La educación como dádiva

Cuando la educación de los mexicanos se vuelve una dádiva, el fracaso está profetizado.



POR LA ALCANTARILLA

Este escribano quiso ser más diplomático, porque cuando el efebo hijo de mis entretelas vio la nota, se apresuró a decir –aludiendo al inventor de un molusco-invertebrado-gaseoso denominado “Universidades del Bienestar”- que tal personaje era “como el Rey Midas, pero al revés; porque todo lo que toca lo convierte en estiércol”.

El debate se inició, faltaba más y al escribano no le quedó más remedio que reconocer la fuerza de la razón del hijo. La nota destaca muy bien los planteamientos (https://www.contrapesociudadano.com/docentes-de-universidades-para-el-bienestar-son-beneficiarios-sociales-por-eso-no-tienen-contratos) porque recoge las declaraciones de la mismísima titular, rectora, encargada de despacho o empleada de mostrador, doña Raquel de la Luz Sosa Elízaga que alguien, puso a contestar el teléfono (donde este avance tecnológico exista en los dichosos centros educativos del Bienestar).

DIÁFANA CLARIDAD

La personaja de marras aseguró al reportero que esas casas donde alguna cosa se debe estudiar, no funcionan como “Universidades”, es decir, como Alma Mater, Centros de Estudios Superiores o Claustros para la formación de jóvenes universitarios y en posgrado, sino “como un programa de subsidios”.

Si alguna de mis adorables lectoras y amables lectores tiene la gentileza de aclararme tal entramado epistemológico, lo vamos a agradecer.

Los elementos comentocráticos, vociferantativos y hablantosos surgieron de inmediato:

1. Como se trata de un “programa de subsidios” y no de una universidad, por lo mismo, NO SE CONTEMPLA LA CONTRATACIÓN DE DOCENTES.

2. El efluvio sigue: Si en tales universidades que no son universidades, no se contratan docentes, la pregunta obliga: Entonces, ¿quiénes imparten o impartirían algo, lo más semejante posible, a una clase? O, ¿puede dar clases cualquier humano que pueda pararse delante de un grupo?

3. En el intento de clarificar –al más puro estilo López Gatell- doña Raquel de la Luz, acabó por oscurecer y llenar de opacidad las cosas. COMO NO SON DOCENTES, entonces NO SE LES CONTRATA; y como no hay contrato, NO RECIBEN UN SUELDO O SALARIO, SINO UNA “RETRIBUCIÓN”, con cualquier cosa que este concepto llegare a significar. Habrá que informar a doña Luz que hay jurisprudencia de la Corte indicando que la existencia del contrato no es responsabilidad del trabajador, sino del patrón con el que se conviene.

4. Para amolarla de acabar, los docentes que no son docentes, están clasificados como “BENEFICIARIOS SOCIALES”, por lo que “sus ingresos no están sujetos a retención de recursos”.

5. Es decir, los sedicentes docentes-nodocentes-beneficiarios sociales, como no son sujetos de retención, pues TAMPOCO PAGAN IMPUESTOS DE NADA.

6. Como era de esperarse, los desconocidos docentes-beneficiarios se han quejado. Exigen –con toda razón- el reconocimiento de una relación laboral que desde luego existe; y en consecuencia, demandan el goce de las prestaciones de ley que, adicionalmente, “por el bien de México, primero los pobres”.

7. Los inconformes –de los que varios tiene estudios de posgrado; de esos que tanto detesta el presidente- acusan también una inveterada costumbre de sus patrones morenos: A los que se quejan los despiden de forma injustificada –igual que en el gabinete presidencial- de varias sedes en todo el país, como Aguascalientes, Baja California, Ciudad de México, Chiapas, Coahuila, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Puebla, San Luis Potos´, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

8. Para variar, y como ya se ha vuelto una tradición de la 4T, a pesar de los dos mil millones de pesos recibidos, las “Universidades del Malestar” –como muchas otras áreas de la administración federal- NO APRUEBAN LOS FILTROS DE TRANSPARENCIA.

9. En un reportaje de Dices, destacan varios puntos relevantes: Entre las 100 universidades-no universidades, tienen menos de 16 mil alumnos. Esto es, algo así como 160 alumnos en total por instalación. Todos becados. Diversos programas sociales disfrazados de universidades del Bienestar, de acuerdo con el reportaje en comento, no tienen validez oficial… nadie sabe cómo y cuál es el proceso de elección de los docentes-beneficiarios; tampoco es conocido el mecanismo de selección de los estudiantes y, por supuesto, nadie sabe ni conoce los gastos en infraestructura de los planteles. Opacidad es el nombre del juego.

10. El CONEVAL hizo un hallazgo relevante: hay instalaciones que no llegan a 25 estudiantes y otras más tienen menos de 5 docentes. El diseño de todo es desconocido.

11. Muchos lugares como estos, no podrán emitir títulos ni cédulas profesionales a los alumnos. ¿Usted se pondría en manos de un cardiólogo egresado de ahí?

Lo que es claro: Cuando la educación de los mexicanos se vuelve una dádiva, el fracaso está profetizado. Al tiempo.


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