Simbólicos simbolismos

¡Qué feo se siente! De verdad que el bicho es terrible. Peor que la administración de Bartlett en la CFE.



DESPUÉS DEL COVID

¡Qué feo se siente! De verdad que el bicho es terrible. Peor que la administración de Bartlett en la CFE, que valga compartirlo, hace un año en la casa del escribano se pagaban mucho menos por consumo. Ahora, el recibo de la luz llegó con un aumento del 300 por ciento. Así que, eso de que la luz –igual que el litio- es nuestra, no deja de ser un mero símbolo de ese nacionalismo decimonónico que tanto gusta al régimen actual. De ahí la cabeza de esta entrega.

LA DEFENSA SIMBÓLICA DE LA SOBERANÍA quedó en un sencillo y depauperado recurso en la vetusta jerga de Palacio cuando –como dice Raymundo Riva Palacio- muy pleitero y broncudo en las mañanas, para llegar dramáticamente dócil, sumiso y agachón frente a Biden.

En Washington no se abordaron –ni uno solo- de los reclamos ni las balandronadas que cada mañana dirigía al gobierno estadounidense; desde desmantelar la Estatua de la Libertad, pasando por Julian Assange y todas las groserías cometidas por el mexicano sin el menor asomo de vergüenza diplomática, Chico Che incluido.

Acabó pagando con creces, las descortesías y todo el lodo lanzado para entorpecer la Cumbre de las Américas. Biden le dio un trato de segunda mesa; al grado de que el norteamericano agradeció –esa fue la nota- al camarógrafo que, equipo en ristre, se fumó todo el soporífero y anodino discurso del macuspano, que, además, en todo momento, se encargó de verse mal, achaparrado, desaliñado y frágil.

Puede afirmarse que regresó con las manos vacías porque ni en el Jardín de las Rosas encontró “algo” para traerse al país. Porque dedicar la agenda a visitar monumentos, fue hacer “turismo político” Nada más allá. En efecto, deslavada y desangelada agenda. Irrelevante, pues. Pero, simbólicamente, la simbólica soberanía quedó impoluta.

Simbólicamente, el simbólico Tren Maya ya es un ecocidio en el nombre de la simbólica seguridad nacional. Nada más torpe, al más puro estilo de la depredación generalizada que esta administración realiza.

En expresión del filólogo urbano, don Enrique el Perro Bermúdez, el tema va del “dámela” y “te la presto”, para culminar en otro caprichito presidencial que recorre el mismo camino: la simbólica independencia del Poder Judicial vuelve a quedar –como dice un campirano amigo del escribano- en “un moco embarrado en la pared”; porque si a la simbólicamente independiente mayoría de Morena, no le alcanzan los votos para la gustada sección de complacencias de Palacio, al tabasqueño –además de seguir pegándole a Loret, a Riva Palacio, a Jorge Ramos y a los de la misma lista, entonces, el presidente ejerce el simbolismo del simbólico poder de generar un “decreto” y darle la vuelta a la Constitución.

Y si eso tampoco alcanza, todavía queda el maravilloso recurso de emplear la simbólica seguridad nacional para resolver cualquier controversia. Es decir, el caminito funciona.

En la misma línea política del simbólico caprichismo gubernamental (neologismo de reciente cuño) esta serie de posturas presidenciales lleva a los mexicanos a comprehender que la cantaleta de “acabar con la corrupción”, terminar con “la no impunidad” y “nadie por encima de la ley” –excepto la familia y los cuates más cercanos- también es algo simbólico meramente.

Algunos puntos de interés: A Serranía, simbólicamente la despidieron, para darle en seguida, un nuevo y mejor espacio. Por lo que toca a la investigación de la Línea Dorada del Metro, simbólicamente se han llevado las denuncia, protegiendo a las corcholatas que, simbólicamente contienden por el amor y la bendición presidencial.

A la hora de la hora, a Tatiana Clouthier se le va a hacer “bolas el engrudo” tratando de explicar a los inversionistas gringos, el simbolismo de Chico Che y la pitorriza presidencial que, seguro, llegará a México convertida en aranceles y sanciones económicas y comerciales, a las que se ha sumado ya, Canadá.

Por cierto, la simbólica Secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, simbólicamente hizo mutis en el conflicto de Tel Mex; y en el mismo caso se encuentra el simbólico embajador Moctezuma, que, con el pretexto del COVID, también se fue tras bambalinas.

Con la enésima ola de contagios, también desaparecieron las comparecencias del simbólico zar anti-bicho, el impresentable señor López Gatell.

Por todo ello, el amanuense simbólicamente se va.

 

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