La despenalización del aborto significa licencia para matar a un inocente

Si no se respeta el derecho a la vida que tiene todo ser humano, entonces se pondrían en peligro sus demás derechos y perdería todo valor la vida humana.



El pasado 7 de septiembre la Suprema Corte de Justicia declaró que es inconstitucional penalizar el aborto y que cada mujer puede decidir abortar cuando le plazca. El Ministro Luis M. Aguilar afirmó que “Nunca más una mujer deberá de ser juzgada penalmente (por abortar)”.

Me vinieron a la mente las letras de un par de canciones del Premio Nobel de Literatura 2016, Bob Dylan. Una es su melodía “Licencia para matar” en que dice:

El hombre piensa que porque gobierna la tierra /
puede hacer lo que le plazca/.
Y si las cosas no cambian pronto, lo hará. /
¡Oh, el hombre ha inventado su perdición! /

Y en la canción “Señores de la Guerra” también afirma:

Ustedes han sembrado el peor de los miedos /
que jamás se hayan lanzado; /
el miedo a traer hijos al mundo. /
Han amenazado a mi bebé /
cuando todavía no ha nacido /
y ni siquiera tiene un nombre. /
Y es porque ustedes no valoran /
la sangre que corre por sus venas. /

Sin duda, el 7 de septiembre quedará en la historia de nuestro país como un día de luto nacional porque se ha dado carta abierta para que las mujeres destruyan al hijo que llevan en sus entrañas. Es como una declaración de guerra de los mexicanos fuertes en contra de ciudadanos indefensos e inocentes.

Considero que los Ministros de Suprema Corte no se han percatado a fondo de las dimensiones trágicas de esta decisión que han tomado. Porque el hecho de que un matrimonio conceda la aprobación para que un médico destroce la vida de su propio hijo, con plena predeterminación, alevosía y ventaja, es una decisión monstruosa.

Esto tiene tremendas consecuencias: el acostumbrarse a matar y pensar que por ser legal, es lo correcto; o sea, que está bien hecho. Las generaciones venideras no valorarán la vida humana ni de los no nacidos. Curiosamente nos horrorizamos de los sacrificios humanos que se practicaban en algunas culturas prehispánicas de nuestro continente. Pero estos abortos que se practican diariamente en muchos países del mundo –como no son “noticia”- permanecen en el anonimato. Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de la civilización actual y en la que existe una “conspiración del silencio”.

¿A este suceso del 7 de septiembre se le llamaría una “decisión políticamente correcta” en la impera “la apertura de mente” y la “postura vanguardista” como lo han hecho en otros países?

Siempre me ha parecido una manipulación terminológica la frase “interrupción legal del embarazo”. Porque bajo el pretexto que es “legal”, es válida cualquier aberración. Siguiendo con esa macabra lógica, podríamos continuar con la “interrupción legal de la vida del anciano”; “interrupción legal de la vida del enfermo terminal”; “interrupción legal de la vida del demente”; “interrupción legal de la vida del ladrón”; “interrupción legal de la vida del corrupto y delincuente” y así sucesivamente.

Es bien sabido, que existen instituciones, a nivel nacional, que se ocupan de brindar ayuda gratuita a la mujer embarazada tanto en el aspecto ginecológico como en el psicológico; y les proporcionan techo, comida y les enseñan modos de ganarse la vida como cursos de computación; se preparan para trabajar en un salón de belleza; también aprenden corte y confección o a cocinar bien, etc. Y permanecen en los albergues hasta nace el bebé. ¿Por qué entonces escoger la vía más cruel y sanguinaria?

Si no se respeta el prioritario derecho que tiene todo ser humano, como es el derecho a la vida, entonces se pondrían en peligro sus demás derechos y perdería todo valor la vida humana. Con cualquier excusa se podría asesinar a una persona, como ocurrió durante la Revolución Francesa con la guillotina de Maximilien Robespierre en la llamada “época del terror”; o en los tiempos de Joseph Stalin con sus temidas “purgas” en las que murieron millones de personas.

Y es que algunos grupos radicales quieren imponer “la cultura de la muerte”, pero hemos de sembrar de nuevo, y sin desalentarnos, “la cultura de la vida” porque somos millones de ciudadanos en todo el mundo los que amamos profundamente la vida humana. Concluyo con una frase que repitió en innumerables ocasiones el Dr. Jeróme Lejeune afamado médico pediatra francés e investigador genetista: “Abortar es matar, aunque el cadáver sea muy pequeño”.


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