Litio, otro monopolio para la 4T

Los monopolios estatales no son una fuente de ingresos netos para el gobierno, sino de pérdida de dinero y soberanía.



El litio es un metal ligero que se usa en la fabricación de baterías para autos, computadoras y celulares. Los países con mayores reservas son Bolivia, Australia y Chile.

El 2021, debido a que la venta de autos eléctricos, que funcionan con baterías, aumentó la demanda de litio casi al doble, 6.4 millones, según la consultora Rho Motion, su precio se incrementó en más de 400%.

Ese incremento fue determinante en la decisión del gobierno-empresario para monopolizar el litio. Ese monopolio, con el cuento de que garantiza “la soberanía nacional”, puede concesionarlo a empresas particulares o explotarlo mediante un nuevo monopolio estatal, que como Pemex y CFE perderá dinero y requerirá de fuertes inversiones, en una época que al gobierno le faltan recursos.

El cuento de que el petróleo y la electricidad son del pueblo y garantizan la soberanía, se lo quieren aplicar al litio. Las empresas privadas reciben de los monopolios estatales mexicanos petróleo, gasolinas y electricidad más caras y de peor calidad a la que ofrecen empresas privadas en EUA que ganan dinero.

Únicamente los socialistas que todavía creen en el capitalismo de Estado y los funcionarios que ven en otra empresa gubernamental una fuente de ingresos, les emociona la creación de un nuevo monopolio estatal, que de entrada viola el T-MEC, firmado con EUA hace menos de 2 años.

La burocracia que se beneficia con los ingresos de las empresas estatales, sin responsabilidad por sus pérdidas, tiene a su disposición un nuevo negocio, sin competencia, el cual es muy posible que corra la misma suerte que Pemex y la CFE: burocratización y corrupción, pero será lucrativo para quienes lo manejen en un mercado monopolizado, donde las pérdidas y las deudas las cubre el pueblo, y los ingresos los disfrutan, al igual que en PEMEX y la CFE, la burocracia que las dirige. Los monopolios estatales no son una fuente de ingresos netos para el gobierno, sino de pérdida de dinero y soberanía, al depender México cada día más de la importación de gasolinas y derivados del petróleo, que ofrece Pemex a sus consumidores a mayor precio al que las empresas privadas venden en EUA. Lo mismo pasa con la electricidad que vende la CFE a las empresas.

 

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