Morir con dignidad

La eutanasia es síntoma de desesperanza y de injusticia, por lo que es un fracaso social, impide la conducta ética y elimina la credibilidad en los profesionistas.



Es interesante observar la psicología del anuncio. Incorporan a una frase inicial, que promete algo grande, un contenido totalmente ideologizado, con la finalidad de conseguir unanimidad en las respuestas. Así logran una multitud conformada por personas de diversas posturas, que desgraciadamente no detectan la incongruencia de sus convicciones con la propuesta a la que se unen.

Los planteamientos buscan la rápida anexión de los adeptos para no dar tiempo a la reflexión e impedir el descubrimiento del verdadero sentido de tal planteamiento y los perversos fines perseguidos.

Todos deseamos vivir con la dignidad propia de la persona humana. También llegar a morir dignamente, pero aquí ya no hay claridad. Morir con dignidad se reduce a un planteamiento altruista, pero difícil de lograr en la práctica, porque no ven la relación entre la dignidad y alguien deteriorado, próximo a la muerte y, por eso, carente de las condiciones mínimas en los últimos momentos de su vida. Obviamente todos deseamos morir con dignidad.

Toman el camino fácil y eliminan la vida precaria con la eutanasia. Descartan la realidad de que el deterioro se puede vivir con dignidad, si se practican las virtudes adecuadas en esas circunstancias. Con una conducta así la persona provoca admiración y se prepara a morir con dignidad, sin hacer drama del despojo de la vida terrena.

Los argumentos en favor de la eutanasia están bien articulados y entonces confunden a personas que no están de acuerdo con este recurso. Antes de que éstas se den cuenta de lo que se encubre, rápidamente son bombardeadas con múltiples argumentos sentimentaloides, con lo cual consiguen adeptos que se involucran para defender lo indefendible. Emotivamente se exaltan y bloquean su razonamiento. Quedan cegados para advertir la degradación de lo que piden.

Gracias al acceso a la información, por los adelantos en los medios, fácilmente utilizados por todos y en cualquier sitio, nos damos cuenta de que a nivel mundial esta propuesta se repite. Los argumentos son iguales y las tácticas también. ¿No es extraño? Por qué si en cada país hay distintas prioridades, el aborto ocupa el primero en todos.

Ante esto, urge entender en qué consisten la dignidad y la eutanasia. ¿Verdaderamente se pueden equiparar?

La dignidad humana se debe a que toda persona ocupa el sitio más elevado por sobre las demás criaturas. Tiene la tarea de administrarlas, posee las capacidades para ello. Aunque pueden darse casos de personas que por algún motivo tuvieran una incapacidad y no pudieran realizar su tarea, esas limitaciones no les quitan la dignidad, nunca dejan de pertenecer a su rango.

Esto explica por qué nunca se pierde la dignidad, aunque les alcance algún accidente, o aparezca una enfermedad degenerante o cumplan muchos años. La tristeza que produce a los demás darse cuenta de tales pérdidas no justifican el recurso al aborto.

Desgraciadamente, la sociedad contemporánea solamente admite dignidad en personas bien dotadas físicamente, triunfadoras, llamativas. A las demás les recetan la muerte. Se olvidan de que toda vida humana vale la pena vivirla.

Hay personas jóvenes con vitalidad, con madurez, audaces pero no imprudentes, cuyo trabajo da muy buenos resultados, y con buenas relaciones familiares y sociales. Estos casos siempre son resultado del aprovechamiento de la educación y del esfuerzo personal. Practican variadas virtudes como la fortaleza para arrostrar retos, la paciencia para ser oportunos, la cordialidad para apoyarse en otras personas, la justicia para ser equitativos, la alegría para sobreponerse a problemas o para disfrutar los éxitos.

Esa es una vida digna, hay integración personal y social. Además, vivir así solidifica los hábitos buenos, y estas personas están inclinadas a continuar con esas virtudes a lo largo de su vida. También cuando aparece el deterioro. Sin embargo, en la última etapa, requieren de la ayuda de quienes les acompañan, para alentarlos en la práctica de las virtudes, para sobrellevar dignamente las pérdidas que necesariamente se dan. Aquí caben los cuidados paliativos.

Los cuidados paliativos son múltiples. Unos consisten en prestar servicios cotidianos, otras veces serán cuidados especiales con la ayuda de expertos. Aplicados con paciencia y oportunidad, impulsan y mantienen el buen ánimo, y fomentan el agradecimiento. Con los cuidados paliativos se practica la solidaridad de un modo muy alto, pues se ayuda a los vulnerables a ser virtuosos en la última etapa de la vida.

La eutanasia es síntoma de desesperanza y de injusticia. Falta la esperanza porque se descarta el afán de superación en las personas vulnerables. Es una injusticia porque se niega la ayuda a quienes la necesitan, y porque a los profesionistas del campo de la salud que se oponen a la eutanasia les obligan a esa práctica. La eutanasia es un fracaso social, impide la conducta ética y elimina la credibilidad en los profesionistas.

Los cuidados paliativos no han de dirigirse solamente a los aspectos corporales. Si se abren a lo espiritual, prestarán una ayuda mucho más profunda y meritoria a quienes los necesitan. Esto incrementa la seguridad en sí mismo y el convencimiento de que en esas condiciones hay un campo de superación y de ejemplaridad. La persona nuevamente palpa su capacidad y su dignidad. Así se practica la responsabilidad moral de cuidar a nuestro prójimo, especialmente a los más deteriorados. La vida humana en sí vale siempre.

 

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