Educación familiar para la sociabilidad

 La educación familiar para capacitar a los hijos a establecerse en cualquiera de esos dos ámbitos, cuando sean adultos, tiene a su alcance infinidad de detalles que son trascendentes.


Valores y convivencia


El mundo necesita para su edificación dos puntos de vista complementarios. Es muy difícil considerar todos los aspectos y sus alcances, debido a que muchas veces en los grupos sociales nos hacen falta ciertas manifestaciones de las virtudes ante los recursos naturales que ofrece el entorno.

Por ejemplo, el ejercicio de la fortaleza se vive de diferente manera en un clima árido que en un clima con una vegetación exuberante. En el clima árido la fortaleza ha de ser constantemente emprendedora para transformar el suelo en un terreno donde se pueda sembrar, además de surtirlo del agua necesaria para recolectar frutos. También la fortaleza se ejercita investigando cómo transformar la tierra y qué productos pueden darse en ese clima.

En un clima exuberante la fortaleza se muestra resistiendo a la tentación de disfrutar de los ricos productos que la tierra ofrece, a toda hora y sin restricciones. En este caso se deben contemplar dos horizontes: el próximo y el amplio. En el próximo han de diseñar el modo de conservar y distribuir los recursos beneficiando a todos los lugareños. En el amplio, planear la distribución de los recursos para llevarlos a otros asentamientos humanos donde carecen de bienes semejantes.

La educación familiar para capacitar a los hijos a establecerse en cualquiera de esos dos ámbitos, cuando sean adultos, tiene a su alcance infinidad de detalles que son trascendentes. Uno es la repetición de la idea de que todos los bienes –pocos o muchos que tenga la familia– se han de compartir sin excluir a ningún miembro de tal familia. Si un hijo es más rápido y escoge lo mejor, los padres han de frenarlo y enseñarlo a compartir. Esto repetido una y otra vez deja huella. Más adelante se practicará con naturalidad.

Los dos puntos de vista complementarios, citados al inicio, son los del varón y el de la mujer. Se complementan porque si a uno le hace gracia la sagacidad de algún hijo, al otro no le impedirá que el cónyuge lo consienta, e intervendrá –cuantas veces sea necesario– para encaminarlo bien y para suprimir esas inclinaciones.

Dicho se ve fácil y simple, en el día a día se necesita atenta vigilancia, combinada con muchísimas otras responsabilidades laborales, sociales e incluso familiares. Los padres han de ayudarse a no caer en el “ya se lo dije, ya lo sabe”. La meta es lograr que lo haga, y no sólo una vez sino siempre porque ya se convenció.

Nunca, ninguna sociedad es perfecta porque está formada por personas que tampoco lo son. Por lo tanto, siempre habrá motivos para quejarnos pues sinceramente lamentamos las deficiencias. También podemos quejarnos porque preferimos nuestros modos de resolver los problemas. En este caso hay que aprender que las soluciones pueden ser muy variadas, y aunque no nos gusten las de los demás, en tal caso sí son eficaces y sí garantizan mejoras.

Cuando es legítimo presentar quejas es cuando las evidencias muestran que no se afrontan los problemas, ni hay jerarquía para solucionarlos, entonces se ha de hablar con claridad, con datos precisos y, mejor si se ofrece ayuda. Todo esto, se empieza a practicar en la familia. La familia es una especie de laboratorio a escala de la sociedad.

Si nos quejamos demasiado de nuestra sociedad, empecemos por revisar lo que hacemos en casa. Porque seguramente allí también nos quejamos; pero no pensamos que eso sí está en el ámbito de la propia responsabilidad, ante esas quejas hay que dar soluciones y ejecutarlas. Entre los padres pueden aparecer críticas y, la solución fácil es: nos separamos. Esto no ayuda a madurar sino a evadir problemas de la competencia mutua.

El mensaje a los hijos es inmediato: si los padres se separan los hijos también se irán, aprenderán a huir, a no ver que el presente se forjó en el pasado, que si hubo buenos indicios, deben permanecer y hay que recuperarlos y apoyarse en ellos para resolver los conflictos actuales. Confiar que en el pasado no carecíamos de reflexión. Urge recuperar las bondades que vimos y aplicarlas.

Estas actitudes proyectadas en la sociedad esconden semejanzas increíbles. Al elegir a un candidato, porque nos convencen sus promesas todo se ve bien, algo semejante a los que se unen para formar un hogar. Cuando transcurre el tiempo y no se llevan a cabo tales bondades y se aplican otras de las que no hubo anuncio y no nos gustan, aparece un problema y obviamente desilusión. Lo sensato es pedir el cumplimiento de las propuestas que nos gustaron, luego la justificación de lo demás y si no gusta, buscar otras soluciones hasta dar con la mejor. Lo que es injustificable es huir. Pues en una sociedad huir es no hablar a tiempo, no presentar propuestas a tiempo, no permitir proyectos que carecen de sustento, no colaborar como se sabe y se debe.

También en la familia se aprende a disentir y a corregir con fortaleza, pero con respeto. Una corrección no tiene por qué ser humillante o grosera. Tampoco se trata de anular a la otra persona al mostrarle sus errores, eso es infantil. La actitud acertada es la de tener la seguridad de que al mostrar a alguien un error, aprenderá a no volver a hacerlo, con lo cual ese peligro ya quedó zanjado.

Todos estos cambios de puntos de vista y de participación activa de los miembros de la familia, evitan ciertas maneras de asumir una autoridad que no les corresponde, sobre todo a quienes tienen un carácter fuerte o son rápidos para tomar atribuciones. Esto produce malestar por desordenar el ejercicio de las responsabilidades. También pueden ser un modo de orientar la autoridad legítima de los padres, que muchas veces tiende a apoyarse casi con exclusividad en alguno de los hijos sin tomar en cuenta las habilidades de los demás

Este modo de orientar la autoridad familiar capacita para detectar el incipiente o grave descamino de la autoridad civil. Es muy importante estar atentos ante el peligro del ejercicio del poder. Es una de las tentaciones más potentes en el ser humano y cuando se sucumbe acarrea grandes perjuicios a esa persona y mucho peores en los ciudadanos a su cargo. Salir de una tiranía derrama mucha sangre de inocentes, y mucho dolor para todos. Pongamos nuestros mejores esfuerzos en la familia e inmediatamente después en nuestro entorno social.

 

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