Reinventar la educación

La inseguridad ante la situación sanitaria todavía no resuelta conlleva varias dificultades, pero eso no debe quitar el entusiasmo y la vocación para educar.



Después de reinventar nuestra familia en esta época universal de la pandemia, hemos de reinventar la educación. Probablemente circunscribimos la educación solamente a la niñez y a la juventud. Pero también la educación hace referencia a los adultos. Éstos, aunque básicamente la hayan recibido, tienen un protagonismo irrenunciable, porque la educación no termina nunca.

Las nuevas circunstancias nos urgen a actualizar nuestra educación para resolver, del modo más adecuado, los retos del presente: a los padres una cercanía especial con sus hijos, especialmente con los que tienen una escolaridad formal a distancia desde el hogar. Esto facilitará enterarse de los contenidos que reciben sus hijos y de sus relaciones con los maestros y con la escuela.

Si se asumen del mejor modo posible las nuevas estructuras espacio temporales, será más fácil vivir la responsabilidad de captar el proceso educativo al que están sometidos los hijos y poner los remedios a las carencias que se detecten.

Hemos recorrido más de un año afrontando un fenómeno global, inédito y grave, aún sin soluciones convincentes. El Sumo Pontífice nos impulsa a mejorar nuestra postura, con las siguientes observaciones: “Más grave que esta crisis solo es la posibilidad de desperdiciarla, sin aprender la lección que nos da. Es una lección de humildad, que nos enseña la imposibilidad de vivir sanos en un mundo enfermo y de seguir como antes sin darnos cuenta de lo que estaba mal”.

Todos deseamos el mejor retorno a la escuela, pero el primer síntoma de las nuevas necesidades las tendremos en el respeto a las medidas y protocolos sanitarios, a la adecuación de los espacios y a las formas de protección personal y de los demás.

La actitud de todos los sectores ha de estar impregnada de solidaridad para colaborar advirtiendo posibles soluciones a problemas que pueden evitarse, y cuando algunos no previstos surjan, evitar las críticas y buscar el modo de apoyar para salir de esos eventos fortaleciendo la unidad. De este modo se responde a la urgencia de rehacerse los alumnos, las familias, los educadores, los directivos, el personal administrativo y las autoridades, el tejido social.

La experiencia tan impactante que todos hemos sufrido ha dejado secuelas importantes en la salud física y emocional. También el tipo de carencias ha dejado su huella. Por eso, tampoco todo puede ser igual, la nueva normalidad es diferente, muy diferente.

El regreso a la tarea educativa cuenta con docentes y alumnos que han compartido una misma experiencia. Esta con-naturalidad ha de verse como un gran apoyo para el reinicio de las labores. Compartir lo mismo nos asemeja, nos hace más comprensivos y empáticos. Lazos sumamente aprovechables.

Con estas disposiciones será más fácil afrontar los retos del regreso híbrido a lo presencial. Además, hemos de aprovechar las experiencias del sufrimiento para contrarrestar las tendencias al egoísmo con manifestaciones prácticas de servicio a los demás, de impulsar el afán de superación dando sentido a los sacrificios, de evitar el dejarse llevar por un plano inclinado descendente.

En la educación lo primordial son las personas, no las cosas. De allí la importancia de practicar las virtudes, de fortalecer las habilidades sobre las que apoyaremos nuestro sentido de colaboración y la aportación a la mejora del mundo circundante. La escuela no sólo brinda conocimiento, sino que forma personas que puedan integrarse plenamente en la vida de la sociedad.

Descubrimos la importancia de la salud emocional y de la necesidad de vincularla con la inteligencia y la voluntad. Palpamos la ayuda de la tecnología, en este aspecto la educación ha de enseñar a utilizarla como un complemento, que sin autocontrol puede atizar nuestra dispersión y con ello la falta de aprovechamiento ordenado y sano.

Como nuestro país presenta un mosaico de comunidades con muy diversos recursos, será conveniente pensar en dónde deben aparecer escuelas multigrado, y también recuperar el apoyo de la televisión, cuyo uso demostró ser muy favorable, mientras no se cuente con el soporte técnico adecuado.

De los docentes se esperan las mejores disposiciones para salvar la situación. De los padres y madres de familia también se espera lo mismo. Su capacidad de comprender los retos educativos se ha enriquecido con las experiencias de la educación a distancia en la que han tenido que acompañar a sus hijos.

En la reapertura de las aulas, será necesaria la paciencia y la fortaleza para recuperar el orden de los horarios, la secuencia de actividades, el sentido de los límites. Los educandos han perdido hábitos como la lucha contra el aburrimiento, contra las compensaciones y sobre todo con la incapacidad para la reflexión. Especialmente ardua será la tarea del uso equilibrado de los recursos electrónicos. Obviamente, el sector más golpeado es el nivel básico.

También habrá que afrontar desigualdades notorias dentro de las aulas. Habrá alumnos que tuvieron la conectividad adecuada y otros no. Habrá quienes contaron con espacios exclusivos para estudiar y otros no. Se harán más notorias las diferencias socioeconómicas.

Nos deben preocupar mucho más los sectores más vulnerables de la sociedad. Ellos necesitan urgentemente la escuela, y paradójicamente muchos la abandonaron para conseguir recursos imprescindibles para subsistir.

Hay otro ingrediente que nos acompaña: la inseguridad ante la situación sanitaria todavía no resuelta, lo que conlleva varias dificultades, pero que no deben quitarnos el entusiasmo y la vocación para educar.

Queremos el mejor modo posible de adaptar las escuelas, respetando las medidas y protocolos sanitarios. Por eso deseamos el apoyo de las autoridades para ayudar a planificar e implementar todo lo necesario para lograr las mejores condiciones.

Sin embargo, hemos de tener siempre presente que en el proceso educativo el más importante protagonista es el educando. Si asimila y practica los buenos contenidos siempre podrá aprovechar cualquier tipo de experiencia. En el caso del coronavirus el aprendizaje más importante nos señala la primacía de la colaboración entre los semejantes y la vulnerabilidad personal. Y, sobre todo la capacidad de superar los obstáculos. Todos somos educandos siempre.


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