Por qué Dios inventó a los abuelos

Cuando el abuelo te toma del brazo o se apoya en ti, y al caminar se encuentra a alguien conocido, fíjate bien en su expresión.


Abuelos


Los abuelos suelen venir en diferentes presentaciones. Los hay gorditos, delgados, con el cabello muy rizado y algunos pueden ser calvos.

Unos traen lentes y otros presumen de tener “mirada de águila”, aunque a veces te pidan leerles algún letrero... para probar qué tan bien sabes hacerlo.

No importa si fueron a la universidad o no. Todos son hombres muy sabios. Te dicen... te platican... y te hablan de temas tan diversos… Sobre todo, de esos que generalmente no se aprenden en la escuela.

Todos los abuelos poseen varias características en común: Siempre tienen tiempo para conversar contigo; para escudriñar los “misterios del cosmos” en una noche estrellada o mostrarte la conformación de las galaxias, que sólo has visto en un libro o en algún video de ciencia-ficción.

Lo mismo sucede cuando descubres con el abuelo un hormiguero, un nido de pajarillos silvestres, la ingeniería en la tela de una araña en el resquicio de una puerta o cuando tienes la suerte de mirar una crisálida.

Los abuelos tienen un software verdaderamente impresionante, pues la mayoría traen 450, 500, 600 o más gigas de memoria.

Y aunque a veces su turbo no es tan veloz como el tuyo para correr programas, tienen un floppy especial que siempre será compatible contigo.

Algunos abuelos no han navegado en la internet, pero son capaces de encontrar tu más secreto password. Sobre todo, en los momentos en que te sientes triste, frustrado, con el espíritu agotado y tu autoestima está en 286.

Es posible que a tus papás en algún momento los puedas engañar. Pero la relación con el abuelo no es formal. Es de una confianza que se gana día tras día. Por eso no es tan fácil traicionarlos.

Otros abuelos te dan “tips” para aprender a manejar. Y aunque lleven el corazón en la garganta –y una arritmia de percusionista cubano– después de la primera travesía contigo al volante, se bajarán del auto felicitándote, echándote porras y asegurando que “cada día lo haces mejor”.

El abuelo siempre será “el Abuelo” para ti. Y a pesar de que hagas la trastada más grande del mundo, el abuelo será tu más aguerrido defensor de oficio, el que cree en ti y está seguro de tu dicho.

Por eso, aunque lo tachen de “consentidor”, el abuelo seguirá la misma estrategia que desarma al más duro fiscal: ¿De qué te espantas?, dirá el abuelo con vehemencia. “A su edad, tú eras igual o peor”.

Papá refunfuñará con toda su fuerza y dramatismo. Pero al final comprenderá bien todo.

Por eso el abuelo te presume tanto. Cuando te toma del brazo o se apoya en ti y al caminar se encuentra a alguien conocido, fíjate bien en su expresión.

“¡Es mi nieto, y ya va a la Universidad!”

“¡Es mi nieta, y además de ser guapa y buena hija, ya cursa tal grado, con calificaciones excelentes”.

Observa las frases del abuelo. Lo dice su voz y lo refrenda el brillo de sus ojos.

Para él, siempre serás el mejor; el campeón y el tipo exitoso. Para el abuelo, siempre serás “la reina”, su ilusión, su orgullo y su esperanza en vida.

Seguro que Dios inventó a los abuelos para que el mundo de hoy, el mundo nuestro, se enriqueciera con la sabiduría de su experiencia.

 

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