Educadores, maestros, profesores: muchas gracias

La cultura es la herencia común y más noble que hemos recibido. Es necesario conservarla, valorarla y enriquecerla. La aportación que hagamos ahora será referente en el futuro.



Ya se habla de reiniciar las clases en las aulas y esto es una buena noticia, aunque también exige de todos nuestra mejor disposición. En todos se incluye a los padres solidarios con los educadores. Y padres y maestros unidos podrán ayudar con eficacia a los educandos, especialmente a los más pequeños.

En la educación, la materia prima son las personas y la meta es hacerlos más fraternos y más plenos, cada quien en el nivel correspondiente. Esa meta se alcanza mediante un proceso, y cada uno da un paso hacia adelante. Esta es la tarea más esperanzadora, en ella mejoran los padres y los maestros, así como los educandos.

Conviene detenernos en lo que ha sucedido durante el año y medio que ha transcurrido, en circunstancias inesperadas y dolorosas. Lo primero es decir gracias, gracias, gracias, por el apoyo de las personas del área de salud y de la educación. Gracias también por el comienzo de este año, que vuelve a ser de muchos desafíos. Por eso, en primer lugar, es necesario llenarse de esperanza y alentar a los demás. Si la educación es el acto más generoso, ahora es notoriamente imprescindible.

Además de mostrar los conocimientos básicos que sustentan los especializados para ejercer las tareas adecuadas, ahora es necesario mejorar la salud mental de las personas. Todos hemos sufrido, sin advertencia previa, el distanciamiento social, el aislamiento, la enfermedad totalmente desconocida, o el temor a enfermarse, la pérdida de muchos seres queridos sin poderlos consolar.

También, abruptamente variaron las condiciones de nuestros alojamientos y el hogar se convirtió en un espacio multifuncional, para todos los miembros de la familia, y en muchos casos sin los recursos materiales indispensables. Los estragos que observamos nos hacen ver la importancia de vivir nuestra sociabilidad en un entorno adecuado. Como se dieron serias carencias, las reacciones de gran parte de los seres humanos fueron de excesiva agresividad. Y así se agravaron los problemas.

La situación actual, a partir de los datos observados, nos muestran un cambio cultural y unas respuestas antropológicas muy importantes. Nos exigen una educación renovada, capaz de rehacer a las personas. Todos nuestros puntos de referencia han de incluir esta realidad inesperada.

El cambio de la presencialidad a la virtualidad tiene consecuencias, algunas ya se advierten, pero otras aparecerán. Este es un reto que si asumen los educadores -padres y profesores- con espíritu positivo, los primeros beneficiados serán los docentes. Tenemos la certeza de que educar es esencial, pero ahora es indudable para todos.

Más allá de los cómo, más allá de nuestros sistemas pedagógicos y de las metodologías, es necesaria la visión holística, la educación incide directamente en la transformación de la cultura. La cultura es la herencia común y más noble que hemos recibido. Es necesario conservarla, valorarla y enriquecerla. La aportación que hagamos ahora será referente en el futuro.

Las aulas variarán. El día a día nos dará las respuestas, aunque ya sabemos que seguiremos con espacios presenciales y también a distancia. En estos dos modos, es necesario recoger las experiencias de cada alumno y entender los efectos. Así afrontaremos certeramente esta nueva realidad. Este momento histórico requiere de una máxima creatividad, para trabajar con cada ser humano.

Si antes estaban incorporados a la vida de los niños y los jóvenes los datos obtenidos en los recursos tecnológicos, ahora este fenómeno resulta más acentuado. Esta realidad se ha incrementado, por lo tanto, es necesario enseñar a aprovechar sus beneficios, así como la importancia de no polarizarse, y de aprovechar otros medios.

Saber acudir a páginas veraces, y entender que estos recursos nos presentan la realidad de manera inducida, y es indispensable el contacto directo, cuando sea posible, e ineludible siempre la reflexión personal.

Las experiencias propias y las observadas en otros, durante este tiempo peculiar en que hemos vivido, si las verbalizamos, las compartimos y las analizamos, pueden provocar un enriquecimiento en el conocimiento personal y en el de los demás. Las nociones antropológicas resultarán más incisivas e incluso, nos ampliarán la capacidad de observar, comprender y aprovechar.

Se han documentado los siguientes asuntos experimentados durante la pandemia: dificultad para dormir, dificultad para concentrarse, problemas más acentuados en la salud física y mental, aumento de consumo de tabaco y/o alcohol y de otras sustancias, intolerancia. Si estos aspectos se analizan grupalmente, pueden facilitar el diálogo y prever modos de afrontarlos.

Por lo tanto, padres y educadores han de tener presentes los siguientes objetivos: reducir los desencadenantes de estrés; tener un horario para lo cotidiano. Limitar la exposición a los medios de comunicación, tantas noticias contradictorias sobre el COVID producen miedo y errores. Pero estar al tanto de las recomendaciones locales e internacionales.

En la escuela se han de propiciar investigaciones que sean suficientemente interesantes para ocupar en ellas no sólo el tiempo de estudio sino también el extracadémico. Esto puede ahuyentar pensamientos negativos que provocan ansiedad o depresión.

Fomentar los enfoques positivos, aplicar los valores morales y espirituales, así como las prácticas religiosas.

Valorar la sociabilidad con los seres queridos y la ayuda a los demás.


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