Los noticieros de Rosa Icela

Casi todos los noticieros dedican una buen parte de su pauta a comentar las riñas, los asaltos, las balaceras, los pleitos de los cárteles por los territorios.



CON RAZÓN

En alguna oportunidad, escuché al sensato y hábil legislador Juan Carlos Romero Hicks sostener la máxima: “Cuando no se construye bien común, lo único que se construye es mal común”. Es una perogrullada que, a propósito de la participación de la secretaria de Seguridad en el desglose del Informe de Gobierno, vale la pena rebotar con nuestras bellísimas lectoras y amables lectores.

PRISIÓN PREVENTIVA JUSTIFICADA

Independientemente de que su estilista merece prisión preventiva justificada, la percepción del escribano es que doña Rosa Icela –cuando menos en los tres años recientes- no se ha subido a un microbús en Iztapalapa, ni tampoco ha caminado por las inmaculadas plazas públicas en Ecatepec, o ir de compras al tianguis de la colonia Buenos Aires de la capital.

Ni esperanzas de que la funcionaria haya sorteado las peripecias en Tula, Hidalgo, ahí donde los malandros se meten a la cárcel para sacar a un grupo de reos miembros del mismo cártel. Vagabundear por los municipios de Guerrero, Chiapas, Oaxaca o Tabasco, tampoco es probable.

Y es que, es facilísimo afirmar que todo va muy bien, que disminuyeron los delitos; que ya se acabó el huachicol, que los mexicanos ya no tenemos nada de qué quejarnos porque se vive igual que en Suiza, Dinamarca o Finlandia, mientras se viaja con escoltas armados hasta las caries y en vehículos blindados contra posibles ataques de ovnis… Finalmente, por eso mismo, mientras que otros países se insiste con medidas preventivas fuertes contra el COVID-19, versión 3,789, aquí se convoca a la raza de bronce a reunión magna en el Zócalo para que se vea por qué es “democrático”, amén de que el cubre bocas es voluntario.

NO VE LA TELE

A este amanuense le surgen varias preguntas: Es comprensible que doña Rosa Icela no se trepe en el Metro o en microbús; que no pase por las polvorientas y llenas de baches y fugas de agua. Se entiende. Pero, que no vea la tele, es incomprensible.

Se trata de ir más allá de “Ventaneando”, de “Venga la Alegría” o “Corazón Grupero”.

Casi todos los noticieros dedican una buen parte de su pauta a comentar las riñas, los asaltos, las balaceras, los pleitos de los cárteles por los territorios. Hay suficiente tiempo como ver una y otra vez los videos del ya clásico “¡Órale pasaje, ya se la saben. Celulares y carteras, pero de volada!”.

A este escribano le parece que la secretaria no se ocupa de tales menudencias.

Lo importante es el empleo de la hermenéutica ontológico-escriturística para que los neófitos entendamos de una vez, que la mejor estrategia es la de “abrazos, no balazos”, aunque para ello se tengan que manosear y “cucharear” las estadísticas.

La exégesis de la narrativa presidencial está por encima de lo que piense Carmen Aristegui, la “periodista conservadora”. Todo sea en el nombre de la popularidad, aunque se conmemoran tres años de proclamas populistas.

De esta misma forma, le vendieron al pueblo bueno y sabio que, la compra de Deer Park sería la panacea que nos llevaría al éxito atronador ante todo el mundo. El problema es que todo indica ya, que “siempre no”

En alguna oportunidad, invitaron a este amanuense a un panel en la tele. Y al moderador se le ocurrió abrir el tema preguntando a quien esto escribe, cómo se veían las cosas en estos tres años.

Una alegoría por respuesta: “Aquí, primero, se construye el edificio… si no se cae, se mandan a hacer los planos… y si se considera oportuno, se empiezan a pedir los permisos de impacto ambiental”.

 

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