Los electores de los gobernantes

Es gratificante e importante ejercer plenamente las responsabilidades civiles para hacer posible la justicia, la libertad y el bien común.


Conocer a los candidatos


En México, la elección de los gobernantes está profundamente vinculada a los partidos políticos, ellos hacen la selección de un candidato y le apoyan durante la campaña en donde los contendientes exponen los proyectos para conducir el país durante los siguientes seis años. El pueblo finalmente acude a las casillas a votar por quien le parece más capacitado.

Cada país tiene su propio modo de elegir a sus gobernantes. En algunos países solamente hay dos partidos, en otros como el nuestro hay muchos más siempre que cumplan con algunos requisitos. Estos estilos son una manifestación espontánea del modo de ser de cada pueblo.

También, por desgracia, hay violaciones a los estatutos de cada partido, hay infiltraciones de personas que fingen adoptar los ideales de tal partido y solamente se hacen militantes porque ven un posible camino que les abra puertas para solidificar su carrera política. Este modo de proceder, como otros, desfiguran y confunden. Realmente estos modos de proceder desgastan la fuerza de esas instituciones y confunden a los ciudadanos. Por eso, hay que estar alerta para no dejarse engañar y caer en el escepticismo.

Como sabemos en este año habrá elecciones en muchos estados de la República y se espera nuestra participación bien informada. No votar es dejación de derechos. Al nivel personal dejar a otros que lo hagan también resulta otra muestra de corrupción.

Cada uno de nosotros formamos al pueblo que elige, y para elegir bien necesitamos tener conocimientos adecuados sobre los candidatos, y sobre las necesidades del pueblo. Es una responsabilidad que nos llama personalmente por tener el sistema democrático. Por eso, para hacer bien el papel que nos corresponde, estamos a tiempo para informarnos bien y votar con conciencia de las repercusiones futuras. No votar es equiparable a una traición a la patria. No informarnos bien, con quien sabe, es otro modo de traición.

Para elegir necesitamos saber la preparación, experiencia y desempeño que tienen los candidatos. Las convicciones que manifiestan sobre la vida, la dignidad de la persona, la familia, la educación, la economía, la justicia social. El respeto a la libre expresión de las creencias y costumbres de diferentes grupos, siempre que no alteren el orden y la paz.

Ceder y callar no es la solución, el respeto a las creencias es fundamental porque incide en la conducta ética. La neutralidad es cobardía, es falta de respeto a lo que se cree y a lo que creen los demás, y es también pesimismo porque no se concibe el verdadero respeto y la convivencia pacífica con los diferentes. Tal parece que se prefiere un repliegue hipócrita y una convivencia prendida por alfileres. Es necesario practicar bien respeto a los demás sin claudicar a los propios ideales.

Una relación que traiciona los propios principios, las creencias, las tradiciones, la historia, es un engaño y una debilidad impropia de un auténtico ciudadano.

Si cuidamos estos detalles y lo que cada uno vea prudente, estaremos dando pasos efectivos al combate de la corrupción y a los intereses partidistas que nos están asfixiando. Es necesario dar un giro y apuntar alto. Reducir el deterioro para reconstruir la paz, recuperar la confianza en los demás y asegurar las rutas de la honestidad, la ayuda mutua y la seguridad.

Un aspecto que no debemos olvidar es el de las desigualdades. Éstas siempre se darán. Contar con ellas es fuente de enriquecimiento. Aprendemos a ver que hay otros modos de afrontar y resolver los problemas.

Es necesario tomarnos con responsabilidad el conocer a los candidatos. Alguno triunfa. Si llega al cargo aquel por el que votamos, le hemos de acompañar y apoyar porque coincidimos en su proyecto. Pero también contar con que tiene deficiencias, y ante ellas hemos de mostrar fortaleza para exigir que rectifique y lo haga mejor.

Si sale alguien por quien no votamos, el conocimiento que adquirimos nos da lucidez para exigir aspectos concretos en los que debe mejorar. Esto es otra cara de la democracia, la población siempre ha de estar vigilante. De este modo se garantiza el respeto y la protección de los derechos fundamentales para todas las personas.

En conclusión, la población activa ha de estar alerta para impedir leyes opresoras, injusticias a grupos minoritarios, o tendencias dictatoriales que desfiguran el poder de los mandatarios.

No es fácil pero sí moralmente gratificante ejercer plenamente las responsabilidades civiles para hacer posible la justicia, la libertad y el bien común.

 

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