¿Cómo se consolida el amor en el matrimonio?

¡Qué gusto me da observar las fotografías de familias numerosas con los abuelos ya mayores, los hijos y los numerosos nietos!


Matrimonio


El amor entre los esposos no se improvisa ni germina por “generación espontánea”. Es una labor que se va consolidando día con día. Con paciencia, con cariño. Está construido a base de cosas pequeñas buscando “estrenar” ese afecto cotidianamente.

¿Cómo? Decirle, por ejemplo, a la esposa un “te quiero” no mecánicamente sino con el corazón. Continuar teniendo los mismos detalles de servicio como cuando eran novios: acercarle la silla en la mesa de un restaurante; elogiarle algún éxito profesional o cómo la quedó la comida; si llevan un vestido apropiado y elegante; si alguno de los dos está preocupado por una importante reunión de trabajo infundirle confianza y seguridad. Aprender a comprender al otro cónyuge cuando está aparentemente inexpresivo porque se encuentra con un malestar estomacal o con un fuerte resfriado; pasar por alto roces sin trascendencia. En estos ejemplos estoy considerando que ambos esposos tienen su respectivo quehacer profesional.

De esta manera, nos percatamos de que el matrimonio también es “un trabajo” que tiene retos y desafíos. En primera instancia, para mantener la unidad de los dos; luego el crecer en virtudes; renovar los compromisos adquiridos y estar pendientes de la formación de los hijos.

Es frecuente escuchar en algunos esposos la queja de que “se les ha pasado el entusiasmo y el afecto”; “que han perdido la ilusión de la primera vez” y llegan a una nefasta conclusión: “Este ciclo ya se cerró”, es decir, que lo mejor es separarse o divorciarse.

Y es que la unión matrimonial no debe estar cimentada en “sentimentalismos” o consuelos sensibles ya que eso es muy voluble y poco consistente. Para que sea una relación firme y bien determinada debe estar fundamentada en la razón, la voluntad y la libertad. De tal manera que cada esposo pueda decir en los momentos de prueba: “Precisamente porque te quiero, ejerzo mi voluntad para quererte libremente cada vez más, aunque me moleste este detalle tuyo”. Independientemente que se le ayude al cónyuge a corregirse en ese defecto concreto.

De ahí que la fidelidad entre los esposos no debe de tener una connotación negativa o peyorativa. ¡Todo lo contrario! Les ayuda a madurar como cónyuges y contribuye a la felicidad de los hijos.

¿Qué detalles pueden contribuir a estrechar esos lazos de afecto? Salir solos a cenar, al cine o hacer deporte juntos con cierta periodicidad; cuidar los momentos para planear la educación de cada uno de los hijos y de qué manera concreta ayudarles; manifestarse mutuamente el cariño sin sequedades o inhibiciones; hacer una lista de las cosas buenas que tiene el otro cónyuge para cuando aparezcan las pequeñas fricciones; darles especial atención a los familiares enfermos y más necesitados.

¡Qué gusto me da observar las fotografías de familias numerosas con los abuelos ya mayores, los hijos y los numerosos nietos! Esos inolvidables rostros de felicidad lo dicen todo: que sí es posible ser fieles hasta la muerte; que cada hijo y nieto son frutos vivientes de su gran afecto y cariño. Y con naturalidad dan un admirable ejemplo a otros matrimonios para imitarles en su camino de amor.

 

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