Divorcio

El amor en el matrimonio se multiplica en el amor a los hijos. Unos hijos que desean profundamente la unidad de su madre y de su padre.



Dos muestras de fidelidad son importantes para entender que el divorcio no es una solución de primera instancia. Isaac Albeniz y Gilbert Chesterton son dos personajes con carisma y muchos seguidores que pudieron mundanizarse, caer en la frivolidad y hacer alarde de conquistadores. Y eso no fue opción para ninguno de los dos.

Isaac Albeniz vive en las últimas décadas del siglo XIX y muere casi al terminar la primera década del XX. Compositor español que pasa temporadas en París, también en Inglaterra para empaparse de las tendencias musicales. El pronóstico pudo ser el de la vida bohemia. No lo dominó el ambiente, se impuso. Cuentan que un buen día llamó a su mujer, desde Francia donde llevaba varios días y le pide fuera a verlo porque se encuentra grave. Cuando él la recibió en el tren, lo encontró muy bien y le reclamó. Él sencillamente le dijo: me estaba empezando a enamorar.

Chesterton se enamoró profundamente de la joven que desposaría y ambos, siendo muy distintos se amaron profundamente. Sólo así se explica la profunda frase de Gilbert: quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen.

El divorcio en teoría resuelve los desajustes profundos de unos cónyuges. Efectivamente puede resolver los malos tratos, los abusos, los desprecios. Pero la herida interior permanece. El divorcio civilmente disuelve el matrimonio, pero el aspecto civil es insignificante respecto a todas las consecuencias del divorcio, no sólo en él y en ella sino en los hijos, en los miembros de la familia de ambos y en la sociedad. Se resquebraja la intimidad y se desajusta la sociedad.

Hay personas que tienden a la tragedia y ellas, aunque no se den cuenta, destilaran amargura y desencanto por todos lados y a quienes les rodean. Con esa actitud sembrarán el descrédito del matrimonio, así influirán, aunque no se den cuenta, en el desprecio de esa institución. Por lo tanto, el matrimonio ya no es opción y se verá sustituido por la unión a prueba. Con este tipo de uniones el tejido social ya no es tejido.

Las personas que tienden a la comedia hacen un show de su divorcio y pronto anuncian otro amor. Esto lo proclaman a los cuatro vientos y dan tema reiterativo en muchos medios. La careta de la comedia es mucho más rebuscada y con el paso de los años causa heridas desquiciantes.

¿Por qué es tan grave la destrucción de un matrimonio? Porque la esencia del matrimonio consiste en la unión de dos personas, pero el vínculo consiste en el regalo son sus propias personas. En otras relaciones se regalan unas horas del día para acompañar, para dar el fruto del trabajo o para divertirse. Y no es tan lamentable cuando alguna de las partes prefiere diferir la compañía o desechar el regalo.

En el matrimonio que se rompe se desecha a la persona. Esto cala hasta lo más profundo sin excluir ningún aspecto. Es un fracaso que no se compara con nada más, ni se repara con algo más. Es necesario reiterar: en el matrimonio el regalo es él para ella y ella para él. La ruptura del matrimonio es el desprecio de las personas.

Por el contrario, el matrimonio que se sostiene, a pesar de los problemas, da un sustento profundo porque el mensaje implícito es: tú vales en sí, eres lo que más importa, a pesar de todos los inconvenientes que nos suceden. En el fondo, con este planteamiento, cada persona se salva de ser náufrago.

Además, el amor en el matrimonio se multiplica en el amor a los hijos. Unos hijos que desean profundamente la unidad de su madre y de su padre. Ese anhelo al quedar frustrado deja una herida que distorsiona la opinión sobre el matrimonio y sobre la familia. Entonces es factible que descarten su importancia.

Es casi imposible que el divorcio de los padres no sea un mal grave para los hijos, Con frecuencia quedan traumas muy variados. Las dinámicas que generan las nuevas parejas de los padres divorciados con los hijos son desconcertantes. Por esa razón algunos jóvenes huyen, se van a vivir con amigos o conocidos. A veces hay fracaso escolar, otras veces hasta intentos de suicidio o alcoholismo y drogadicción.

Esas heridas en los niños y en los jóvenes, las ocultan por vergüenza o por miedo a las represalias. Esos sentimientos raramente se canalizan, por esta razón cuando son adultos, tienden a repetir los mismos errores. No quieren descalificar a sus padres, pero tampoco saben comportarse de otro modo

Consecuencias variadísimas y aumento del deterioro. Qué pocas veces encontramos a personas que fomentes la fidelidad. Ya no le importa a un varón intimar con una mujer casada, ni a ellas con hombres casados.

Para minimizar la gravedad de un divorcio, cuando alguien pasa por ese proceso, se anuncia que volvió a la soltería. Esta es otra característica de nuestro tiempo, diluir el sentido de las palabras. Así ya no se sabe si aquello es bueno, mejor, malo o peor. Porque puede dar lo mismo, impera el subjetivismo. Y así quién puede decir qué es moral o qué es inmoral.

Es innegable la existencia de matrimonios tormentosos que provocan grandes sufrimientos. Son casos donde sólo el divorcio es la solución. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el divorcio se ha convertido en la única solución, y se olvidan otras soluciones como la separación o la investigación sobre la nulidad del matrimonio.

La separación puede ser la solución y los casos están tipificados, pero los esposos saben que existe el vínculo matrimonial. La nulidad matrimonial es la investigación para demostrar la inexistencia del vínculo y por lo tanto no hay matrimonio, en este caso él y ella siguen siendo solteros, incluso aunque hayan procreado.

 

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