Lo tuyo es capricho, sólo vanidad

La soberbia típica del tirano; haya sido Hitler o Chávez, Stalin o Evo; Maduro o Mussolini. Todos dejaron a su pueblo hecho guiñapos, en medio de la miseria, la destrucción y la desesperación.


Dos Bocas


Venciditas

Eventualmente, las decisiones presidenciales despiden un fuerte tufo de arrogancia incontenible. No es la razón del hombre de Estado, del político experimentado curtido tras 18 años de lucha que, al conquistar el poder, llega para demostrar con celeridad y puntería, que su proyecto político resuelve con eficacia las ingentes necesidades de nuestro pueblo.

Pareciera, en ocasiones que, de lo que se trata es de jugar a “las vencidas”, no para evidenciar la razón, la verdad y la eficacia de un esfuerzo de estado y de una visión política, sino de evidenciar que los adversarios, fifís, conservadores o machuchones, son unos estúpidos. El concepto de lucha es pírrico, carente de orientación y destinado probablemente al fracaso, sin un “plan B” ni reconsideraciones que valgan.

Se trata de estar en condiciones de torcer la realidad para que se ajuste a los deseos del mandatario. Y eso, en cualquier democracia, podría calificarse como la soberbia típica del tirano; haya sido Hitler o Chávez, Stalin o Evo; Maduro o Mussolini. Eso no importa. Todos dejaron a su pueblo hecho guiñapos, en medio de la miseria, la destrucción y la desesperación.

Veleidades

La nota de Claudia Guerrero en Reforma no deja espacios para la duda o la sospecha cuando menos.

Sin estudios en la mano, sin dictámenes, sin razonamientos técnicos ni estudios de factibilidad, la calificadora Moody’s fue descalificada por el mandatario y, de paso, los reporteros se llevaron un raspón en las críticas del mandatario.

Moody’s asegura que, si se insiste en la refinería de Dos Bocas, nos va a costar como 120 millones de bocas de los mexicanos, porque la obra superará los 8 mil millones de dólares, para situarse en una cantidad superior a los 8 mil millones de moneda norteamericana.

Regañiza a reporteros

Durante la homilía mañanera, el presidente le reprochó a los comunicadores que hayan destacándolo -ni modo, así es la pesca de “la nota” para el reportero- mucho más la opinión de Moody’s, que el endeudamiento -ahora se le dice elegantemente “firma de convenio”- donde se consiguieron 8 mil millones de dólares para inyectarlos al barril sin fondo e improductivo que resulta PEMEX para los mexicanos.

La santa agüe del escribano sostenía: “Eso es echarle dinero bueno, al malo”.

Empecinamiento

De todas formas, el presidente mexicano profetizó que la refinería costará eso y, que como ningún capital privado le quiso entrar porque en los términos presidenciales es completamente inviable, encargándole la construcción a los técnicos de PEMEX y a la maestra de obra doña Rocío Nahle, es casi seguro que se ahorrará algún dinero extra “pa’ lo que se ofrezca”.

Para el mandatario significa un reto. La idea es demostrar que los tecnócratas –-nuevo adjetivo- que gobernaron este país en los últimos 36 años, eran unos corruptos, ineptos, conservadores y fifís.

En consecuencia, la refinería de Dos Bocas quedará lista y rechinando de limpia en tres años, con lo que quedará demostrada la profecía presidencial.

Dos preguntas

La primera pregunta: Si la última refinería construida por PEMEX fue en 1970, con aquella histórica tecnología, ¿podrán lograrse los resultados con una tecnología de punta y una visión global como la que rechaza el mandatario?

La segunda: Si el expertisse de PEMEX no ha podido sacar a la dependencia –mal catalogada como empresa productiva del estado- del bache de mediocridad, de la falta de resultados de calidad, de la falta de competitividad, del endeudamiento bestial, de alcanzar una producción de excelencia capaz de competir en cualquier parte del mundo…

¿Es en serio que no excederán los costos de operación? ¿Aun sin proyectos serios y estudios de factibilidad… de verdad acabarán la refinería en tres años? ¿Quién garantiza que, dentro de ese plazo, no saldrán con más impuestos a pagar porque los conservadores neoliberales “le echaron la sal” a la construcción y como también hubo “mal de ojo” y vudú, la construcción va a costar más y se tardará otros dos o tres añitos más? ¿No será que lo suyo es capricho y pura vanidad?

 

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