de comunicación, ni siquiera los nombres de las otras tres personas, ni disturbios en las calles de las principales ciudades. Tal parece que “white lives no matter”. No me imagino el escándalo, si los muertos hubiesen sido de raza negra.

EL PROGRAMA

Por otra parte, en el campo de los vencedores, algunos de los prominentes miembros del partido demócrata han revelado ciertas acciones que tienen contempladas en los próximos 4 años, para poner distancia respecto a lo hecho por el Partido Republicano. La plataforma digital The Blaze, en su información del 6 y del 7 de enero, revela parte del programa del nuevo gobierno. La senadora Ocasio-Cortez, la vicepresidente electa Kamala Harris y otros miembros prominentes de ese partido dan a conocer dichos proyectos.

Entre las cosas muy buenas que proponen, está hacer realidad el Dream Act, es decir, darle certeza jurídica a los jóvenes inmigrantes indocumentados, que llegaron siendo niños, que han estudiado, la mayoría hasta la universidad, y que pueden ser de gran utilidad al país norteamericano. Ciertamente, con este acto se va a corregir una gran injusticia (empezada con Obama y continuada por los prejuicios raciales de Trump).

También está en el proyecto limitar o prohibir la venta de ciertas armas. No sé si el presidente Biden podrá contra la poderosa Asociación del Rifle, aliada de Trump, pero los escándalos provocados por los crímenes cometidos por jóvenes estudiantes en algunas escuelas de los EE UU, pueden ayudar a cabildear el tema con cierta ventaja.

Una propuesta que puede ser buena también, es la relativa al Climate Action, o “Justicia Climática”, que se refiere al impulso a las fuentes de energía limpias, todo esto a condición de que los demócratas no caigan en la trampa del “Green New Deal”, que es un proyecto de la extrema izquierda, léase de Bernie Sanders y compañía.

Ahora lo preocupante: los demócratas, encabezados por Joe Biden, pretenden también, cosa muy loable, acabar de una vez por todas con la pena de muerte que aún es vigente en algunos estados de la Unión Americana, como Texas. Este sería un acto que reivindicaría el derecho humano a la vida. Sin embargo, esta propuesta choca con otra, totalmente reprobable, promovida en su momento por Hilary Clinton en su campaña de 2016, y ahora retomada por Kamala Harris, que pretende ampliar el “derecho” al aborto hasta el término del embarazo. Por un lado, se pretende eliminar la pena de muerte, pero por otro se condena a la muerte, sin juicio previo, al más inocente e indefenso de los seres humanos, incluso, cuando ya está perfectamente formado. Ligado con este propósito de muerte, está la propuesta de reforma del poder judicial para promover solamente a jueces que ellos (los demócratas) llaman “liberales”, para lo cual pretenden ampliar el número de jueces federales y los de la Suprema Corte, para designar a los proaborto, y así contrarrestar la composición del poder judicial y de la Corte que, en este momento, y gracias a Trump, es mayoritariamente provida.

Para terminar, una anécdota relativa a la vicepresidente (a partir del 20 de enero) Kamala Harris, que la pinta de cuerpo entero: Resulta que Alveda King, sobrina de Martin Luther King Jr. –quien, como todo el mundo sabe, encabezó una lucha pacífica por los derechos civiles de los negros en los Estados Unidos en el siglo XX–, denunció a Kamala Harris por haber plagiado a su tío, según lo que ella misma narró en una entrevista reciente. Kamala –dice Alveda King– cuenta que “cuando era una niña pequeña, asistió con su familia a un acto de protesta en la ciudad de Oackland California, sentada en una carriola. En un momento dado, ella cayó de la carriola y dándose cuenta su mamá del hecho, muy preocupada, la levantó del suelo y le preguntó: ‘¿bebé, qué es lo que tienes, qué necesitas?’ A lo cual contesté, viéndola fijamente a la cara: “Fwee-dom”.

Alveda King establece un extraño parecido, muy improbable, a lo que su tío escribió en 1965: “Yo no olvidaré nunca –dice MLK– un momento en Birmingham cuando un policía blanco abordó a una pequeña niña negra de 7 u 8 años, que marchaba en una manifestación con su madre: ‘¿qué es lo que quieres?’ le preguntó el policía con un tono áspero, y la pequeña niña le contestó, viéndole directamente a los ojos: <<Fee-dom>>. Apenas lo podía pronunciar, pero ella lo sabía, fue muy hermoso”. Alveda King añade que Kamala no se parece en nada a su tío Martin Luther King.

“La visión del mundo de mi tío y de Kamala son totalmente distintas –le soltó al presentador de Fox Business Lou Dobbs, que la estaba entrevistando–, por ejemplo, Kamala piensa que es aceptable abortar bebés hasta los nueve meses, y mi tío no aceptaba que se matara bebés en ningún momento en el útero materno”.

Ya sabemos lo que les espera a los estadounidenses. Para mí, la llegada de Biden y de Harris no es motivo de júbilo sino de profunda tristeza. Tanto el “católico” Joe Biden como Kamala Harris son partidarios de la muerte. No hay democracia verdadera ahí donde no se respeta el derecho primigenio, fuente de todos los demás derechos: no el derecho a la vida, porque la vida, en el vientre materno, ya es y, en todo caso, lo que se debe proteger es el derecho a seguir viviendo.


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